El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado a través de su red social Truth la ejecución de una operación militar de gran envergadura en territorio venezolano que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Según las declaraciones del mandatario republicano, la pareja presidencial fue extraída del país en helicóptero y se encuentra actualmente a bordo del buque de asalto anfibio Iwo Jima, con destino a Nueva York, donde enfrentará acusaciones por delitos relacionados con el tráfico de drogas.
La operación, que Trump calificó como un trabajo "asombroso" de las fuerzas especiales estadounidenses, representa una escalada sin precedentes en la relación entre Washington y Caracas. El propio presidente norteamericano reveló que siguió en directo el desarrollo del asalto desde una sala de operaciones instalada en su residencia privada de Mar-a-Lago, en Florida, acompañado de altos mandos militares y agentes de inteligencia.
Desarrollo de la operación militar
En una comparecencia ante los medios desde su propiedad en Palm Beach, Trump ofreció detalles inéditos sobre la planificación y ejecución del ataque. Inicialmente programada para finales de diciembre, la misión tuvo que posponerse cuatro días debido a condiciones meteorológicas adversas que comprometían su éxito. El mandatario describió con precisión el momento del asalto: "Lo observé literalmente, como si fuera una emisión en directo. La velocidad, la contundencia... fue algo extraordinario, un trabajo excepcional que nadie más podría haber realizado".
La detención se produjo en una residencia oficial en Venezuela, donde las fuerzas especiales neutralizaron la seguridad presidencial y aprehendieron a la pareja sin ofrecer resistencia significativa, según la versión de la Casa Blanca. Trump confirmó que una segunda oleada de ataques estaba prevista como medida de contingencia, pero finalmente se desestimó tras el éxito rotundo de la primera fase.
El futuro de Maduro y Flores
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, ha ratificado que ambos enfrentarán procesamiento judicial en Nueva York por presuntos vínculos con el narcotráfico internacional. Washington mantenía desde hace años una recompensa millonaria por información que condujera a la captura del líder chavista, acusado de facilitar el tránsito de cocaína hacia el mercado estadounidense.
Trump publicó en su perfil de Truth la primera imagen de Maduro tras su captura, donde aparece con los ojos cubiertos por un antifaz, auriculares de protección y vestido con un chándal deportivo, custodiado por personal militar estadounidense a bordo del Iwo Jima. La fotografía, de evidente valor propagandístico, busca desmitificar la figura del líder venezolano que gobernó el país petrolero durante doce años.
Control temporal de Venezuela
Uno de los anuncios más controvertidos del presidente Trump fue la asunción directa del control administrativo de Venezuela por parte de Estados Unidos. "Gobernaremos el país hasta que podamos garantizar una transición segura, apropiada y razonable. Debe ser sensata, ese es nuestro objetivo final", declaró el mandatario, abriendo interrogantes sobre la legalidad internacional de tal medida.
Esta decisión implica que funcionarios designados por Washington asumirán temporalmente las riendas del Estado venezolano, un planteamiento que recuerda a las administraciones militares de posguerra, pero que en este caso afecta a un país soberano sin resolución previa del Consejo de Seguridad de la ONU. El Departamento de Estado ya trabaja en un plan de transición que, según fuentes oficiales, priorizará la estabilización económica y la convocatoria de elecciones libres en un plazo no especificado.
Antecedentes de la crisis
Nicolás Maduro, de 63 años, llegó al poder en 2013 tras la muerte por cáncer de Hugo Chávez, quien lo designó como sucesor pese a su perfil discreto como exconductor de autobús y canciller del régimen. Durante su mandato, Venezuela experimentó una crisis económica sin paralelo en la región, con hiperinflación, escasez de productos básicos y el éxodo de más de siete millones de ciudadanos.
La tensión con Estados Unidos escaló progresivamente, alcanzando su punto álgido cuando la administración Trump reconoció en 2019 a Juan Guaidó como presidente interino, imponiendo sanciones petroleras que asfixiaron la economía venezolana. Desde entonces, Washington mantuvo una presión constante mediante sanciones personales a altos funcionarios y la oferta de recompensas por la captura de Maduro.
