En el tranquilo municipio zamorano de Molezuelas de la Carballeda, con apenas 46 habitantes, el pastoreo tradicional se ha convertido en la fuente de un serio conflicto vecinal. Desde septiembre del año pasado, las calles y carreteras de esta pequeña localidad se han visto invadidas por unas inesperadas 'peatonas': un grupo de vacas que, según sus denunciantes, campan a sus anchas por el núcleo urbano sin ningún tipo de control.
El origen de esta disputa se remonta a más de un año atrás, cuando el ganadero local comenzó a soltar su ganado en terrenos que, según el consistorio, no estaban autorizados para el pastoreo. Se trata de fincas de titularidad privada y municipal, incluidas zonas de monte público y áreas afectadas por los incendios del verano pasado en la provincia de Zamora. Esta situación desencadenó una primera tanda de denuncias por usurpación de terrenos municipales, que finalmente fue archivada por la justicia.
La jueza dictaminó que, además de existir acuerdos verbales con algunos propietarios que cedían sus pastos, el verdadero problema radicaba en la ausencia de una Ordenanza Municipal que regule el aprovechamiento de pastos comunales en el pueblo. Este vacío legal se convirtió en el argumento principal del ganadero para defender su posición, aunque también presentó una contrademanda contra el alcalde por presuntos delitos de daños, prevaricación y abuso de poder.
El alcalde, Alexandre Bertín Satue Lobo del PSOE, ha intentado mediar en la situación, pero reconoce que sus facultades son limitadas sin la normativa adecuada. La tensión alcanzó su punto crítico a finales de 2023, cuando el ganado comenzó a adentrarse en el casco urbano y a cruzar la carretera principal, poniendo en riesgo la seguridad vial y la convivencia pacífica.
Las quejas de los 24 vecinos firmantes describen una situación insostenible: las vacas dejan excrementos en las calles, destrozan arbustos, olivos y hasta árboles protegidos. Incluso se han atrevido a morder las luces navideñas del pueblo. Los residentes aseguran sentir "temor y miedo a salir de casa", una expresión que refleja la gravedad de un problema que va más allá de lo meramente anecdótico.
El ganadero, por su parte, se ampara en la resolución judicial y mantiene que los animales están en terrenos que tiene alquilados o que le han sido cedidos por otros vecinos. Sin embargo, se contradice cuando sugiere que quienes no quieren que las vacas entren en sus propiedades deberían alambrarlas por su cuenta, un argumento que choca frontalmente con la legislación vigente sobre tenencia de ganado.
"Mientras no haya Ordenanzas, no pueden decirme nada", reitera el vaquero, desafiando a las autoridades locales a que redacten la normativa. "Y si no las hacen bien, se las recurriré", advierte, mostrando su disposición a prolongar el conflicto por la vía legal.
La situación ha escalado hasta el punto de que la Guardia Civil ha aumentado su presencia en el municipio, mientras la Confederación Hidrográfica del Duero prepara una multa por los daños ambientales. El alcalde ha presentado otra denuncia advirtiendo de que el ganado transita por la zona donde se ubica la poza de filtración del agua para consumo humano, poniendo en riesgo la salud pública.
Los enfrentamientos verbales entre el ganadero y los vecinos denunciantes se han convertido en algo habitual, rompiendo el tejido social de una comunidad que, por su reducido tamaño, depende de la buena vecindad para su supervivencia. El miedo a las represalias y la polarización del pueblo son evidentes.
Este caso pone de manifiesto los desafíos de la convivencia en el medio rural, donde las tradiciones ganaderas chocan con las necesidades de seguridad y salubridad de la población. La falta de planificación municipal y la ausencia de normativas claras han permitido que una situación que podría haberse resuelto administrativamente se convierta en un conflicto judicial con múltiples denuncias cruzadas.
Mientras tanto, en Molezuelas de la Carballeda las vacas siguen siendo las protagonistas indeseadas de un drama que nadie sabe cuándo terminará. Los vecinos esperan una solución urgente que les devuelva la tranquilidad, el ganadero defiende su derecho a pastorear, y las autoridades buscan la forma de aplicar la ley en un territorio donde la normativa escasea. La lección es clara: en la España rural, la ordenanza municipal puede ser la diferencia entre la convivencia pacífica y el caos
El tiempo apremia. Con la llegada del buen tiempo, el ganado estará más activo y las tensiones podrían agravarse si no se encuentra una solución definitiva. La administración local trabaja en la redacción de la tan necesaria ordenanza, pero el proceso es lento y los vecinos ya no pueden esperar más. La historia de Molezuelas de la Carballeda es un recordatorio de que, a veces, los problemas más complejos tienen soluciones aparentemente simples: diálogo, normativa clara y voluntad de cumplirla por todas las partes.