El Estadio Ciutat de València fue testigo de un nuevo capítulo en la dramática temporada del Levante UD, que cayó derrotado por 1-0 ante un Villarreal CF que no necesitó forzar su máquina para sumar tres puntos vitales en su carrera por la clasificación a la Champions League. El tanto del georgiano Georges Mikautadze bastó para que el conjunto amarillo se consolidara en la tercera posición de La Liga, mientras que los granotas se hundían aún más en los puestos de descenso, atrapados en una crisis que trasciende lo puramente deportivo.
La realidad del Levante es desoladora. La gestión de Quico Catalán ha dejado al club en una situación económica límite, con una deuda acumulada que supera los 160 millones de euros, según reconocieron las autoridades del club. Este contexto financiero de supervivencia, que permitió el milagro del ascenso a Primera División, ahora se ha convertido en una losa que impide conformar una plantilla competitiva capaz de afrontar con garantías la exigencia de la máxima categoría del fútbol español. A falta de unos meses para las Fallas, el equipo valenciano parece abocado a un descenso que muchos consideran casi inevitable, a siete puntos de la salvación una vez compensado el desfase de partidos pendientes.
El equipo de Luis Castro llegaba al duelo tras una racha de tres derrotas consecutivas ante Athletic Club, Valencia CF y ahora Villarreal, una serie de resultados que ha pulverizado las ya maltrechas esperanzas de permanencia. La defensa granota vive en un estado de emergencia constante, y el conjunto visitante no tardó en poner a prueba sus vulnerabilidades. Aproximadamente a la media hora de juego, el Villarreal generó sus primeras ocasiones de peligro. Mikautadze presionó al portero Ryan con un centro cerrado que generó inquietud, mientras que Moleiro estrelló un remate en el poste en una jugada originada desde un saque de banda que prolongó Rafa Marín.
El Levante intentó reaccionar mediante Espí, quien respondió con un disparo tras recibir un pase al espacio, aunque la pelota fue atrapada sin complicaciones por Junior, el guardameta del Villarreal. La primera mitad concluyó con dos ocasiones claras para el conjunto amarillo: primero Ayoze se quedó corto cuando se plantaba solo ante el portero, y posteriormente un centro de Pepe se atascó en el césped, impidiendo el remate final. El ritmo del encuentro era pausado y trabado, pero la sensación general era que el Villarreal controlaba los hilos del partido y solo necesitaba un empujón para desequilibrar la balanza.
La segunda mitad comenzó con un aviso del visitante. Gueye rozó el gol en los primeros compases, pero su intento no encontró portería. El Levante, por su parte, contestó con un misil de Cortés que obligó a Junior a realizar la parada más espectacular de la noche. Sin embargo, la superioridad del Villarreal acabó imponiéndose. El gol llegó de la mano de Mikautadze, el hombre del momento. Una gran carrera del delantero georgiano, que no logró conectar a la primera, derivó en una combinación con Pepe, quien le devolvió el esférico para que, con Ryan fuera de su posición, rematara a placer y abriera el marcador.
Con el 0-1 en el luminoso, Luis Castro movió el banquillo y sacó a Etta Eyiong, una operación que representó una inversión de 100.000 euros, y a Carlos Álvarez. El Levante intentó volcarse en ataque, pero su fútbol era previsible, rudimentario y testimonial. Carecía de la creatividad necesaria para desestabilizar a un rival que administraba su ventaja con solvencia. Incluso en una de las escasas contras que dispuso el Villarreal, Delaman salvó a su equipo de la sentencia definitiva, evitando que Mikautadze anotara a puerta vacía.
El Villarreal finalizó el encuentro con mucha más energía y mejor sensación, mientras que el Levante, a la desesperada, generó un par de remates y lances en el tiempo añadido que no encontraron el camino del gol. El dolor continúa en el seno de una entidad que ve cómo su futuro en la élite se desvanece con cada jornada.
Este resultado deja al Villarreal en una posición envidiable. Con estos tres puntos, el conjunto de Marcelino García Toral se afianza en la tercera plaza, consolidando sus opciones de disputar la Champions League la próxima temporada. El equipo amarillo demostró que puede competir sin necesidad de llegar al límite físico, administrando sus recursos de manera inteligente ante un rival en franca decadencia.