Conversaciones previas y advertencias
El presidente Trump reveló que mantuvo una conversación telefónica con Maduro hace apenas una semana, la segunda contacto directo conocido entre ambos líderes desde que estalló la crisis institucional. Durante esa llamada, Trump habría instado a su homólogo venezolano a renunciar voluntariamente y entregarse a las autoridades estadounidenses, ofreciendo garantías procesales que Maduro rechazó terminantemente.
Este diálogo frustrado precedió a la operación militar, lo que sugiere que Washington agotó las vías diplomáticas antes de optar por la solución por la fuerza. Trump lanzó una advertencia explícita a los funcionarios leales al chavismo que permanecen en Venezuela: "Aquellos que mantengan su lealtad al régimen tendrán un futuro muy negro".
Implicaciones regionales
La intervención directa en Venezuela marca un precedente peligroso en la política hemisférica, rompiendo décadas de retórica no intervencionista que, si bien ya se había resquebrajado, mantenía ciertas apariencias diplomáticas. Países como Cuba, Nicaragua y Bolivia, aliados ideológicos de Caracas, han condenado la operación como un acto de "imperialismo" y han convocado sesiones extraordinarias en organismos regionales.
Por su parte, la comunidad internacional permanece dividida. Mientras la Unión Europea ha pedido cautela y respeto al derecho internacional, países como Colombia y Brasil, que comparten frontera con Venezuela, han expresado preocupación por una posible crisis de refugiados masiva si la situación se deteriora. La ONU, a través de su portavoz, ha solicitado información oficial sobre la operación y ha recordado las normativas que protegen la soberanía estatal.
El camino hacia una transición incierta
La administración Trump asegura que su objetivo es restaurar la democracia en Venezuela, pero la ausencia de un marco legal claro para la intervención genera dudas sobre la legitimidad del proceso. Expertos en derecho internacional cuestionan la base jurídica para que una potencia extranjera asuma directamente el control de un Estado miembro de la ONU sin autorización del Consejo de Seguridad.
El plan de transición contempla la designación de un gobernador provisional respaldado por Washington, la reforma institucional y la preparación de comicios presidenciales. Sin embargo, la oposición venezolana dividida y la ausencia de un líder carismático con apoyo popular complican el escenario. La experiencia de Afganistán e Iraq demuestra que las transiciones impuestas desde el exterior rara vez resultan estables a largo plazo.
Impacto económico inmediato
Los mercados financieros han reaccionado con volatilidad al anuncio. El precio del petróleo experimentó una subida inicial de tres dólares por barril ante el temor a interrupciones en la producción venezolana, aunque luego se estabilizó. Las empresas estadounidenses con intereses en la región han visto fluctuar sus acciones, mientras que el bolívar venezolano, ya devaluado, no registra cambios significativos por la paralización del sistema bancario.
El Fondo Monetario Internacional ha ofrecido asistencia técnica para la reconstrucción económica, condicionada a la implementación de reformas estructurales. Sin embargo, la deuda externa venezolana, que supera los 150.000 millones de dólares, representa un obstáculo considerable para cualquier plan de recuperación.
Conclusiones
La captura de Nicolás Maduro representa un punto de inflexión en la política latinoamericana, con consecuencias impredecibles para la estabilidad regional. Mientras Trump celebra el éxito operativo y promete una transición democrática, la comunidad internacional observa con recelo una acción que desafía principios fundamentales del orden mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
La verdadera prueba estará en los próximos meses: si Estados Unidos logra consolidar una administración provisional que goce de legitimidad interna y externa, o si Venezuela se sumergirá en un nuevo ciclo de violencia e inestabilidad. El destino de Maduro en un tribunal neoyorquino, lejos de ser un epílogo, podría convertirse en el prólogo de una nueva era de intervencionismo en la región.