El territorio murciano ha experimentado un comienzo de año marcado por una intensa intrusión de polvo sahariano que ha comprometido gravemente la calidad del aire. Desde el primer día de enero de 2026, la mayoría de las estaciones de medición distribuidas por toda la región han registrado cifras alarmantes de material particulado en suspensión, tanto de tipo PM10 como PM2.5, evidenciando uno de los episodios de calima más agresivos de los últimos años.
La situación se originó con la llegada de una masa de aire procedente del norte de África que se desplazó progresivamente hacia el sureste peninsular, afectando de manera directa a la geografía murciana. Los datos recabados por la red de vigilancia ambiental no dejan lugar a dudas: estamos ante un evento de contaminación atmosférica de carácter natural, pero con consecuencias significativas para la salud pública.
Área metropolitana en alerta
En la zona central de la región, los indicadores han sido especialmente preocupantes desde el 1 de enero. La estación de Ronda Sur, en la capital, registró concentraciones de 52,89 microgramos por metro cúbico de PM10 y 40,65 de PM2.5 durante la jornada inaugural del año. Estos valores, ya superiores a los umbrales considerados seguros por la Organización Mundial de la Salud, fueron aún más elevados en el distrito de San Basilio, donde los aparatos de medición mostraron 53,87 y 44,59 microgramos respectivamente.
Molina de Segura, localidad limítrofe con Murcia, experimentó las cifras más altas de esta primera jornada, alcanzando los 56,82 microgramos de PM10 y 48,27 de PM2.5. Solo dos municipios del interior, Caravaca de la Cruz y Jumilla, mantuvieron inicialmente niveles dentro de parámetros más razonables, aunque esta situación cambiaría drásticamente en las siguientes 72 horas.
El viernes 2 de enero la tendencia no mostró signos de mejora. Alcantarilla se sumó a la lista de localidades con registros problemáticos, mostrando 46,43 microgramos de PM10 y 30,90 de PM2.5. La acumulación de partículas continuó su curso ascendente, preparando el escenario para un fin de semana especialmente complicado desde el punto de vista ambiental.
Fin de semana crítico
El sábado 3 de enero representó un punto de inflexión negativo. San Basilio experimentó un salto cualitativo en sus mediciones, llegando a los 68,04 microgramos de PM10 y 54,24 de PM2.5. Ronda Sur, aunque con valores ligeramente inferiores, mantuvo registros muy superiores a lo recomendable: 57,64 y 38,59 microgramos respectivamente.
Molina de Segura reafirmó su posición como una de las zonas más afectadas, con 63,05 microgramos de PM10 y 50,30 de PM2.5. La acumulación de material particulado en suspensión creó una atmósfera densa y opaca que dificultó la respiración de personas con patologías respiratorias y cardiovasculares.
Sin embargo, el domingo 4 de enero se convirtió en la jornada más severa de todo el episodio. Los límites recomendados para la protección de la salud quedaron ampliamente superados en múltiples puntos de la región. San Basilio registró un pico de 83,61 microgramos de PM10 y 57,01 de PM2.5, cifras que duplican con creces los estándares internacionales de calidad del aire.
Ronda Sur, a pesar de mostrar valores relativamente menores que otros puntos, alcanzó los 77 microgramos de PM10 y 43,50 de PM2.5. Molina de Segura volvió a liderar los registros negativos con 85,56 microgramos de PM10 y 63,44 de PM2.5, convirtiéndose en el epicentro de este evento contaminante en la zona metropolitana.
Extensión territorial del fenómeno
El impacto no se circunscribió únicamente al área de Murcia capital. El Campo de Cartagena sufrió también las consecuencias de esta intrusión sahariana. La estación de La Aljorra registró un pico de 84,92 microgramos de PM10, mientras que Mompean mostró cifras igualmente preocupantes. Las zonas industriales de Alumbres y el Valle de Escombreras mantuvieron niveles de partículas gruesas en rangos claramente desfavorables, agravando la situación en una comarca ya de por sí expuesta a emisiones industriales.
Lorca, en el sur de la región, superó los 73 microgramos de PM10, confirmando que el fenómeno afectó de manera transversal a toda la geografía murciana, sin distinción entre zonas costeras e interiores, urbanas o rurales. La calima se convirtió en un denominador común que unificó la experiencia de los habitantes de la región durante estos primeros días del año.
Origen y consecuencias del evento
Desde la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor se ha confirmado que estos valores están directamente vinculados a una nueva intrusión de polvo sahariano que afectaba simultáneamente a otras zonas del sur peninsular, particularmente Andalucía occidental. Este fenómeno meteorológico, aunque natural, tiene un impacto directo y medible sobre la salud respiratoria de la población.
Las partículas PM2.5 son especialmente peligrosas porque pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio, alcanzando los alvéolos pulmonares y pasando al torrente sanguíneo. Los grupos de riesgo, como personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cardiopatías, niños y adultos mayores, experimentan un empeoramiento de sus síntomas durante estos episodios.
La exposición prolongada a estas concentraciones aumenta el riesgo de desarrollar problemas respiratorios agudos, crisis asmáticas, bronquitis e incluso complicaciones cardiovasculares. La recomendación sanitaria durante estos eventos es limitar las actividades al aire libre, especialmente el ejercicio físico intenso, y utilizar mascarillas FFP2 en caso de exposición inevitable.
Perspectivas y vigilancia
Este episodio de inicio de año se suma a una tendencia creciente de eventos de calima de mayor intensidad y duración en la región. El cambio climático está modificando los patrones de circulación atmosférica, facilitando el transporte de partículas minerales desde el desierto del Sahara hacia la Península Ibérica con mayor frecuencia.
La red de medición de la calidad del aire en la Región de Murcia ha demostrado su utilidad para alertar a la población y a las autoridades sanitarias sobre estos eventos. Sin embargo, la repetición de episodios como el de estos primeros días de enero de 2026 pone de manifiesto la necesidad de reforzar las políticas de adaptación al cambio climático y de protección de la salud pública frente a fenómenos atmosféricos extremos.
La población murciana debe estar preparada para convivir con estas situaciones, que probablemente se repetirán con mayor asiduidad en los próximos años. La concienciación ciudadana, la mejora de los sistemas de predicción temprana y la adopción de medidas de protección individual son herramientas esenciales para minimizar el impacto de la calima en la salud de los habitantes de la región.