Por el contrario, el Levante suma su tercera derrota consecutiva y se hunde en la tabla. La crisis no es solo deportiva, sino estructural. La deuda millonaria, la falta de inversión en la plantilla y la ausencia de un proyecto deportivo sólido han creado un caldo de cultivo perfecto para el desastre. La llegada de Luis Castro, que inicialmente generó esperanzas, no ha logrado revertir la tendencia. El equipo carece de recursos tanto en defensa como en ataque, y su fútbol se ha vuelto previsible y fácil de neutralizar.
La situación es tan crítica que muchos aficionados ya contemplan el descenso como un destino inevitable. A siete puntos de la salvación, con equipos más en forma por delante y una dinámica negativa que parece no tener fin, las opciones de permanencia son cada vez más remotas. El club necesitaría una remontada épica en las últimas jornadas, pero sobre todo una reestructuración profunda que le permita volver a ser competitivo, sea en Primera o en Segunda División.
El partido también dejó detalles significativos en el apartado individual. Mikautadze, autor del único gol, demostró una vez más su capacidad para marcar diferencias. Su conexión con Pepe en la jugada del tanto evidencia la importancia de las combinaciones en el último tercio del campo. Por su parte, Junior, en la portería del Villarreal, tuvo una actuación sobria y solvente, con una intervención clave en el disparo de Cortés que mantuvo vivo el resultado favorable.
En el bando granota, la falta de referentes es evidente. La defensa, liderada por Rafa Marín, mostró lagunas importantes, mientras que el ataque careció de la pegada necesaria para inquietar a un rival que no sufrió excesivamente. La entrada de jóvenes valores como Etta Eyiong no logró cambiar el rumbo de un equipo que parece haber perdido la fe en la remontada.
El contexto económico del Levante es quizás el elemento más preocupante. Los 160 millones de euros de deuda no son una cifra menor para un club de su tamaño. Esta situación ha limitado las opciones de reforzar la plantilla en el mercado de invierno y ha condicionado todas las decisiones deportivas. El milagro del ascenso, gestado con un presupuesto ajustado, se ha convertido en una pesadilla que pone en riesgo la estabilidad de la entidad.
Para el Villarreal, el camino es opuesto. La gestión del club amarillo le permite soñar con competiciones europeas de primer nivel. La tercera posición es un objetivo realista y alcanzable, y partidos como este, donde no se necesita exprimir al equipo al máximo, resultan fundamentales para mantener la frescura de cara a los compromisos decisivos de la temporada.
El análisis táctico del encuentro revela las diferencias entre ambos equipos. El Villarreal planteó un partido de control, con toques cortos y buscando espacios en la defensa rival. El Levante, por su parte, intentó una presión más directa, pero sin la efectividad necesaria para crear peligro real. La posesión del balón estuvo equilibrada, pero la calidad de las ocasiones favoreció claramente a los visitantes.
La segunda mitad mostró un guion similar. El Villarreal administró su ventaja con experiencia, mientras que el Levante se volcó sin ideas claras. Los cambios no alteraron la dinámica del partido, y el tiempo añadido solo sirvió para constatar la superioridad del rival. El resultado final refleja fielmente lo visto sobre el terreno de juego.
El futuro inmediato de ambos equipos no podría ser más diferente. El Villarreal prepara su asalto final a la Champions, con la moral alta y un plantel compensado. El Levante, en cambio, debe afrontar una crisis multidimensional que amenaza con definir su presente y su futuro inmediato. La permanencia en Primera parece una quimera, y la reconstrucción del club será un proceso largo y complejo.
En definitiva, el duelo valenciano dejó claro que el fútbol es un reflejo de la gestión. Mientras el Villarreal disfruta de los frutos de una planificación acertada, el Levante paga las consecuencias de una política económica insostenible. El gol de Mikautadze no solo decidió un partido, sino que simbolizó la distancia entre dos realidades diametralmente opuestas en el panorama del fútbol español.