Modric brilla en Milán a los 40 y el Madrid cuestiona su marcha

El croata lidera al Milán en minutos y rendimiento mientras el Real Madrid sufre su ausencia en el centro del campo y el vestuario

Luka Modric, a sus 40 años, está viviendo una segunda primavera futbolística en Italia que desafía todas las expectativas. Lejos de contemplar su retirada, el croata se ha convertido en el pilar indiscutible del Milán de Massimiliano Allegri, acumulando más minutos que cualquier otro compañero en la Serie A. Esta realidad contrasta vivamente con la decisión que tomó el Real Madrid de no renovar su contrato, una elección que hoy genera debate dentro del vestuario blanco.

La llegada de Modric a San Siro se produjo tras trece campañas inolvidables en el Santiago Bernabéu, donde se convirtió en leyenda: Balón de Oro en 2018 y futbolista con más títulos en la historia del club, 28 en total. Sin embargo, la directiva madridista optó por dar por finalizada su etapa antes de la incorporación de Xabi Alonso como entrenador, convencida de que el centrocampista ya no podía asumir un rol protagonista a nivel físico.

Nada más lejos de la realidad. En lo que va de temporada, Modric ha sido titular en las quince jornadas de la Serie A, completando los noventa minutos en trece de esos encuentros. Solo ha abandonado el terreno de juego en dos ocasiones, en el minuto 74 y 81 respectivamente. Con 1.325 minutos acumulados, supera incluso a Mike Maignan, el meta rossonero que se perdió un partido por lesión. Es el jugador más utilizado por Allegri, un dato que resulta especialmente llamativo si consideramos la edad del futbolista.

El rendimiento físico de Modric desmiente cualquier pronóstico sobre su supuesto declive. A finales de diciembre, ya ha disputado casi las mismas cifras que en su última temporada completa con el Madrid en LaLiga, donde registró 1.820 minutos. Si mantiene este ritmo, superará holgadamente esa marca antes de que concluya la campaña italiana. Su secreto parece estar en una preparación meticulosa que incluye sesiones de recuperación personalizadas, una alimentación estricta basada en nutrientes específicos para la recuperación muscular, y una mentalidad ganadora que le permite mantenerse a la altura de futbolistas diez años más jóvenes. Sus propias palabras reflejan esta sensación: «Yo me siento bien, me gusta lo que hago. Me encuentro bien física y mentalmente, me estoy divirtiendo y todo está saliendo bien. Espero seguir así».

El croata también ha destacado las diferencias entre ambas ligas: «El fútbol italiano es diferente al español, pero es una liga muy competitiva. Desde fuera quizá no se aprecia lo difícil que es. A mí no me ha sorprendido porque siempre lo he seguido». Esta valoración pone de manifiesto su capacidad de adaptación y su conocimiento previo del calcio, algo que le ha permitido integrarse de forma inmediata en el esquema de Allegri. La Serie A, conocida por su táctica rigurosa y su intensidad defensiva, no ha supuesto un obstáculo para un jugador acostumbrado a los grandes desafíos.

Desde el punto de vista estadístico, las cifras de Modric son igualmente contundentes. Ha anotado un gol y ha proporcionado dos asistencias, pero lo más relevante es su rating según la plataforma WhoScored: un 7,12 de media que le sitúa como el quinto mejor centrocampista de toda la Serie A. Solo le superan Nico Paz, el canterano del Real Madrid que brilla en el Como, Hakan Calhanoglu del Inter, Frank Anguissa del Nápoles y Nicolo Barella, también del Inter. Esta posición entre la élite del fútbol italiano demuestra que su calidad no ha decaído.

Esta valoración resulta especialmente significativa cuando se compara con el rendimiento de los mediocentros actuales del Real Madrid. Ninguno de ellos alcanza el rating de Modric salvo Jude Bellingham, que registra un 7,25. Ni Aurélien Tchouaméni (6,97), ni Arda Güler (6,89), ni Federico Valverde (6,75) ni Eduardo Camavinga (6,74) consiguen superar las cifras del veterano croata. Esta brecha numérica refleja un problema real en la sala de máquinas del equipo blanco.

