El ocaso del Partido Aragonés: de gobernar la comunidad a desaparecer del parlamento

El PAR, formación clave en la política aragonesa durante cuatro décadas, pierde su representación institucional tras 42 años de historia

Las elecciones autonómicas anticipadas de Aragón han sellado el destino de una de las formaciones más longevas e influyentes de la comunidad. El Partido Aragonés, conocido también por sus siglas PAR, ha visto cómo su presencia en las Cortes se evaporaba completamente, poniendo fin a una trayectoria de más de cuatro décadas en las instituciones. Este resultado representa el capítulo final de una historia que combina épocas de esplendor con un declive progresivo que parecía inevitable.

El nacimiento del PAR se remonta a las primeras elecciones autonómicas de 1983, cuando la formación regionalista irrumpió con fuerza en el panorama político aragonés. En aquella cita electoral, la formación obtuvo unos resultados más que respetables: 123.494 votos, el 20,46% del total y 13 escaños. Aunque no le alcanzó para acceder al gobierno, ese resultado sentó las bases de lo que vendría después, consolidando al PAR como la tercera fuerza política de la comunidad y la representante del aragonismo institucional.

El verdadero momento de gloria llegó cuatro años después, en 1987, bajo la batuta de Hipólito Gómez de las Roces. Aquellas elecciones representaron el techo electoral de la formación, que alcanzó los 179.732 sufragios, el 28,23% de los votos y 19 diputados. Con estos números, el PAR no solo se convirtió en la fuerza más votada, sino que Gómez de las Roces accedió a la Presidencia del Gobierno autonómico. Durante dos años gobernó en solitario, marcando una etapa de máximo esplendor para el aragonismo político. Sin embargo, la necesidad de estabilidad le obligó posteriormente a integrar al Partido Popular en su ejecutivo, una alianza que en la actualidad resulta inconcebible dadas las circunstancias políticas.

La década de los noventa marcó el inicio de un declive que, aunque lento, resultó imparable. El primer gran golpe llegó con el conocido como Gomarcazo, una moción de censura promovida por el PSOE y apoyada por un diputado tránsfuga del PP que desbancó al PAR del poder. Emilio Eiroa, entonces presidente aragonesista, vio cómo su gobierno caía de manera inesperada, inaugurando una nueva etapa para la formación regionalista.

A partir de ese momento, el PAR fue perdiendo fuelle electoral, pero supo reinventarse como partido bisagra, convirtiéndose en el elemento clave para la gobernabilidad de Aragón. Esta nueva identidad le permitió mantenerse relevante durante años, siendo el apoyo necesario tanto para gobiernos del PSOE como del PP. Los aragonesistas formaron parte de ejecutivos encabezados por Marcelino Iglesias y Luisa Fernanda Rudi, demostrando una capacidad de adaptación que les convirtió en el clavijo del sistema político autonómico.

La crisis más reciente del partido se aceleró en los últimos años. En 2023, la formación ya estuvo a punto de desaparecer del parlamento, pero consiguió mantener un único escaño. Este resultado coincidió con una profunda crisis interna derivada de los problemas judiciales que afectaron a su entonces líder, Arturo Aliaga. La situación se resolvió con la llegada de Alberto Izquierdo a la cabeza del partido a finales de 2025, pero el daño institucional ya estaba hecho.

La evolución electoral del PAR refleja claramente su declive: de los 19 escaños de 1987 pasó a 6 en 2015, 3 en 2019 y solo 1 en 2023. Ahora, en estas últimas elecciones, la formación ha quedado fuera por completo del parlamento autonómico, perdiendo su condición de fuerza política con representación institucional.

Esta desaparación tiene consecuencias significativas para el sistema político aragonés. Durante décadas, el PAR actuó como elemento de equilibrio, permitiendo tanto al PSOE como al PP gobernar con estabilidad. Incluso en momentos de gran complejidad, como durante el cuatripartito de Javier Lambán que incluía a CHA y Podemos, el PAR demostró su utilidad como pieza de estabilidad.

Ahora, sin este clavico del sistema, el nuevo presidente Jorge Azcón se enfrenta a un panorama más complejo. La desaparición del PAR le deja sin un aliado natural y le obliga a soportar la presión de un Vox envalentonado que ha duplicado su representación en las Cortes. La ausencia de una fuerza regionalista moderada en el centro del espectro político modifica sustancialmente las dinámicas de poder en Aragón.

La historia del Partido Aragonés es, en definitiva, la historia de una formación que nació con fuerza, alcanzó el poder, supo adaptarse a los tiempos cambiantes reinventándose como partido bisagra, pero que finalmente no pudo resistir el embate de una crisis interna y un declive electoral que parecía irreversible. Su desaparición de las instituciones marca el fin de una era en la política aragonesa y deja un vacío difícil de llenar en el centro del tablero político autonómico.

Referencias