La viruela del mono vuelve a ser noticia en el territorio gallego tras la confirmación oficial de un nuevo brote epidémico que ha afectado a nueve personas en las últimas semanas. El Servicio Gallego de Salud (Sergas) ha hecho pública esta información a través de la Consellería de Sanidade, dirigida por Antonio Gómez Caamaño, alertando sobre la necesidad de extremar las precauciones, especialmente en el ámbito de las relaciones personales y las prácticas de riesgo.
El periodo de vigilancia se extiende desde mediados de diciembre de 2025 hasta finales de enero de 2026, un intervalo que ha permitido identificar y confirmar los nueve casos positivos. La distribución geográfica muestra una clara concentración en la provincia de A Coruña, donde se han registrado siete de los contagios, mientras que los dos restantes corresponden a la provincia de Pontevedra. Esta distribución territorial ha llevado a las autoridades sanitarias a intensificar la vigilancia epidemiológica en ambas zonas.
Uno de los aspectos más llamativos de este brote es la dificultad para establecer un origen común claro que explique todos los contagios. Las investigaciones epidemiológicas han logrado vincular dos de los casos a una sauna ubicada en A Coruña, establecimiento que ya ha sido objeto de seguimiento y medidas de control. Sin embargo, el resto de los infectados presenta conexiones con locales de ocio situados fuera de la comunidad autónoma, lo que complica el rastreo de la cadena de transmisión y la identificación de un único foco contaminante.
Ante esta situación, la Consellería de Sanidade ha lanzado un mensaje contundente a la población: la prevención es la mejor herramienta para contener la expansión del virus. Las autoridades sanitarias han puesto especial énfasis en la adopción de prácticas sexuales seguras, el uso correcto y consistente del preservativo, y la importancia de la vacunación preventiva para las personas que pertenecen a grupos de riesgo. La detección temprana de síntomas y lesiones compatibles con la enfermedad se considera fundamental para evitar nuevos contagios.
La viruela del mono, también conocida como mpox, es una enfermedad viral zoonótica que se transmite principalmente a través del contacto estrecho con lesiones cutáneas, fluidos corporales o materiales contaminados. Aunque la vía de transmisión sexual ha sido una de las más destacadas en los brotes recientes, el virus también puede propagarse mediante contacto físico prolongado y superficies infectadas. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, ganglios linfáticos inflamados y una erupción característica que evoluciona desde manchas hasta vesículas y costras.
El protocolo de actuación del Sergas se activa de manera inmediata tras la notificación de cualquier caso sospechoso o confirmado. Este procedimiento estandarizado incluye la recogida de muestras biológicas para el análisis virológico y la identificación de la variante concreta del virus. Paralelamente, se establecen pautas estrictas de aislamiento para las personas afectadas, con recomendaciones detalladas de higiene personal y desinfección del entorno doméstico.
Otra pieza clave de esta estrategia de control es el seguimiento de contactos estrechos. Los equipos de rastreo del Sergas identifican y localizan a todas las personas que hayan mantenido interacción de riesgo con los casos confirmados, realizando un seguimiento activo durante el periodo de incubación y ofreciendo vacunación post-exposición cuando procede. Esta medida ha demostrado ser altamente efectiva para interrumpir las cadenas de transmisión y evitar la propagación comunitaria del virus.
La vacuna disponible contra la viruela del mono ha sido señalada como uno de los pilares fundamentales de la respuesta preventiva. La Consellería ha reiterado que los grupos de riesgo, incluyendo personas con múltiples parejas sexuales, trabajadores del ocio nocturno y aquellos con comportamientos que incrementan la probabilidad de exposición, deben considerar la inmunización activa como una protección esencial. La cobertura vacunal adecuada no solo protege al individuo, sino que contribuye a la protección colectiva mediante la reducción de la circulación viral.
Además de las medidas biomédicas, las autoridades sanitarias han destacado la importancia de la responsabilidad individual en el control del brote. La autoprotección, la honestidad sobre los síntomas y el cumplimiento de las recomendaciones de aislamiento son comportamientos que pueden marcar la diferencia entre un brote controlado y una expansión epidémica mayor. La transparencia en la comunicación con los profesionales sanitarios y la colaboración en los procesos de rastreo son igualmente cruciales.
La situación en Galicia no es aislada. Otras comunidades autónomas, como Madrid, han detectado recientemente casos autóctonos de variantes más graves del virus, lo que sugiere una reactivación de la transmisión en múltiples puntos del territorio nacional. Este contexto regional y estatal refuerza la necesidad de mantener sistemas de vigilancia robustos y de fomentar la concienciación ciudadana sobre los riesgos y las medidas preventivas disponibles.
Desde el punto de vista epidemiológico, la capacidad para identificar rápidamente nuevos casos y sus contactos resulta determinante para la efectividad de cualquier intervención. La experiencia acumulada durante brotes previos ha demostrado que la combinación de diagnóstico precoz, aislamiento efectivo, rastreo exhaustivo y vacunación estratégica constituye la fórmula más eficaz para contener la enfermedad.
La población gallega ha sido informada sobre los canales oficiales para la atención sanitaria ante cualquier sospecha de infección. Los centros de salud, hospitales y servicios de urgencias están capacitados para la evaluación clínica inicial y la derivación a los circuitos especializados de diagnóstico y tratamiento. La atención telefónica y digital también se ha reforzado para resolver dudas y facilitar la accesibilidad a la información verificada.
En el ámbito comunicativo, la Consellería ha evitado caer en alarmismos innecesarios, optando por un enfoque basado en la evidencia científica y la transparencia informativa. El objetivo es empoderar a la ciudadanía con conocimientos útiles que le permitan tomar decisiones informadas sobre su salud, sin generar estigmatización ni discriminación hacia los colectivos más afectados.
La respuesta institucional también incluye la coordinación con otros departamentos y organismos, tanto a nivel autonómico como estatal. El intercambio de información epidemiológica, la armonización de protocolos y la distribución equitativa de recursos diagnósticos y terapéuticos son elementos esenciales para una gestión eficiente de la situación.
A nivel individual, los expertos recomiendan mantener una higiene rigurosa de manos y superficies, evitar el contacto directo con lesiones cutáneas de otras personas, y utilizar protección durante las relaciones sexuales. Cualquier persona que presente síntomas compatibles debe abstenerse de mantener contactos cercanos y buscar atención médica de forma inmediata.
La evolución de este brote en Galicia dependerá en gran medida de la capacidad de respuesta del sistema sanitario y de la colaboración ciudadana. Con las herramientas disponibles —vacunas, tratamientos antivirales, protocolos de rastreo y una población informada— las autoridades confían en poder controlar la situación y evitar un impacto mayor en la salud pública.
La lección aprendida de episodios anteriores es clara: la alerta temprana y la acción decidida son las mejores aliadas contra la propagación de enfermedades infecciosas emergentes. Galicia demuestra con este brote que su sistema de vigilancia epidemiológica está activo y preparado para detectar y responder a las amenazas sanitarias, pero el éxito final requiere el compromiso de toda la sociedad.