Aquí reside la gran paradoja del conjunto blanco. Mientras el Milán compite de tú a tú con Inter y Nápoles por el liderato de la Serie A con Modric como eje vertebrador, el Real Madrid atraviesa dificultades evidentes en la construcción de juego. La salida del croata ha dejado un vacío difícil de cubrir, no solo desde el punto de vista técnico, sino también en el liderazgo dentro del vestuario. Los problemas para generar juego asociativo, proteger la pelota en zonas clave y mantener el control de los partidos son evidentes en los encuentros de alto nivel, donde la falta de un mediocentro con experiencia se hace más patente.

El rol de Modric como referente veterano era fundamental en la dinámica del grupo madridista. Según fuentes cercanas al vestuario, el croata formaba parte de un trío de jugadores experimentados que establecían las normas y velaban por que la plantilla no se desviara del camino correcto. Junto a Dani Carvajal y Lucas Vázquez, Modric ejercía de ancla emocional y de garante de la cultura ganadora del club. Carvajal se marchó al Bayer Leverkusen, Lucas Vázquez está lesionado, y Modric ahora brilla en Milán. Esta triple pérdida ha dejado al vestuario sin sus pilares de referencia, creando un vacío de liderazgo que no se ha podido cubrir con la llegada de jugadores más jóvenes.

Esta triple pérdida de referentes ha impactado directamente en la cohesión del grupo. Aunque en la cúpula del club se argumenta que los minutos que Modric acumula en Italia serían inalcanzables en el Madrid, dentro del vestuario hay quien considera que su presencia, aunque fuera más limitada en el campo, habría sido crucial para mantener la estabilidad en una temporada de transición. La experiencia en partidos decisivos, su capacidad para transmitir tranquilidad a los más jóvenes y su ejemplo en los entrenamientos son intangibles que no se miden en minutos pero que tienen un impacto real en el rendimiento colectivo.

La decisión de no renovar a Modric se tomó antes de la llegada de Xabi Alonso, lo que sugiere que la dirección deportiva tenía un plan diferente para la reconstrucción del equipo. Sin embargo, los problemas actuales en la medular ponen en cuestión esa estrategia. El Madrid ha echado de menos la visión de juego, la calidad en el pase y la experiencia del croata en momentos clave. La presión alta, la pérdida de balones en zonas peligrosas y la falta de control son síntomas de la ausencia de un mediocentro con su perfil. Los partidos contra rivales de entidad han dejado al descubierto estas carencias.

El rendimiento de Modric en Milán no es solo una cuestión física, sino de inteligencia futbolística. Allegri le ha entregado las llaves del centro del campo porque sabe que puede gestionar el ritmo del partido, proteger la posesión y tomar decisiones acertadas bajo presión. Su capacidad para leer el juego, anticiparse a los movimientos del rival y distribuir el balón con precisión son cualidades que el Madrid necesita urgentemente en estos momentos. No se trata de correr más, sino de correr inteligente, de saber dónde posicionarse y cuándo acelerar o frenar el juego.

La situación recuerda a otras despedidas controvertidas en la historia reciente del club, donde la apuesta por la juventud y el recambio generacional ha chocado con la realidad de la falta de liderazgo. Modric, lejos de declinar, ha demostrado que aún tiene mucho que ofrecer al máximo nivel. Su caso es similar al de otros veteranos que han prolongado su carrera con éxito en ligas exigentes, demostrando que la edad es solo un número cuando la calidad y la preparación son óptimas. La clave está en saber gestionar los recursos y adaptar el rol del jugador a sus capacidades.

A medida que avanza la temporada, la contradicción se hará más evidente. Cada partido completo de Modric en Milán será un recordatorio para el Madrid de lo que dejó escapar. No se trata solo de minutos, sino de la esencia de un jugador que ha definido una era y que aún tiene fuelle para seguir compitiendo. La pregunta no es si Modric podía seguir en el Madrid, sino si el Madrid podía permitirse perderlo, tanto en el terreno de juego como en el vestuario.

El futuro dirá si la decisión del Real Madrid fue acertada a largo plazo, pero lo que es indiscutible es que Luka Modric, a sus 40 años, sigue siendo un futbolista de élite. Su historia en Milán está siendo el epílogo que pocos esperaban, pero que él mismo siempre creyó posible. Y mientras tanto, en el Bernabéu, algunos se preguntan si no se precipitaron en despedir a un referente que aún tenía mucho que dar. La lección es clara: en el fútbol moderno, la experiencia y la calidad pueden ser más valiosas que la juventud sin madurez, y el balance entre ambas es la clave del éxito.

Referencias

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