La formación política Podemos ha hecho pública su autocrítica tras los resultados obtenidos en las elecciones autonómicas de Aragón, donde reconocen haber sufrido un revés significativo. El secretario de Organización del partido, Pablo Fernández, ha sido contundente al calificar los números como «evidentemente muy malos», asumiendo personalmente las consecuencias de esta derrota electoral.
En una rueda de prensa celebrada tras conocerse los datos definitivos, Fernández no ha eludido responsabilidades. «Si buscan responsables, yo soy el secretario de Organización. Puedo asumir la situación sin ningún tipo de problema», declaró, en defensa de la candidata morada María Goikoetxea. Sin embargo, dejó claro que esta asunción de culpa no implica su dimisión, sino que representa un compromiso con la reconstrucción del proyecto.
El dirigente atribuyó el mal desempeño a las condiciones complicadas que precedieron la cita electoral, especialmente las disputas internas que sacudieron la estructura territorial del partido en Aragón. «Lo intentamos. En Extremadura sí fraguó y se dio un buen resultado dentro de la catástrofe. Y lo intentamos en Aragón y Castilla y León. En estas dos no fue posible», explicó, reconociendo las dificultades específicas de cada territorio.
Uno de los problemas estructurales que Fernández identificó como crítico es la escasa implantación territorial que actualmente presenta Podemos. Esta carencia, según sus palabras, constituye una de las «mayores debilidades» de la formación y limita seriamente su capacidad de competir en comicios autonómicos. A pesar de este diagnóstico, el portavoz mantuvo un tono combativo: «Cuando uno se cae, tiene que levantarse y continuar. Vamos a seguir peleando y luchando por poner a la izquierda en pie».
La perspectiva de futuro, según Fernández, no se ve obstaculizada por este revés. Aseguró que Aragón «no es óbice para que en futuros comicios sigamos articulando candidaturas homogéneas». Esta declaración sugiere que Podemos mantendrá su estrategia de confluencia pese a la debilidad territorial actual. Curiosamente, aunque reconoce su posición de debilidad, la formación no renuncia a seguir imponiendo sus exigencias: el veto a Movimiento Sumar, el partido liderado por Yolanda Díaz, sigue vigente, al igual que su pretensión de encabezar los procesos electorales.
Por su parte, Izquierda Unida ha vivido una jornada de satisfacción moderada. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, celebró que su partido haya logrado mantener su único escaño en las Cortes aragonesas, precisamente gracias a la coalición con Movimiento Sumar. Esta representación, ahora en manos de Marta Abengochea, contrasta con la situación de Podemos y demuestra, según Maíllo, la fortaleza de su organización.
«Partíamos de un escenario que no era atractivo», reconoció el líder de IU, aludiendo a la fragmentación del espacio político de izquierdas. No obstante, aseguró que IU «resiste» porque posee «una base muy sólida». Esta afirmación subraya la diferencia estratégica entre ambas formaciones: mientras Podemos se ve aquejado por problemas de estructura territorial, IU se apoya en su implantación histórica.
Respecto a la presencia de Sumar en la coalición, Maíllo fue tajante: nadie «resta» ni «sobra» en la tarea de evitar que la extrema derecha siga creciendo. «Vamos a incorporar a todos los que quieran. Uno con más modestia y otros con menos, pero nunca en clave de veto porque nunca lo hemos hecho», declaró, lanzando un mensaje directo a sus socios potenciales. La lección fundamental, según su visión, es que «todos somos imprescindibles y nadie solo es suficiente».
La coordinadora general de Movimiento Sumar, Lara Hernández, también se mostró satisfecha con el resultado obtenido. Desde su perspectiva, el partido de la vicepresidenta segunda desempeñó un papel fundamental para que IU pudiera retener su representación, a pesar de no contar con una estructura territorial consolidada en la región. «Si no hubiéramos ido juntos, no hubiéramos tenido representación», señaló Hernández, vanagloriándose de la importancia de la coalición.
Esta declaración pone de manifiesto la dependencia estratégica que ha establecido IU con Sumar, al menos en territorios donde la presencia de este último partido es incipiente. La colaboración, que no ha logrado sumar apoyos significativos en términos absolutos, sí ha permitido mantener la representatividad mínima de la izquierda parlamentaria en Aragón.
El contraste entre las posturas de Podemos e IU deja ver las fracturas internas del espacio progresista español. Mientras la formación morada insiste en su veto a Sumar y en liderar cualquier proceso de unidad, IU aboga por la inclusión sin exclusiones. Esta divergencia estratégica complica la construcción de una alternativa de izquierdas sólida de cara a futuros procesos electorales, tanto autonómicos como estatales.
La situación en Aragón refleja un problema más amplio: la dificultad de articular proyectos conjuntos en un escenario de creciente fragmentación. La competencia por el liderazgo, las diferencias ideológicas y organizativas, y la ausencia de una hoja de ruta compartida debilitan el potencial electoral de las fuerzas progresistas. Esto ocurre mientras la derecha y la extrema derecha consolidan su base electoral con mensajes más homogéneos.
Para Podemos, el desafío inmediato es reconstruir su tejido territorial sin perder su identidad política. La autocrítica de Fernández, si bien sincera, debe traducirse en medidas concretas que fortalezcan la presencia de la formación en las calles y en los territorios donde históricamente ha tenido escasa penetración. La retórica de la resistencia necesita acompañarse de una estrategia de reorganización clara.
IU, por su parte, debe decidir si su alianza con Sumar es una táctica coyuntural o una apuesta estratégica de largo plazo. La celebración de Maíllo por mantener un escaño, aunque legítima, no oculta la necesidad de crecer electoralmente. La coalición ha servido para no desaparecer del mapa parlamentario, pero el objetivo final debe ser ampliar la representación, no solo preservarla.
El papel de Yolanda Díaz y Sumar como potencial aglutinante sigue siendo incierto. Mientras algunos sectores ven en su proyecto la única vía viable para la unidad, otros, como Podemos, mantienen una postura de rechazo frontal. Esta tensión limita la capacidad de Sumar para presentarse como una alternativa real al PSOE en la zona progresista del espectro político.
De cara a las próximas citas electorales, la lección de Aragón es clara: la unidad sin estrategia común es insuficiente, pero la división es electoralmente suicida. Las fuerzas de izquierda deben encontrar un equilibrio entre la defensa de sus identidades y la construcción de propuestas compartidas que respondan a las demandas ciudadanas. La alternativa es la irrelevancia política progresiva.
El escenario postelectoral en Aragón deja preguntas sin respuesta. ¿Podrá Podemos reconstruirse territorialmente sin aliarse con Sumar? ¿Será IU capaz de crecer manteniendo su alianza actual? ¿Logrará Sumar consolidarse como referente de la unidad progresista? Mientras estas incógnitas se resuelven, el tiempo electoral avanza y la ciudadanía observa con preocupación la incapacidad de la izquierda para articular una alternativa creíble y cohesionada.