La Supercopa de España volvió a regalar un capítulo memorable del eterno duelo entre FC Barcelona y Real Madrid. En esta ocasión, el escenario de Yeda presenció un nuevo triunfo culé con sabor canario, donde Pedri y Raúl Asencio se convirtieron en los protagonistas principales de una noche vibrante. Mientras el centrocampista tinerfeño volvió a demostrar por qué es considerado el cerebro del equipo azulgrana, el joven defensa grancanario sorprendió con su presencia en el once inicial merengue, desempeñando un rol que no le es propio pero del que salió bien parado.
La decisión de incluir a Asencio como titular generó cierto debate previo, pero el canterano madridista demostró estar a la altura. La alineación del Real Madrid incluyó al grancanario como lateral derecho, posición que ya había ocupado en alguna ocasión aunque no es su zona natural. Precisamente por esa banda se gestó el duelo particular entre canarios, ya que Pedri se posicionó de forma más escorada hacia el sector zurdo, buscando la conexión constante con Raphinha y Alejandro Balde. Esta triangulación se convirtió en una de las principales amenazas para la defensa madridista durante los primeros compases, creando constantes situaciones de dos contra uno que inquietaron a la zaga blanca.
La presión adelantada del Barcelona surtió efecto desde el pitido inicial. Asencio evidenció dificultades en la construcción desde atrás, algo lógico al no ser su especialidad, pero se mostró sólido en los duelos individuales y en las tareas defensivas. Sus primeros enfrentamientos con Raphinha terminaron con el brasileño neutralizado, demostrando que su fortaleza radica en la entrega y el compromiso. Mientras tanto, Pedri tejía su particular tapiz de pases, preciso y casi quirúrgico en cada envío. Su visión panorámica le permitió dictar el tempo del encuentro, aunque el Barcelona insistió más por la banda contraria, donde Lamine Yamal generó constantes peligros y provocó la amarilla a Carreras tras una dura entrada que evidenció la dificultad para frenar al joven extremo.
El desequilibrio llegó cuando el Madrid se vio obligado a replegarse más de lo deseado. Los espacios aparecieron para los azulgranas y la espalda de Asencio se convirtió en un objetivo prioritario. Aurélien Tchouaméni intentó cubrir esas bandas, pero la movilidad del ataque culé resultó demasiado eléctrica. La jugada del primer gol nació de una pérdida de Jude Bellingham en zona de creación, lo que desató el contraataque que terminó con Raphinha batiendo la portería blanca con un disparo cruzado que dejó sin opciones al guardameta.
La respuesta madridista no se hizo esperar. Vinícius Júnior, con su desborde característico, igualó la contienda con un gol de alto voltaje que devolvió la tensión al encuentro. El brasileño aprovechó un error en la salida de balón del Barcelona para batir al portero con un disparo raso y potente. Sin embargo, Pedri volvió a tomar las riendas. Con ese guante que caracteriza su juego, el tinerfeño filtró un pase magistral al desmarque de Robert Lewandowski, quien no perdonó ante la salida del portero. La asistencia volvió a demostrar que cuando el canario está en forma, su pie derecho funciona como un GPS perfectamente calibrado, capaz de encontrar a un compañero en cualquier espacio reducido.
Antes del descanso, Gonzalo García -seguramente se refiere a Güé- aprovechó un balón suelto en el área tras un córner para establecer el 2-2, dejando todo abierto para la segunda mitad. En ese intercambio de golpes, Pedri ganó la batalla particular a Asencio, no por calidad sino por la importancia de su función dentro del esquema de Hansi Flick. El técnico alemán había diseñado un plan perfecto para explotar las debilidades del rival, y su pupilo tinerfeño era el ejecutor principal.
La reanudación trajo más intensidad y el esperado encontronazo entre ambos equipos. El Madrid salió con más ímpetu, consciente de que necesitaba arriesgar para doblegar la defensa culé. Asencio, por su parte, mantuvo su nivel de entrega, cubriendo huecos y cerrando espacios por su banda. La oportunidad más clara para los blancos llegó en el descuento, cuando un centro medido de Toni Kroos encontró la cabeza del grancanario, pero su remate se marchó desviado por poco. Ese fue el último suspiro de un Madrid que volvió a quedarse sin el título, sumando otra frustración en su particular sequía de trofeos.
El pitido final confirmó la victoria barcelonista y consolidó a Pedri como uno de los mejores centrocampistas del mundo. Su capacidad para leer el juego, asistir y controlar el ritmo resultó decisiva. Por su parte, Asencio demostró que puede rendir a buen nivel en posiciones alternativas, aunque su futuro probablemente esté en el centro de la zaga. Los dos canarios dejaron el nombre de las islas en lo más alto del fútbol español, cada uno a su manera: uno con la magia en los pies, otro con corazón y entrega. Su presencia en una final de tal magnitud sirve de inspiración para la próxima generación de futbolistas de las Islas Canarias.