La tranquilidad habitual del municipio de El Robledo, en la provincia de Ciudad Real, se ha visto truncada por una situación que sus habitantes califican como sin precedentes. La pedanía de Las Islas, ubicada en las márgenes del río Bullaque, vive horas de angustia e incertidumbre tras la crecida histórica del caudal provocada por el desembalse masivo del embalse de Torre de Abraham. Familias completas han tenido que abandonar sus hogares, mientras que el resto de la población contempla con impotencia cómo las aguas invaden terrenos y propiedades que nunca antes habían estado amenazados.
Entre los afectados más directos se encuentra María Mangas, vecina de Las Islas que ha visto obligada a evacuar su vivienda junto a su marido y sus dos hijos, de 9 y 4 años. Con una década residiendo en esta pedanía, María asegura no haber experimentado nada similar en todo este tiempo. "Llevo diez años viviendo aquí y nunca había visto algo así", comenta con evidente preocupación. Su testimonio refleja el sentir general de una comunidad que se enfrenta a una emergencia sin referentes en la memoria reciente.
La gravedad de la situación queda patente cuando incluso las personas mayores del lugar, con décadas de experiencia en la zona, no recuerdan un episodio comparable. Este factor ha intensificado la percepción de vulnerabilidad entre los residentes, que observan impotentes cómo el caudal del Bullaque crece sin control, superando todas las previsiones y límites históricos conocidos. El desembalse del embalse de Torre de Abraham, situado aguas arriba, ha liberado un volumen de agua extraordinario que ha desbordado las capacidades de contención naturales y artificiales del cauce.
Las consecuencias materiales son evidentes en cada rincón de Las Islas. Viviendas, infraestructuras básicas y terrenos agrícolas han quedado sumergidos bajo las aguas torrenciales. El acceso a la pedanía se ha visto comprometido, dificultando tanto la evacuación de personas como el suministro de ayuda humanitaria y material. Los servicios de emergencia trabajan sin descanso para garantizar la seguridad de los residentes y minimizar los daños, pero la magnitud del evento natural desborda las capacidades de respuesta inmediata.
Otro testimonio que ilustra el impacto económico y emocional es el de María Teresa Azañón, propietaria de una tienda de bricolaje en la zona. Su establecimiento, fuente de sustento para su familia, ha sufrido graves daños por la inundación. "Hemos perdido todo el stock y las instalaciones están severamente afectadas", relata María Teresa, quien no oculta su desazón ante la incertidumbre sobre el futuro de su negocio. Su caso representa a decenas de pequeños comerciantes y autónomos cuyas fuentes de ingresos se han visto repentinamente interrumpidas.
La respuesta institucional se ha activado de inmediato, con la coordinación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación de Ciudad Real y los ayuntamientos afectados. Se han habilitado albergues temporales para los evacuados y se distribuye ayuda alimentaria y de primera necesidad. No obstante, los vecinos demandan soluciones a largo plazo que eviten la repetición de esta crisis, como la mejora de los sistemas de alerta temprana y la reforzamiento de las defensas fluviales.
El río Bullaque, afluente del Guadiana, ha mostrado su cara más desbordante, recordando a la población la importancia del respeto a los cauces naturales y la necesidad de una planificación territorial acorde con los riesgos hidrológicos. Los expertos en climatología y gestión de recursos hídricos advierten que episodios de extremos climáticos como este podrían volverse más frecuentes, exigiendo una adaptación urgente de las políticas de prevención.
Mientras tanto, en Las Islas y El Robledo, la prioridad es sobrevivir a las próximas horas. Las familias evacuadas esperan poder regresar pronto a sus hogares para evaluar los daños y comenzar la reconstrucción. La solidaridad vecinal se ha activado, con quienes no han resultado directamente afectados ofreciendo alojamiento, comida y apoyo emocional a los más damnificados. Esta red de apoyo mutuo demuestra la resiliencia de la comunidad en momentos de adversidad.
El futuro inmediato de El Robledo y su pedanía pasa por la gestión eficiente de la emergencia y la planificación de la recuperación. Las autoridades locales ya trabajan en un plan de reconstrucción integral que incluya ayudas económicas para particulares y empresas, así como la revisión de los sistemas de drenaje y protección. La experiencia vivida ha dejado una huella imborrable en la memoria colectiva, convirtiéndose en un punto de inflexión para la concienciación sobre el riesgo de inundación en la zona.
La historia de María Mangas y su familia, como la de María Teresa Azañón y tantos otros vecinos anónimos, refleja el drama humano que se esconde detrás de las cifras y los partes oficiales. Son rostros de una crisis que trasciende lo administrativo para tocar lo más profundo de la vida cotidiana: la seguridad del hogar, la estabilidad económica y la paz mental. El miedo e impotencia que ellos describen se convierte en un llamado a la acción para que ninguna otra comunidad tenga que vivir una situación similar sin las herramientas y recursos necesarios para afrontarla.