El último cuarto del enfrentamiento entre Los Angeles Lakers y Memphis Grizzlies dejó a los aficionados con el pulso acelerado, convirtiéndose en un auténtico festival de estrategia, talento individual y emoción pura. Las estrellas de ambos equipos, LeBron James, Luka Doncic y Ja Morant, se erigieron como protagonistas absolutos de un desenlace que tuvo de todo: robos de balón, asistencias magistrales, triples en momentos clave y una intensidad defensiva que definió cada posesión.
El cuarto arrancó con una falta temprana de Ja Morant que estableció el tono físico del periodo. Los Grizzlies, lejos de intimidarse, respondieron con una jugada de precisión quirúrgica: Santi Aldama recibió un pase perfecto de Morant y anotó sin dudar desde la zona de dos puntos. La conexión hispano-estadounidense con su base estrella demostró la química que han desarrollado durante la temporada.
La respuesta de los Lakers no se hizo esperar. LeBron James, con su veteranía y visión de juego, tomó las riendas del ataque angelino. Su capacidad para leer las defensas rival se hizo evidente cuando encontró a Jaxson Hayes en la pintura para una canasta fácil que igualó el ritmo anotador. Sin embargo, la defensa de Memphis se activó de inmediato, con Jaren Jackson Jr. demostrando por qué es uno de los mejores protectores de aro de la liga.
El intercambio de golpes continuó con una serie de acciones que destacaron el talento ofensivo de ambos conjuntos. Marcus Smart, conocido por su intensidad defensiva pero también por su capacidad anotadora, anotó un triple crucial que mantuvo a los Grizzlies en la pelea. La jugada fue facilitada por una asistencia de LeBron, quien a pesar de ser rival, demostró su clase al reconocer la jugada en una acción previa.
Los tiros libres también jugaron un papel fundamental en este tramo final. Kentavious Caldwell-Pope, entrando desde el banquillo, mostró su sangre fría al anotar ambos lanzamientos desde la línea de caridad tras una falta de Jake LaRavia. Este tipo de detalles, aparentemente menores, resultan decisivos en partidos igualados donde cada punto pesa una tonelada.
La batalla por el control del balón se intensificó con varios robos que cambiaron el momentum. Ja Morant, con su velocidad endiablada, le arrebató el esférico a Luka Doncic en una jugada que desató el frenesí de la grada. No obstante, la venganza llegó pronto cuando Jaylen Wells interceptó un pase de Jarred Vanderbilt, demostrando que la defensa de Memphis trabajaba colectivamente.
El juego de pases y asistencias brilló especialmente durante estos doce minutos. Luka Doncic, maestro indiscutible del juego posicional, repartió varias asistencias de calidad, incluyendo un pase a Jarred Vanderbilt para un triple que iluminó el marcador. Por su parte, Ja Morant acumuló asistencias como si fueran caramelos, alimentando a sus compañeros en posiciones ventajosas y demostrando por qué es uno de los bases más electrizantes de la competición.
Los rebotes, especialmente los ofensivos, se convirtieron en un tesoro preciado. Jake LaRavia y Jock Landale pelearon cada balón perdido con una ferocidad que enmudeció a los espectadores. La capacidad de los Grizzlies para generar segundas oportunidades gracias a su trabajo en el aro resultó clave para mantener la presión sobre la defensa de Los Ángeles.
Las sustituciones estratégicas también dejaron su huella. La entrada de Santi Aldama por Jock Landale aportó versatilidad ofensiva al perímetro, mientras que la presencia de LeBron James en pista, sustituyendo a Jarred Vanderbilt, garantizó liderazgo y experiencia en los momentos de máxima tensión. La rotación de banquillo demostró la confianza de los entrenadores en sus jugadores de rol.
El duelo individual entre Jaren Jackson Jr. y la defensa de los Lakers proporcionó varios momentos de esplendor. El ala-pívot de Memphis anotó en múltiples ocasiones desde la zona de media distancia, beneficiándose de las asistencias de Morant y demostrando un touch refinado que complica las labores defensivas de cualquier rival.
