Elecciones Castilla y León 2025: PP lidera encuestas pero Vox marca récord histórico

Los ciudadanos votan el 15 de marzo en una cita decisiva donde la derecha podría alcanzar 48 escaños y el partido de Abascal rozaría el 20% de los votos

El próximo 15 de marzo, los habitantes de Castilla y León participarán en un proceso electoral que se perfila como uno de los más determinantes para la región en los últimos años. Esta convocatoria se enmarca en un contexto de intensa actividad democrática, convirtiéndose en la tercera cita electoral autonómica que se celebra en menos de noventa días, tras las recientes experiencias en Extremadura y Aragón. La rapidez con la que se suceden estos comicios refleja la inestabilidad política que caracteriza el actual ciclo electoral español, donde las mayorías absolutas se han convertido en una quimera y los pactos postelectorales son la norma.

La cita electoral adquiere una relevancia especial para el Partido Popular, que bajo el liderazgo de Alfonso Fernández Mañueco aspira a consolidar su proyecto de gobierno. Tras superar una legislatura marcada por desafíos institucionales sin precedentes, incluyendo la ruptura con su socio de coalición Vox y la consecuente imposibilidad de aprobar los presupuestos para los ejercicios 2025 y 2026, el presidente autonómico confía en obtener un respaldo más sólido que le permita gobernar con mayor margen de maniobra. La gestión de Mañueco durante esta crisis, caracterizada por su habilidad para mantenerse en el poder pese a la falta de apoyo parlamentario estable, será sometida a juicio popular.

En el bando socialista, la apuesta recae en Carlos Martínez, veterano alcalde de Soria desde 2007 y una de las figuras más reconocidas del PSOE regional. Su candidatura representa una apuesta por la experiencia municipal, el conocimiento profundo del territorio rural y la capacidad de diálogo. Con Soria como bastión, Martínez busca revertir la tendencia a la baja del socialismo en la región y presentar una alternativa creíble al proyecto del PP, capitalizando el desgaste que supone para los populares haber tenido que gestionar una legislatura en minoría.

Sin embargo, la gran incógnita y el factor que puede alterar sustancialmente el tablero político es Vox. La formación de extrema derecha, que probablemente presentará como cabeza de cartel a Carlos Pollán, actual presidente de las Cortes autonómicas, se perfila para obtener un resultado histórico. Según los datos disponibles, la formación que lidera Santiago Abascal a nivel nacional podría alcanzar por primera vez en esta comunidad el 20% de los sufragios, una cifra sin precedentes para ellos en territorio castellano-leonés y que les convertiría en actor indispensable para cualquier gobierno de derechas.

Los sondeos publicados hasta el momento dibujan un escenario con el Partido Popular a la cabeza, pero con matices importantes que no permiten hablar de victoria clara. La ventaja que tendría Mañueco sobre sus rivales socialistas se situaría en torno a los 4,3 puntos porcentuales, con una estimación de voto del 32,7% para los populares frente al 28,4% que obtendría el PSOE. Estos números, lejos de garantizar una mayoría absoluta, obligan a seguir dependiendo de pactos postelectorales, perpetuando la dinámica de los últimos años.

El dato más llamativo sin duda es el ascenso vertiginoso de Vox, que con ese hipotético 20% de apoyo no solo se consolidaría como tercera fuerza política, sino que prácticamente duplicaría su representación anterior. Este crecimiento se produce en un contexto nacional donde la formación ha conseguido resultados destacados en otras comunidades, como la reciente duplicación de su representación en Aragón, lo que la convierte en un actor clave para la conformación de futuros gobiernos. La capacidad de Vox para capitalizar el descontento con la política tradicional y su discurso nacionalista español encuentran terreno fértil en una región con fuerte identidad castellana.

En cuanto a las restantes formaciones, los datos reflejan una fragmentación del voto y dificultades para superar los umbrales necesarios. Tanto Podemos como UPL, Ciudadanos, Soria Ya y Por Ávila se situarían en un estrecho margen entre el 4% y el 1% de los votos, lo que les complicaría obtener representación significativa en las Cortes regionales. Esta atomización del voto de las formaciones minoritarias beneficia indirectamente a los grandes partidos y dificulta la entrada de nuevas fuerzas en el panorama institucional.

La traducción de estos porcentajes a escaños confirma la tendencia a la derecha del electorado castellano-leonés. El Partido Popular, con 32 escaños, solo aumentaría en uno su representación actual, quedándose a una distancia considerable de la mayoría absoluta, que requiere 42 diputados. Por su parte, el PSOE experimentaría un retroceso de tres escaños, pasando de 28 a 25 representantes, lo que representaría su peor resultado en esta autonomía en las últimas décadas.

