Inflación española cierra 2025 en 2,9% por caída de carburantes

El IPC se modera dos décimas consecutivas en diciembre, mientras la inflación subyacente se mantiene en máximos de año, según datos provisionales del INE

El Índice de Precios de Consumo (IPC) en España ha registrado una moderación de una décima en el último mes del año, estableciéndose en el 2,9% interanual durante diciembre de 2025. Esta cifra, publicada en su versión preliminar por el Instituto Nacional de Estadística (INE), confirma la tendencia descendente iniciada en noviembre y sitúa la tasa de inflación en su nivel más contenido desde el pasado mes de octubre.

La desaceleración registrada en plena campaña navideña encuentra su principal explicación en el abaratamiento experimentado por los carburantes y combustibles, que han ejercido una presión bajista significativa sobre el índice general. Este comportamiento contrasta con la evolución de los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas, que continúan mostrando una tendencia alcista y moderan el descenso generalizado.

Con este resultado, la inflación española suma dos meses consecutivos de retrocesos después de alcanzar en octubre su punto más álgido en los últimos 16 meses, cuando cerró en el 3,1% interanual. La trayectoria descendente, no obstante, presenta matices importantes cuando se analiza en profundidad la composición del índice.

El lado más preocupante del informe estadístico lo constituye la evolución de la inflación subyacente, que excluye del cálculo los precios de la energía y los alimentos no elaborados. Este indicador, considerado un termómetro más fiable de las presiones inflacionistas de fondo, se ha mantenido estable en el 2,6% interanual durante diciembre, replicando exactamente la cifra de noviembre.

Aunque aparentemente estancada, esta tasa representa el nivel más elevado registrado por la inflación subyacente desde diciembre de 2024, lo que evidencia la persistencia de tensiones en los precios de servicios y productos manufacturados. La rigidez de este componente plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía española para consolidar una senda de desinflación sostenible en el corto plazo.

Es fundamental tener en cuenta que los datos difundidos corresponden a una estimación avanzada, por lo que estarán sujetos a revisiones cuando el INE publique la cifra definitiva el próximo 15 de enero. Las variaciones entre la estimación preliminar y el dato final suelen ser mínimas, pero no exentas de ajustes técnicos que podrían modificar ligeramente las cifras.

La perspectiva anual ofrece un panorama más completo de la evolución de los precios en la economía española. De confirmarse el dato de diciembre, la inflación habría cerrado el ejercicio 2025 con una media del 2,7%, una décima por debajo del registro acumulado en 2024. Esta moderación anual, a juicio del Ministerio de Economía, facilita el proceso de recuperación del poder adquisitivo de las familias españolas, que han visto mermada su capacidad de compra durante los últimos ejercicios.

La inflación subyacente media anual, por su parte, ha experimentado una reducción más marcada, descendiendo hasta el 2,3% en 2025, comparado con el 2,9% registrado en el año anterior. Esta desaceleración del componente estructural de los precios se alinea con el objetivo de estabilidad de precios del Banco Central Europeo (BCE), que persigue una tasa de inflación del 2% para la zona euro en su conjunto.

En el plano mensual, es decir, comparando exclusivamente los precios de noviembre y diciembre sin considerar la variación interanual, se observa una aceleración de tres décimas después del repunte de dos décimas experimentado en noviembre. Este comportamiento refleja las típicas presiones alcistas asociadas a la demanda de consumo durante el periodo festivo, que afecta particularmente a servicios como hostelería, ocio y transporte.

El Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), indicador que permite establecer comparaciones homogéneas entre los diferentes países de la Unión Europea, ha registrado una tasa de variación anual del 3% en diciembre, dos décimas inferior a la de noviembre. Su componente subyacente se sitúa en el 2,8%, mientras que en términos mensuales los precios han aumentado tres décimas, replicando el comportamiento del IPC nacional.

La divergencia entre el IPC y el IPCA, aunque mínima, responde a diferencias metodológicas en la ponderación de determinados productos y servicios, así como en el tratamiento estadístico de algunas categorías. Ambos indicadores, sin embargo, coinciden en señalar una moderación de la presión inflacionista en el cierre del año.

El descenso en el precio de los carburantes constituye el factor explicativo más relevante de la desaceleración observada. La evolución de las cotizaciones internacionales del petróleo, combinada con la fortaleza relativa del euro frente al dólar, ha permitido una reducción en los precios de venta al público de gasolina y gasóleo que ha trascendido directamente al índice de consumo.

Por el contrario, la dinámica de precios en el sector alimentario continúa mostrando resistencia a la baja. Las categorías de alimentos y bebidas no alcohólicas mantienen una tendencia creciente, impulsadas por factores estructurales como el encarecimiento de costes de producción, logística y distribución, así como por la volatilidad de los precios de las materias primas agrícolas en los mercados internacionales.

La evolución de la inflación subyacente plantea un desafío para la política monetaria. Su persistencia por encima del 2% sugiere que las presiones inflacionistas han penetrado en los componentes más estructurales de la economía, lo que podría requerir un mantenimiento de las condiciones restrictivas por parte del BCE durante un periodo más prolongado de lo inicialmente previsto.

Los agentes económicos mantienen la atención centrada en los próximos comunicados del Banco Central Europeo, que deberá equilibrar la necesidad de consolidar la desinflación con el riesgo de frenar excesivamente la actividad económica. Las decisiones sobre tipos de interés tendrán un impacto directo en la evolución de la demanda interna y, por extensión, en la dinámica de precios.

El comportamiento de la inflación en España no difiere sustancialmente del observado en otros países de la eurozona, donde la desinflación también ha mostrado signos de estancamiento en los últimos meses. La convergencia hacia el objetivo del 2% se está revelando como un proceso más gradual y complejo de lo anticipado, con múltiples factores de riesgo que podrían alterar la trayectoria prevista.

Entre estos factores, destacan las tensiones geopolíticas en zonas productoras de energía y alimentos, la evolución de los salarios y su impacto en los costes laborales unitarios, así como la capacidad de las cadenas de valor para absorber o trasladar al consumidor final las variaciones en sus costes operativos.

El consumidor final percibe esta evolución de los precios con cierta ambivalencia. Mientras el abaratamiento de los carburantes supone un alivio directo en el gasto corriente, especialmente para los hogares con mayor dependencia del transporte privado, la persistencia de alzas en la cesta de la compra continúa generando tensiones en los presupuestos familiares.

Las expectativas de inflación a medio plazo permanecen ancladas, según las encuestas de opinión, en niveles superiores al objetivo del BCE, lo que podría generar efectos de segunda ronda si estas expectativas se materializan en demandas salariales más elevadas. La formación de precios y salarios en los próximos meses resultará crítica para determinar la senda inflacionista de 2026.

El sector empresarial, particularmente en servicios, muestra una capacidad de traslado de costes que mantiene elevada la inflación subyacente. La demanda interna resiliente, combinada con una situación de pleno empleo, está permitiendo a las empresas mantener márgenes comerciales sin verse forzadas a reducir precios.

En conclusión, el descenso de la inflación general hasta el 2,9% en diciembre representa una buena noticia para la economía española, pero la persistencia de la inflación subyacente en niveles elevados advierte sobre la existencia de tensiones estructurales que requerirán vigilancia constante. La combinación de factores temporales, como la caída de los carburantes, con otros más permanentes en el sector servicios, dibuja un panorama complejo que exigirá una política económica prudente y bien calibrada.

Referencias

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