Los triples cayeron como relámpagos en momentos cruciales. Jaylen Wells conectó uno desde la esquina que elevó el ánimo de su equipo, mientras que Marcus Smart demostró su fiabilidad desde más allá del arco. Por parte de los Lakers, el triple de Vanderbilt resultó especialmente doloroso para los Grizzlies, ya que llegó en un momento donde Memphis intentaba distanciarse en el marcador.
La intensidad defensiva se mantuvo durante todo el periodo. Jaxson Hayes y Cedric Coward protagonizaron varios robos que interrumpieron el flujo ofensivo rival. Estas acciones defensivas, aunque no siempre se tradujeron en puntos inmediatos, crearon una ventaja psicológica que se palpaba en cada posesión subsiguiente.
El trabajo en equipo de los Grizzlies se manifestó en la distribución de responsabilidades. Mientras Ja Morant lideraba con su creatividad, Santi Aldama y Jaren Jackson Jr. aportaban consistencia anotadora. La química entre el base y sus interiores resultó impecable, generando canastas fáciles que mantuvieron a raya a los Lakers.
Por su parte, Los Ángeles basó gran parte de su ataque en la conexión LeBron-Doncic. La capacidad de ambos superstars para crear juego, ya sea anotando o asistiendo, generó constantes dolores de cabeza a la defensa de Memphis. La experiencia de LeBron combinada con la creatividad de Luka forma una de las parejas más temidas de toda la liga.
Los tiempos muertos solicitados por los Grizzlies revelaron la necesidad de reorganizarse ante la remontada angelina. Estas pausas estratégicas, lejos de interrumpir el ritmo, permitieron ajustes tácticos que se notaron inmediatamente en las siguientes jugadas, con una defensa más agresiva y una mayor movilidad sin balón.
El duelo de robos entre ambos equipos alcanzó su clímax cuando Marcus Smart, especialista defensivo de élite, le arrebató el balón a su propio compañero Ja Morant en un malentendido que casi cuesta caro a Memphis. Este tipo de errores, aunque puntuales, ponen de manifiesto la presión existente en los instantes finales.
La capacidad de Luka Doncic para generar faltas resultó otra arma letal. Sus entradas a la zona pintada forzaron a Jock Landale a cometer una falta personal que envió al esloveno a la línea de tiros libres, donde anotó ambos intentos con la frialdad que le caracteriza. Este tipo de jugadas inteligentes demuestra el nivel de comprensión del juego que posee el base de los Lakers.
El intercambio de canastas continuó sin pausa. Jaxson Hayes aprovechó su envergadura para anotar en la pintura, mientras que Jake LaRavia, a pesar de fallar algunos intentos desde el perímetro, compensó con un trabajo incansable en el rebote ofensivo que dio segundas oportunidades a su equipo.
Las últimas posesiones del cuarto se convirtieron en un auténtico pulso nervioso. Cada equipo buscaba el tiro perfecto, el pase que desequilibrara la defensa, la acción individual que rompiera el empate. La tensión era palpable, y cada jugada se vivía como si fuera la última del partido.
El banquillo de los Lakers también aportó su granito de arena. La entrada de Kentavious Caldwell-Pope aportó veteranía y defensa sólida, mientras que la salida de Cedric Coward permitió ajustar el ritmo del juego. Estas decisiones, aparentemente menores, pueden marcar la diferencia en un encuentro tan igualado.
La capacidad de LeBron James para liderar en los momentos decisivos quedó patente una vez más. Sus asistencias, sus canastas cuando el reloj apremiaba, y su presencia intimidatoria en defensa elevaron el nivel de todo el equipo. El Rey no defrauda cuando su equipo más le necesita.
Finalmente, el cuarto terminó con un intercambio de posesiones donde cada equipo tuvo oportunidades para desequilibrar el marcador. La falta de Santi Aldama sobre LeBron en el salto inicial, la defensa de Jaxson Hayes sobre Jock Landale, y la capacidad de Luka Doncic para ganar la posesión en el salto decisivo son detalles que resumen la intensidad de estos doce minutos épicos.
Este cuarto final entre Lakers y Grizzlies será recordado como un ejemplo de competición máxima, donde las estrellas brillaron, el trabajo en equipo prevaleció y cada posesión se jugó como si del último balón se tratara. La NBA en estado puro.