El economista jefe de Moody's, Mark Zandi, ha intensificado sus advertencias sobre el mercado inmobiliario estadounidense, elevando el nivel de alerta de una "bengala amarilla" a una "bengala roja" ante el continuo deterioro de las condiciones provocado por el impacto de las elevadas tasas hipotecarias.
A través de una serie de publicaciones en la red social Twitter, Zandi ha detallado cómo las tasas hipotecarias persistentemente altas, que se mantienen cerca del 7%, están ejerciendo una presión significativa sobre la demanda de vivienda, la actividad de la construcción y el crecimiento de los precios. El experto advierte que, sin una caída sustancial de estas tasas en el corto plazo, el sector se encamina hacia una recesión más amplia que podría afectar toda la economía nacional.
El analista ha señalado que, si bien las ventas totales de viviendas ya se encuentran fuertemente deprimidas en comparación con niveles históricos, los constructores habían estado utilizando estrategias de subsidios de tasas hipotecarias para mantener a flote las ventas de viviendas nuevas. Sin embargo, el costo de estas subvenciones se está volviendo insostenible para muchas empresas del sector, lo que está llevando a una retirada masiva de este tipo de incentivos y promociones especiales.
Una señal clara de esta cautela creciente es el retraso en la compra de terrenos procedentes de los bancos de tierras, un indicador anticipado de la futura actividad constructiva. Esta tendencia sugiere que los desarrolladores están frenando sus planes de expansión ante el debilitamiento de la demanda y el aumento de los costos de financiamiento, creando un efecto dominó que se extenderá a lo largo de toda la cadena de valor del sector.
Como resultado de estos factores, Zandi anticipa una caída significativa en las ventas de viviendas nuevas, en los inicios de construcción y en las finalizaciones de proyectos durante los próximos meses. La desaceleración no se limita únicamente a la actividad constructiva, sino que también está afectando la valorización de las propiedades y la confianza de los inversionistas en el sector.
Añadiendo más preocupación al panorama, el economista ha manifestado que la resiliencia de los precios de la vivienda también está desvaneciéndose rápidamente. Después de mostrar una fortaleza inesperada durante los últimos años, el mercado está mostrando signos claros de agotamiento, con una desaceleración en la apreciación de los valores inmobiliarios que podría convertirse en correcciones en ciertas regiones.
Zandi concluye con una advertencia de mayor alcance: el sector de la vivienda, que en el pasado actuó como un estabilizador en la recuperación post-COVID, se está convirtiendo actualmente en un "viento en contra de pleno derecho" para la economía estadounidense. Este cambio de rol representa un desafío significativo para las perspectivas de crecimiento en el corto y mediano plazo, alterando las proyecciones macroeconómicas.
La transformación del sector inmobiliario de motor de crecimiento a freno económico se suma a una lista creciente de preocupaciones para la segunda mitad de 2025 y principios de 2026. Esta situación plantea nuevas interrogantes sobre la trayectoria del crecimiento económico y sobre las futuras decisiones de la Reserva Federal en materia de política monetaria, especialmente en relación con la posibilidad de recortes de tasas.
El contexto actual refleja cómo la combinación de tasas de interés elevadas, inflación persistente y una oferta limitada de viviendas asequibles ha creado un círculo vicioso que dificulta tanto la compra para los consumidores como la rentabilidad para los desarrolladores. La capacidad de las familias para acceder a la vivienda propia se ha visto severamente limitada, mientras que los constructores enfrentan márgenes de utilidad cada vez más estrechos que ponen en riesgo su viabilidad.
Expertos del sector coinciden en que la situación requiere de una acción decidida por parte de las autoridades monetarias para evitar una crisis más profunda. Sin embargo, la Reserva Federal se encuentra en una posición compleja, debiendo balancear la necesidad de controlar la inflación con el riesgo de provocar una recesión inducida por altas tasas de interés que afecten múltiples sectores.
