Jeddah, la maldición de Valverde en la Supercopa

El técnico del Athletic regresa a Arabia Saudí con la sombra de su destitución del Barça en 2020

La ciudad saudí de Jeddah se ha convertido en un escenario recurrente para el fútbol español, pero para Ernesto Valverde representa un lugar cargado de recuerdos poco gratos. Este miércoles, el entrenador del Athletic Club volverá a pisar el césped del reino árabe para medirse al FC Barcelona en la primera semifinal de la Supercopa de España, una competición que le ha traído más disgustos que alegrías en territorio saudí.

La relación del técnico extremeño con Jeddah comenzó a torcerse en enero de 2020, cuando dirigía al conjunto culé. Aquel torneo llegó en un momento óptimo para el Barça: líder destacado de LaLiga y con la confianza de haber superado la fase de grupos de la Champions League sin demasiados apuros. Sin embargo, la semifinal ante el Atlético de Madrid se convirtió en una auténtica pesadilla que desembocaría en su salida del club.

El partido, disputado el 9 de enero de 2020, fue un verdadero vendaval emocional. Los azulgranas se adelantaron en el marcador gracias a los tantos de Messi y Griezmann, mostrando un nivel de juego que hacía presagiar una final cómoda. Pero el conjunto de Simeone, conocido por su espíritu guerrero, remontó con tres goles que sentenciaron el encuentro. Lo más doloroso para Valverde fue que dos goles le fueron anulados por el VAR: el primero, obra de Messi, por un controvertido toque de mano; el segundo, de Piqué, por un fuera de juego milimétrico de Arturo Vidal en la jugada previa.

La derrota por 3-2 fue el detonante final, pero no la causa real del despido. Josep Maria Bartomeu, entonces presidente del Barça, ya había tomado la decisión antes de viajar a Arabia Saudí. La eliminación en semifinales solo confirmó sus peores temores sobre la trayectoria del equipo. La derrota ante el Atlético fue la excusa perfecta para ejecutar un plan que llevaba semanas madurando.

Lo que sucedió después del pitido final resultó demoledor para la carrera de Valverde en el Barça. Mientras el equipo regresaba a Barcelona, Eric Abidal y Òscar Grau no subieron al avión. El director deportivo y el CEO del club tomaron un vuelo directo a Doha con un objetivo claro: negociar con Xavi Hernández para que se convirtiera en el nuevo entrenador. Aquel viaje exprés reveló la falta de confianza total en el técnico extremeño.

Las negociaciones con Xavi no fructificaron, principalmente porque el exjugador consideró que no era el momento adecuado para regresar. Con el primer plan fallido, la directiva se vio obligada a buscar una alternativa rápida, recalando en Quique Setién. El cántabro fue presentado como el nuevo entrenador el 13 de enero, pero la decisión estaba tomada desde el día 10, apenas horas después de caer en Jeddah.

Las razones que esgrimió Bartomeu para justificar el cese fueron múltiples. El presidente consideraba que el equipo, a pesar de liderar la clasificación, mostraba una línea descendente evidente en su rendimiento. El estilo de juego no convencía, la preparación física generaba dudas y, según fuentes internas, Valverde habría perdido el pulso del vestuario. La imagen de los jugadores durante los entrenamientos y la falta de intensidad en algunos compromisos alimentaron esta teoría.

El contexto previo a aquella Supercopa era demoledor. La temporada 2018-19 había terminado de forma traumática: una épica remontada del Liverpool en Anfield dejó al Barça fuera de la final de la Champions, y la derrota en la final de la Copa del Rey ante el Valencia certificó un final de curso para el olvido. Aquellos dos golpes consecutivos minaron la credibilidad de Valverde, a pesar de haber conquistado la Liga con autoridad.

La pandemia del coronavirus, que llegaría semanas después, postergó el desenlace final. Setién no pudo levantar al equipo, que acabó perdiendo aquella Liga y sufrió la humillación histórica del 2-8 ante el Bayern Munich en Lisboa. Aquel resultado sería el último capítulo de una era que terminó de desmoronarse en las arenas de Jeddah.

Un año después, en enero de 2024, Valverde regresó a la ciudad saudí con el Athletic Club. La historia se repitió con un guion cruel: su equipo cayó en semifinales ante el Barça por 2-0, con goles de Gavi y Lamine Yamal. Aunque la derrota no tuvo consecuencias laborales para el entrenador, reforzó la sensación de que Jeddah no es precisamente un lugar propicio para sus intereses.

Ahora, en enero de 2025, el técnico extremeño afronta su tercera participación consecutiva en la Supercopa saudí. La oportunidad que se presenta es única: si logra conquistar el título con el Athletic, se convertirá en el entrenador más laureado de la historia del torneo, empatando con leyendas como Johan Cruyff y Pep Guardiola. Ambos técnicos del Barça también cuentan con tres trofeos en su palmarés particular.

Valverde ya sabe lo que es levantar esta competición. Lo hizo en 2015 con el Athletic, derrotando al Barça en una final épica, y repitió en 2018 con el conjunto culé. Aquella segunda conquista le sirvió para consolidarse en el banquillo azulgrana, aunque la maldición de Jeddah llegaría dos años después para truncar su proyecto.

El técnico, conocido por su perfil sereno y su capacidad para gestionar vestuarios complicados, llega a esta cita con la experiencia de quien ha vivido las dos caras de la moneda. Conoce la presión del Barça y la pasión del Athletic, dos entidades que se enfrentan en una semifinal que promete emociones fuertes.

La ciudad saudí, que se ha consolidado como sede fija de la Supercopa, observará cómo Valverde intenta romper su particular maldición. La victoria le permitiría borrar los fantasmas del pasado y escribir un nuevo capítulo en su dilatada carrera. La derrota, por el contrario, reforzaría la leyenda negra de Jeddah como escenario de sus peores pesadillas.

El fútbol, como la vida misma, da segundas oportunidades. Valverde, a sus 60 años, tiene la suya frente al club que le destituyó en aquellas mismas arenas. El destino, irónico como pocos, le devuelve a la escena del crimen con la posibilidad de convertirse en leyenda del torneo que casi le cuesta el puesto. Jeddah, la tumba de su etapa barcelonista, podría convertirse en el altar de su consagración definitiva.

Referencias

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