La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha anunciado una serie de movimientos estratégicos dentro de la administración que consolidan el poder de las figuras más cercanas al chavismo. En un contexto de transición política que se extiende desde la salida de Nicolás Maduro del poder, el Ejecutivo ha decidido reforzar sus filas con nombramientos que reflejan una apuesta por la continuidad ideológica y el control familiar de los cargos clave.
El nombramiento más destacado recae sobre Daniella Cabello Contreras, quien asumirá las riendas del Ministerio de Turismo a sus 33 años. Esta decisión no solo representa un ascenso para la joven política, sino que también simboliza el fortalecimiento de la influencia de su padre, Diosdado Cabello, considerado uno de los pilares más sólidos de la cúpula gubernamental. La designación se produjo mediante un anuncio oficial donde Rodríguez enfatizó la necesidad de una Venezuela abierta al mundo, utilizando precisamente el lema que ha acompañado la gestión de la nueva ministra en sus cargos anteriores.
La trayectoria de Daniella Cabello dentro del aparato estatal no es nueva. Durante los últimos dos años, ha estado al frente del Instituto Marca País y la Agencia Venezolana de Promoción de Exportaciones, instituciones clave para la proyección internacional de Venezuela. Sin embargo, su perfil público trasciende lo administrativo. Militante activa de las juventudes del PSUV, la nueva ministra ha construido una imagen que combina política, entretenimiento y redes sociales, posicionándose como una influencer digital que comparte aspectos de su vida personal y su pasión por el pádel.
Su carrera artística, aunque breve, también formó parte de su formación pública. Daniella incursionó como cantante y, paralelamente, desempeñó funciones de producción en el programa Con el mazo dando, el espacio televisivo que conduce su padre y que sirve como plataforma de difusión de la narrativa oficialista. Este background en comunicación y medios parece haberle proporcionado las herramientas para gestionar la imagen del país desde el sector turístico.
El matrimonio con el reguetonero Omar Acedo, compositor habitual de las campañas propagandísticas del Gobierno, cierra el círculo de su integración al entorno más cercano del poder. Esta red de relaciones personales y familiares ha sido un patrón recurrente en la configuración del Estado venezolano en las últimas dos décadas.
El ascenso de Cabello Contreras no está exento de complicaciones internacionales. Desde noviembre de 2024, su nombre figura en la lista de sancionados del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que le impuso restricciones junto a otros funcionarios venezolanos. Las medidas, dictadas durante la administración de Joe Biden, respondían a presuntos actos de represión durante las protestas que cuestionaron los resultados electorales del pasado año. En ese mismo grupo de sancionados se encuentra Alexis Rodríguez Cabello, jefe de inteligencia y primo de Diosdado Cabello, lo que evidencia la amplitud del escrutinio estadounidense sobre el entorno familiar.
La situación de su padre, Diosdado Cabello, es aún más compleja. Sancionado desde hace años, en 2025 Washington ofrecía una recompensa de 25 millones de dólares por información que condujera a su captura, lo que convierte a la familia en uno de los blancos principales de la presión internacional contra el régimen.
En el cargo de ministra de Turismo, Daniella Cabello sustituye a Leticia Gómez, una funcionaria cubana que había sido designada por Maduro durante la reestructuración posterior a las elecciones presidenciales de julio de 2024. Gómez, considerada una aliada cercana a la familia Cabello y especialmente a Marley Contreras, esposa de Diosdado, había desempeñado previamente el mismo cargo. Su salida coincide con un momento de tensión en la relación bilateral con Cuba, que se ha visto afectada por los nuevos bloqueos impuestos por Donald Trump tras el 3 de enero.
El reemplazo de una funcionaria cubana por una figura venezolana con sólidas conexiones familiares en el poder podría interpretarse como una reafirmación de la autonomía en la toma de decisiones internas, aunque sin romper los lazos estratégicos con La Habana, fundamentales para la supervivencia política de ambos regímenes.
En la misma jornada, Delcy Rodríguez anunció otro movimiento de gran relevancia diplomática. El excanciller Félix Plasencia fue designado como representante diplomático de Venezuela ante Estados Unidos. Actualmente embajador en el Reino Unido, Plasencia es un hombre de extrema confianza de la presidenta encargada y ha participado activamente en las negociaciones internacionales que han marcado la transición política venezolana.
El canciller Yvan Gil confirmó la noticia: "Nuestra presidenta encargada ha designado a nuestro embajador Félix Plasencia como representante diplomático ante los Estados Unidos y estará instalándose con su equipo en los próximos días". Este nombramiento sugiere una apuesta por la continuidad en la política exterior, ya que Plasencia conoce a fondo los mecanismos de la diplomacia internacional y mantiene relaciones establecidas con actores clave.
La decisión de enviar a un representante de tal nivel a Washington indica la intención de mantener canales de comunicación abiertos con la administración Trump, a pesar de las profundas diferencias ideológicas y las sanciones que pesan sobre gran parte del liderazgo venezolano. La experiencia de Plasencia en el Reino Unido, donde ha logrado mantener una presencia diplomática activa, podría resultar valiosa en el complejo escenario bilateral con Estados Unidos.
Estos cambios en el Gabinete ocurren en un momento crítico. A un mes de la intervención militar estadounidense y la detención de Maduro y Cilia Flores, quienes aguardan juicio en una prisión neoyorquina, el Gobierno encargado busca consolidar su legitimidad interna y proyectar estabilidad externa. La combinación de lealtades familiares y políticas en los nuevos nombramientos revela una estrategia de supervivencia que prioriza el control sobre la apertura.
La designación de Daniella Cabello, en particular, envía múltiples señales. Por un lado, premia la lealtad de una de las familias más comprometidas con el proyecto chavista. Por otro, introduce una figura joven que combina gestión pública con manejo de imagen y redes sociales, habilidades consideradas esenciales para la promoción turística en la era digital. Sin embargo, su presencia en la lista de sancionados estadounidenses complica las posibilidades de atraer inversión y turismo de mercados clave.
El futuro inmediato de estas decisiones dependerá de la capacidad del nuevo equipo para navegar entre las presiones internacionales y las necesidades de una economía que necesita urgentemente diversificar sus fuentes de ingresos. El turismo, sector que históricamente ha sido marginal en Venezuela comparado con la industria petrolera, podría convertirse en una válvula de escape para generar divisas y mejorar la imagen del país, siempre que las restricciones externas lo permitan.
Mientras tanto, la presencia de Plasencia en Washington será observada con lupa por analistas y diplomáticos. Su misión no será sencilla: representar a un Gobierno sancionado ante una administración que ha mostrado disposición a usar herramientas de presión máxima. La experiencia acumulada en Londres y su cercanía con Rodríguez serán sus principales activos en esta tarea.
Los próximos movimientos del Ejecutivo venezolano definirán si esta reestructuración consolida el poder actual o genera nuevas tensiones tanto dentro del chavismo como en la escena internacional. Lo que está claro es que la centralización del poder en torno a figuras familiares y leales continúa siendo la constante en la política venezolana, incluso en medio de una de las crisis más profundas de su historia reciente.