El mercado de vivienda de segunda mano también se ve afectado, con los propietarios actuales reacios a vender sus propiedades y perder las tasas hipotecarias bajas que obtuvieron en años anteriores. Este fenómeno, conocido como "efecto de retención de tasas", ha reducido drásticamente el inventario disponible, creando un mercado congelado donde tanto compradores como vendedores se mantienen a la expectativa, esperando mejores condiciones.
Las implicaciones de esta desaceleración inmobiliaria se extienden más allá del sector construcción. El mercado de la vivienda tiene efectos multiplicadores en toda la economía, afectando desde la demanda de materiales de construcción hasta el consumo de bienes duraderos como electrodomésticos y muebles. Un debilitamiento prolongado podría tener consecuencias significativas para el empleo en sectores relacionados y para el crecimiento del PIB.
Además, la caída en el valor de los activos inmobiliarios podría impactar el patrimonio de las familias y la salud de las instituciones financieras que tienen exposición al sector. Aunque las condiciones actuales difieren sustancialmente de la crisis de 2008, la acumulación de presiones sobre el mercado genera preocupación entre analistas y responsables políticos que monitorean los riesgos sistémicos.
Las perspectivas para los próximos meses dependerán críticamente de la evolución de las tasas de interés y de la capacidad de la economía para mantener el empleo y los ingresos. Mientras tanto, los potenciales compradores continúan enfrentando el dilema de esperar una posible corrección o arriesgarse a comprar en un entorno de tasas elevadas que podrían perdurar más de lo anticipado inicialmente.
El análisis de Zandi resalta la urgencia de monitorear de cerca los indicadores del sector, ya que cualquier deterioro adicional podría señalar el inicio de una recesión más amplia. La interacción entre política monetaria, dinámica de oferta y demanda, y expectativas del mercado creará el escenario para los próximos capítulos de esta historia económica que afectará a millones de ciudadanos.
La situación también pone de manifiesto la vulnerabilidad de ciertas regiones donde la dependencia del sector inmobiliario es mayor, y donde una corrección brusca podría tener efectos desproporcionados en la economía local. Las autoridades locales y federales tendrán que coordinar esfuerzos para mitigar los impactos sociales y económicos de esta transición y evitar que se profundicen las desigualdades en el acceso a la vivienda.
Finalmente, el mensaje de Zandi sirve como una llamada de atención para inversores, políticos y consumidores por igual, subrayando que el mercado inmobiliario ya no es un refugio seguro de crecimiento, sino un factor de riesgo que requiere vigilancia constante. La necesidad de respuestas ágiles por parte de todos los actores involucrados se hace cada vez más evidente ante la posibilidad de que la situación se deteriore aún más en el horizonte inmediato.
La complejidad del escenario actual radica en que no existe una solución simple o unívoca, ya que cualquier ajuste en la política monetaria tendrá consecuencias tanto deseadas como no deseadas en diferentes segmentos de la población. Mientras la Reserva Federal evalúa sus próximos movimientos, el mercado inmobiliario continúa su proceso de ajuste, con todos los ojos puestos en los datos de empleo, inflación y crecimiento que determinarán el rumbo de las tasas en los próximos meses.
La experiencia reciente ha demostrado que las proyecciones pueden cambiar rápidamente, y que la capacidad de adaptación de los diferentes actores del sector será crucial para navegar con éxito las turbulentas aguas actuales. Para los consumidores, la recomendación generalizada es mantener una posición prudente, evaluando cuidadosamente sus opciones financieras y considerando el largo plazo antes de comprometerse con decisiones de compra que podrían resultar perjudiciales si las condiciones empeoran.
En el lado de la oferta, los constructores que logren sobrevivir a este ciclo difícil probablemente saldrán fortalecidos, con menos competencia y una posición dominante en el mercado cuando finalmente se produzca la recuperación. Sin embargo, el camino hacia esa recuperación permanece incierto y depende de factores que escapan al control directo del sector, incluyendo decisiones de política pública y evolución de las condiciones macroeconómicas globales.