El gran beneficiado en términos de representación sería Vox, que saltaría de 13 a 16 parlamentarios, un incremento de tres escaños que le otorgaría un peso decisivo en la configuración del próximo gobierno. Según el análisis de SyM Consulting, este crecimiento permitiría a la formación sumar un nuevo procurador en cada provincia, con la excepción de Ávila y Burgos. Esta expansión territorial demuestra que Vox ya no es una fuerza residual en las capitales, sino que tiene capacidad para penetrar en el voto rural y en provincias tradicionalmente conservadoras.

Este escenario dibuja una hegemonía clara de las fuerzas de derechas, que sumarían un total de 48 escaños de los 82 disponibles en la Cámara autonómica. Una cifra que supera holgadamente la mayoría absoluta, pero que requiere la suma de PP y Vox, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de entendimiento entre ambas formaciones tras la ruptura sufrida en esta legislatura. La experiencia reciente, donde las diferencias en políticas sociales y de gestión de la pandemia provocaron el divorcio, sugiere que cualquier futuro acuerdo será complejo y exigirá concesiones significativas por ambas partes.

El contexto de estas elecciones no puede desvincularse de la dinámica nacional. El resultado en Castilla y León servirá como termómetro para medir la fortaleza del PP de Alberto Núñez Feijóo y la capacidad de Vox para mantener su crecimiento en las comunidades donde ya tiene presencia institucional. Asimismo, reflejará la capacidad del PSOE de Pedro Sánchez para resistir el desgaste del gobierno de coalición en Madrid y capitalizar las políticas de recuperación económica. Los analistas políticos consideran que un mal resultado del PSOE en esta cita podría presionar para un adelanto electoral general.

La metodología de los sondeos, realizados entre el 25 de noviembre y el 1 de diciembre con una muestra de 980 encuestas válidas por cada una de las nueve provincias, garantiza una representatividad territorial completa. Este diseño permite captar las particularidades de cada demarcación, desde las más pobladas como Valladolid y León hasta las menos densas como Soria y Zamora. La robustez de la muestra, con más de 8.800 entrevistas en total, proporciona un margen de error que sitúa estas predicciones en un nivel de confianza del 95%.

La campaña electoral, que se intensificará tras la publicación oficial de las candidaturas el próximo 11 de febrero en el Boletín Oficial de Castilla y León, se desarrollará en un clima de máxima expectación. Los ciudadanos deberán decidir no solo quién gobernará durante los próximos cuatro años, sino también qué modelo de coalición prefieren para la región. Las propuestas en materia de sanidad, educación, políticas agrarias y gestión del agua serán centrales en el debate, especialmente en un territorio donde la despoblación y el envejecimiento demográfico son desafíos estructurales.

Expertos políticos consultados señalan que la clave de estas elecciones residirá en la movilización del voto rural y en la capacidad de los partidos para articular propuestas creíbles para el medio rural. Castilla y León, con una densidad de población de apenas 26 habitantes por kilómetro cuadrado, presenta una realidad demográfica que exige soluciones específicas y donde el voto de los municipios pequeños puede ser decisivo. La capacidad de Vox para penetrar en este territorio, tradicionalmente dominado por el PP, será uno de los factores más observados.

La decisión electoral del 15 de marzo trascenderá más allá de las fronteras autonómicas. Con una participación que se previole elevada, superando probablemente el 65% del censo, el resultado determinará si Mañueco consolida su liderazgo, si Martínez logra revertir la tendencia socialista a la baja, o si Pollán consolida a Vox como fuerza imprescindible. Lo que ocurra en estas urnas marcará sin duda la agenda política española en los próximos meses y condicionará las estrategias de todos los actores de cara a las elecciones generales previstas para finales de 2027.

En definitiva, las elecciones de Castilla y León 2025 se presentan como un auténtico pulso a la gobernabilidad de la región. La victoria del PP parece probable según los datos, pero la magnitud de esa victoria y la fuerza que alcance Vox determinarán si Mañueco puede gobernar solo o deberá buscar nuevamente el apoyo de la formación de Abascal. La incógnita sobre la capacidad de diálogo entre ambas formaciones, tras una legislatura de ruptura y enfrentamientos, mantendrá en vilo a los mercados y a los ciudadanos hasta que se cierren los colegios electorales el 15 de marzo.

Referencias