Nuevo descarrilamiento en Irún por rotura de vía, mismo problema que Adamuz

Un tren de mercancías con material peligroso sufrió un incidente en la estación de Belaskoenea, reavivando las críticas al sistema ferroviario español.

El sistema ferroviario español vuelve a ser noticia por los motivos equivocados. Un nuevo incidente protagonizado por un tren de mercancías ha puesto de manifiesto las deficiencias estructurales que parecen afectar a la red, apenas tres semanas después de la tragedia de Adamuz. El pasado viernes, en la estación de Belaskoenea de Irún, un convoy de Renfe que transportaba material clasificado como peligroso sufrió un descarrilamiento que, afortunadamente, no causó víctimas pero que ha reabierto el debate sobre la seguridad y la transparencia en la gestión de las infraestructuras.

El suceso ocurrió pasadas las diez y media de la noche del viernes, cuando el tren de mercancías circulaba por las instalaciones de la localidad guipuzcoana. Según las primeras informaciones, la causa del incidente fue la rotura de una vía, un fallo mecánico que resulta especialmente preocupante por su similitud con lo ocurrido en Córdoba. En aquella ocasión, la fractura de un carril provocó el descarrilamiento de un tren de pasajeros de Iryo con consecuencias fatales: 46 personas perdieron la vida.

Lo más alarmante de este nuevo episodio es que el convoy transportaba mercancías peligrosas de carácter inflamable. Aunque finalmente no se produjo ninguna fuga ni incendio, las fuentes consultadas destacan que la situación pudo haber sido mucho más grave. El tren se salió del carril roto pero no llegó a volcar, lo que evitó un desenlace peor. Sin embargo, el mero hecho de que circulen este tipo de materiales por vías que presentan fallos estructurales pone en cuestión los protocolos de seguridad y mantenimiento.

La reacción ante el incidente fue rápida. Un equipo de técnicos se desplazó de inmediato a la zona y comenzó las labores de reparación esa misma noche. Para el sábado por la mañana, la circulación ya se había restablecido con total normalidad. Esta celeridad en la respuesta contrasta, sin embargo, con la falta de comunicación oficial sobre lo sucedido. El incidente no fue difundido a través de los canales habituales de ADIF, el administrador de infraestructuras ferroviarias, con el argumento de que no afectó a los servicios de pasajeros ni causó retrasos.

Este hermetismo ha sido una constante en la gestión del Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente. El departamento ha preferido mantener un perfil bajo ante este tipo de incidentes, una actitud que genera recelo entre los usuarios y los expertos del sector. La falta de transparencia resulta especialmente llamativa cuando se comparan los discursos oficiales con la realidad sobre el terreno. Tras el accidente de Adamuz, el ministro habló de una 'reforma integral' de la vía, pero los hechos parecen demostrar que los problemas sistémicos persisten.

Desde la Red Ferroviaria Vasca han confirmado que el incidente tuvo lugar en la estación de Belaskoenea, que gestionan, pero han precisado que la rotura se produjo en la red de ADIF, es decir, en la infraestructura estatal. Este matiz es importante porque evidencia las complejidades de la gestión de una red ferroviaria fragmentada entre diferentes administraciones. Los intentos de este periódico por obtener información detallada del administrador de infraestructuras no han tenido respuesta.

Los técnicos que han analizado los restos apuntan a que el problema pudo originarse en la rotura de una soldadura del carril. Esta hipótesis, si se confirma, sería una réplica exacta de lo ocurrido en Adamuz. La soldadura entre tramos de vía es un punto crítico que requiere inspecciones periódicas y mantenimiento riguroso. El hecho de que dos incidentes similares hayan ocurrido en tan poco tiempo sugiere posibles deficiencias en los protocolos de revisión.

En cuanto a las investigaciones, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) no ha abierto ningún expediente específico para este caso. Actualmente, el organismo tiene siete investigaciones abiertas, entre ellas la de Adamuz, que se inició la misma noche del siniestro. Los restos de la vía rota y otros materiales relevantes para las pesquisas están siendo analizados en un laboratorio especializado de Madrid.

El incidente de Irún se suma a una serie de contratiempos que han marcado la gestión de Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes. Justo cuando anunciaba un acuerdo con los sindicatos mayoritarios de maquinistas para poner fin a una huelga de tres días, este nuevo descarrilamiento pone de relieve la fragilidad del sistema. La coincidencia temporal resulta incómoda para un ejecutivo que intenta proyectar una imagen de control y eficiencia.

Los expertos del sector ferroviario advierten que estos incidentes, aunque no causen víctimas, son síntomas de un problema más profundo. El envejecimiento de la red, la falta de inversión en mantenimiento preventivo y la gestión fragmentada entre administraciones crean un caldo de cultivo para este tipo de fallos. La rotura de una soldadura no es un accidente fortuito, sino el resultado de un proceso de degradación que debería haberse detectado con antelación.

La seguridad ferroviaria en España ha sido tradicionalmente un modelo a seguir, pero estos últimos incidentes generan dudas sobre el estado real de las infraestructuras. La confianza de los usuarios se basa no solo en la ausencia de accidentes, sino en la percepción de que se están tomando todas las medidas necesarias para prevenirlos. El hermetismo informativo del Ministerio erosiona esa confianza y alimenta la especulación.

En el caso específico de Irún, la rápida intervención y la normalización del servicio son positivas, pero no deben servir para minimizar la gravedad del incidente. Transportar mercancías peligrosas por vías con fallos estructurales es una irresponsabilidad que no puede quedar impune. Se necesita una investigación exhaustiva que determine las causas exactas y establezca responsabilidades claras.

El futuro del transporte ferroviario en España pasa por una apuesta decidida por el mantenimiento, la transparencia y la coordinación entre administraciones. Mientras se anuncian grandes proyectos de alta velocidad, las vías convencionales, por donde circula la mayoría de trenes de mercancías y muchos de pasajeros, parecen abandonadas a su suerte. Esta dualidad es insostenible y pone en riesgo la seguridad de todos.

El descarrilamiento de Irún, por fortuna sin víctimas, debe servir como punto de inflexión. No puede tolerarse que los mismos fallos técnicos se repitan una y otra vez. La memoria de las víctimas de Adamuz exige que se tomen medidas drásticas para garantizar que la red ferroviaria es segura. La alternativa es seguir jugando a la ruleta rusa con la seguridad de los viajeros y la población que vive cerca de las vías.

Referencias