La galette des rois conquista Zaragoza: tradición francesa todo enero

Le Petit Croissant y su propietaria Anne-Laure Romeuf popularizan esta delicada versión francesa del roscón en la capital aragonesa

La tradición de la galette des rois ha encontrado un hogar inesperado pero acogedor en las calles de Zaragoza. Mientras que en España el roscón de Reyes domina las mesas familiares el 6 de enero, una versión gala del mismo festejo se ha extendido durante todo el mes en la capital aragonesa, gracias al empeño de una pastelería concreta y la visión de su fundadora.

La galette des rois, cuyo nombre literal significa "galleta de los reyes", constituye la interpretación francesa de la celebración epifánica. A diferencia de su prima española, esta delicia se compone de un hojaldre crujiente que envuelve un corazón de crema de almendra conocida como frangipane. La receta, que se remonta a la Edad Media, se ha mantenido con escasas variaciones en el territorio galo, donde cada año marca el inicio de las reuniones familiares tras las fiestas navideñas.

En Zaragoza, esta costumbre transfronteriza ha cobrado una relevancia inusitada. Le Petit Croissant, establecimiento de referencia para la repostería francesa en la ciudad, ha logrado lo que parecía improbable: que los zaragozanos no solo conozcan la galette, sino que la incorporen a sus hábitos consumidores durante las cuatro semanas completas de enero. La empresa, con varias ubicaciones estratégicas en la capital aragonesa, ha convertido este producto estacional en un éxito de ventas sostenido.

Quien lidera esta revolución culinaria es Anne-Laure Romeuf, propietaria y alma máter de Le Petit Croissant. Su conexión con la tradición no es meramente profesional, sino profundamente personal. Nacida y formada en Francia, Romeuf ha trasladado a Aragón no solo las técnicas de elaboración auténticas, sino también el espíritu que acompaña a esta delicia. Su experiencia en las pastelerías parisinas le proporciona la autoridad necesaria para reinterpretar esta tradición sin perder su esencia.

Las diferencias entre ambos productos son sustanciales y van más allá de la simple apariencia. El roscón español, esponjoso y azucarado, incorpora frutas confitadas y nata, mientras que la galette apuesta por la simplicidad elegante: capas de hojaldre mantecoso que se deshacen al morder y un relleno de almendra que equilibra dulzor y textura. La sorpresa también varía: si en España es una figurita y un haba, en Francia se esconde una fève, pequeña figura de cerámica que designa al rey o reina de la jornada.

El éxito de la galette en Zaragoza responde a varios factores convergentes. La creciente apertura culinaria de la ciudad, sumada a la presencia de una comunidad francófila establecida, ha creado un caldo de cultivo perfecto. Le Petit Croissant ha sabido educar el paladar local mediante degustaciones, explicaciones sobre el ritual de corte y la promoción del valor artesanal. La estrategia comercial, lejos de limitarse a ofrecer el producto, ha incluido todo un trabajo de pedagogía gastronómica.

El proceso de elaboración que Romeuf supervisa personalmente respeta los cánones más estrictos. La masa de hojaldre requiere un laminado manual que garantiza el crujido característico. La frangipane, preparada con mantequilla francesa, almendra molida de primera calidad y azúcar vainillado, debe reposar para que los sabores se integren. Cada galette se monta individualmente y se decora con dibujos tradicionales antes del horneado, convirtiendo cada pieza en una obra efímera.

Este fenómeno no se limita a la mera venta de un producto. Representa un caso de integración cultural donde una tradición foránea se adapta sin perder identidad. Los clientes habituales de Le Petit Croissant, tanto franceses residentes como aragoneses curiosos, han formado una comunidad que celebra la Epifanía durante semanas, alargando así el espíritu festivo más allá de la fecha oficial.

La repercusión económica es notable. Durante enero, las ventas de galette representan un porcentaje significativo de la facturación mensual de la pastelería. Este éxito ha incentivado a otros establecimientos a incorporar versiones similares, aunque la autenticidad de Le Petit Croissant, avalada por la expertise de Romeuf, mantiene su liderazgo indiscutible.

Desde una perspectiva más amplia, esta tendencia refleja la evolución del mapa gastronómico de Zaragoza. La ciudad, históricamente consciente de su identidad culinaria, demuestra una madurez que le permite incorporar influencias externas sin complejos. La galette no sustituye al roscón, sino que convive con él, ofreciendo una alternativa que enriquece el panorama.

El futuro de esta tradición en la ciudad parece prometedor. Anne-Laure Romeuf planea ampliar la oferta con talleres de elaboración y catas comentadas, consolidando así el vínculo entre producto y consumidor. La demanda creciente sugiere que la galette des rois ha dejado de ser una curiosidad exótica para convertirse en un clásico local, al menos durante el mes de enero.

En definitiva, la historia de la galette en Zaragoza ilustra cómo la autenticidad, el trabajo artesanal y la pasión pueden trasladar una tradición de fronteras y arraigarla en un nuevo contexto. Le Petit Croissant y su fundadora no solo venden un pastel; importan un ritual, una experiencia y un pedacito de Francia que los zaragozanos han adoptado como propio.

Referencias

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