La selección de Senegal consolidó su paso en la Copa de África al imponerse por 0-1 a Mali en un encuentro marcado por la intensidad defensiva, las interrupciones por lesiones y una efectividad mínima pero decisiva. El duelo entre dos potencias continentales cumplió con las expectativas de un choque equilibrado, donde los detalles finales marcaron la diferencia en el marcador final.
Desde el inicio del compromiso, ambas escuadras mostraron su voluntad de controlar el centro del campo mediante un juego físico que generó numerosas faltas. La primera mitad transcurrió con un dominio territorial alterno, donde Senegal intentó aprovechar la velocidad de sus extremos mientras Mali buscó construir desde la posesión. La zaga dirigida por Kalidou Koulibaly se mostró sólida ante los intentos ofensivos malíes, aunque el defensor del Al Hilal vio tarjeta amarilla por una entrada peligrosa que podría haber complicado los planes de su equipo.
El desarrollo del segundo tiempo presentó un guion similar, con ambos conjuntos alternando momentos de presión. La ocasión más clara del encuentro llegó mediante una combinación entre Idrissa Gueye y Sadio Mané, quien ejecutó un remate controlado desde el interior del área que obligó al guardameta rival a intervenir con seguridad. Esta jugada evidenció la capacidad de Senegal para generar peligro en transiciones rápidas, aprovechando la experiencia de sus jugadores en competiciones europeas de primer nivel.
El partido sufrió múltiples interrupciones debido a lesiones musculares. El centrocampista Lassana Coulibaly tuvo que abandonar el terreno de juego forzado por molestias físicas, siendo sustituido por Mahamadou Doumbia en un cambio que modificó el esquema ofensivo de Mali. Posteriormente, el técnico local realizó otras dos modificaciones más: la entrada de Kamory Doumbia por Mamadou Sangaré y la sustitución de Lassine Sinayoko por El Bilal Touré, buscando refrescar el ataque y encontrar el gol del empate.
Por parte de Senegal, el estratega también movió piezas en el once. Iliman Ndiaye cedió su lugar a Ibrahim Mbaye, mientras que Habib Diallo fue reemplazado por Cherif Ndiaye. Estos cambios buscaban reforzar la contención y administrar la ventaja en los minutos finales, una táctica que resultó efectiva pero no exenta de riesgos.
La tarjeta amarilla a Ibrahim Mbaye por juego peligroso reflejó la tensión creciente en el césped. Mali intensificó su presión en busca del empate, generando disparos desde la frontal como el intento de Gaoussou Diakite, quien estrelló el balón fuera del área pero sin encontrar la portería defendida por los senegaleses. El cuadro local también vio amonestado a su capitán Hamari Traoré por una dura entrada sobre Idrissa Gueye, acción que provocó la falta en campo contrario.
El control del partido por parte de Senegal se vio comprometido cuando Pathé Ciss sufrió una lesión que detuvo el juego durante varios minutos. La situación obligó a su equipo a reordenarse tácticamente, mientras Mali aprovechaba cada interrupción para recuperar energías y reorganizar su presión ofensiva. El centrocampista del Metz fue atendido en el campo y, aunque intentó continuar, finalmente tuvo que ser sustituido, dejando a su equipo con diez hombres momentáneamente.
El árbitro central determinó la adición de siete minutos de tiempo añadido, un periodo que se convirtió en una pesadilla para la defensa senegalesa y en una oportunidad de oro para Mali. Durante este tramo final, los malíes cercaron el área rival con centros laterales y disparos lejanos. Mahamadou Doumbia intentó sorprender con un remate desde fuera del área que fue rechazado por la defensa, mientras que Kamory Doumbia generó otra asistencia que no encontró rematador.
Senegal, por su parte, tuvo ocasiones para sentenciar. Lamine Camara probó suerte desde más de treinta metros con un disparo potente que se elevó por encima del larguero. La jugada nació de una recuperación en campo propio y una rápida transición que dejó a los centrocampistas con espacio para lanzar, demostrando la capacidad de los leones para generar peligro incluso en situaciones de contraataque.
La defensa de Senegal resistió los embates finales, con Kalidou Koulibaly liderando las coberturas y despejando balones aéreos. La experiencia del central fue crucial para mantener la ventaja, aunque su tarjeta amarilla anterior le obligó a jugar con precaución en los últimos compases. La zaga senegalesa bloqueó varios intentos de remate de Mali, que se mostró impreciso en los metros finales.
El pitido final confirmó la victoria de Senegal, un resultado que refuerza su posición en el torneo y demuestra su capacidad para imponerse en partidos cerrados. La efectividad defensiva y la gestión del tiempo fueron claves para un equipo que aspira a revalidar su condición de campeón. Por su parte, Mali dejó buenas sensaciones en cuanto a juego colectivo, pero deberá mejorar su definición en próximos compromisos si quiere avanzar en la competición.
El encuentro dejó varias lecciones tácticas. La importancia de aprovechar las transiciones ofensivas, la necesidad de una defensa sólida en momentos de presión y la gestión de lesiones en torneos de alta intensidad. Senegal demostró madurez competitiva, mientras que Mali mostró potencial pero careció de fortuna en los metros finales. La Copa de África continúa con estos dos equipos en posiciones diferentes, pero con la certeza de que cualquier rival deberá sudar para superarles en esta edición del torneo continental.