Los archivos de Jeffrey Epstein continúan sacando a la luz conexiones inesperadas con figuras de la alta sociedad mundial. En esta ocasión, los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos han revelado la estrecha relación que mantuvo la economista y escritora española Astrid Gil-Casares con el financiero condenado por delitos sexuales, una comunicación que se extendió hasta el mismo día previo a su arresto en 2019.
La historia de Gil-Casares, exesposa del presidente de Ferrovial Rafael del Pino y madre de tres de sus hijas, ha saltado a la opinión pública tras la publicación de más de tres millones de documentos que detallan la extensa red de contactos de Epstein. Entre esta ingente cantidad de información, destacan decenas de mensajes electrónicos que la escritora madrileña, de 51 años, mantuvo con el magnate durante un período crítico que abarca desde diciembre de 2017 hasta julio de 2019.
El inicio de una controvertida amistad
La correspondencia entre ambos comenzó cuando Epstein ya contaba con una condena previa por delitos de explotación sexual. En 2009, el financiero había sido liberado de una prisión de Florida tras cumplir solo 13 meses de una condena de 18 meses por solicitar servicios de prostitución de menores de hasta 14 años. A pesar de este oscuro pasado, Gil-Casares inició un intercambio de correos que pronto se convirtió en una comunicación regular.
Los primeros mensajes, datados en diciembre de 2017, revelan una relación basada en intereses comunes. Ambos compartían artículos, fotografías y recomendaciones literarias. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, la conversación adquirió un tono más personal, con insistentes invitaciones por parte de la escritora para encontrarse en persona.
Los últimos días de libertad de Epstein
La cronología de los mensajes se vuelve especialmente incómoda cuando se acerca la fecha de la detención del financiero. El 5 de julio de 2019, apenas 24 horas antes de que las autoridades estadounidenses le detuvieran en el aeropuerto de Nueva Jersey, Gil-Casares le escribió un correo que reflejaba su deseo de mantener el contacto.
"¿Cómo estás, desaparecido amigo?", le preguntaba la economista en ese mensaje. La respuesta de Epstein fue lacónica: "París". Sin desanimarse, Gil-Casares le contaba sus planes de asistir a un retiro de yoga en Cerdeña y le informaba, con cierto orgullo, de que llevaba una semana sobria. Acto seguido, le preguntaba por sus planes veraniegos, mostrando un evidente interés en coordinar un encuentro.
La conversación continuaba con la escritora detallando su propio itinerario: visitaría Palma de Mallorca y Londres en las próximas fechas. En varios momentos del intercambio, dejaba clara su intención de verse con él: "Si pasas, escríbeme" o "Me encantaría saber de ti", eran algunas de las frases que aparecían en los documentos judiciales.
El arresto y la reacción tardía
El 6 de julio de 2019, Jeffrey Epstein fue detenido cuando su jet privado aterrizaba en Nueva Jersey. Las autoridades le imputaron cargos de tráfico sexual y explotación de decenas de adolescentes, lo que desencadenó uno de los escándalos más sonados de las últimas décadas.
Ante esta situación, Gil-Casares reaccionó al día siguiente. El 7 de julio, envió un último correo que quedó sin respuesta: "Pensando en ti. Siento lo que he leído en las noticias. Espero que todo vaya bien. Besos". Un mensaje que contrasta con el tono casual y amistoso de las conversaciones previas, y que llegaba cuando Epstein ya estaba bajo custodia policial.
Un patrón de comportamiento preocupante
Lo que más ha llamado la atención de los analistas es la insistencia de Gil-Casares en mantener y profundizar la relación, especialmente considerando que Epstein ya era una figura pública muy controvertida. Los mensajes muestran una dinámica donde la escritora española era quien principalmente impulsaba la posibilidad de encuentros personales.
Esta revelación se suma a una serie de conexiones españolas con el caso Epstein que han ido saliendo a la luz de forma escalonada. La presencia de una figura tan cercana a la élite empresarial del país ha generado debate sobre el alcance real de la red de influencias del financiero y sobre cómo personas de alto perfil mantuvieron vínculos con él a pesar de sus antecedentes delictivos.
El contexto de la divulgación
Los documentos que han puesto al descubierto esta relación forman parte de una investigación más amplia que el Departamento de Just estadounidense ha estado desclasificando progresivamente. La última tanda de documentos, publicada el 30 de enero, ha sido especialmente reveladora no solo por las conexiones españolas, sino también por los detalles que aporta sobre la relación del príncipe Andrés con Epstein y la prolongada amistad de la princesa Mette-Marit de Noruega con el pedófilo.
En el caso de la monarquía británica, la información ha servido para reavivar un escándalo que ya costó al hermano del rey Carlos III todos sus títulos reales. En Noruega, ha generado una crisis de confianza sin precedentes, con casi el 50% de la población mostrando rechazo a que Mette-Marit ocupe el trono en el futuro.
Impacto en la imagen pública
Para Astrid Gil-Casares, estas revelaciones suponen un serio revés a su reputación como escritora y economista. Conocida en los círculos de la jet set española, su vinculación con Epstein pone en tela de juicio su criterio y su posicionamiento ético. La insistencia en mantener una amistad con una persona condenada por abusos sexuales a menores ha generado críticas incluso dentro de su propio entorno.
La economista, que ha publicado varios libros y colaborado en medios de comunicación, ahora se enfrenta a un escrutinio público que cuestiona no solo su relación con Epstein, sino también el papel que las élites españolas pudieron haber jugado en la red de protección que durante años blindó al financiero.
Una red de influencias globales
El caso Epstein ha demostrado que la red de contactos del financiero traspasaba fronteras y sectores. Desde políticos y miembros de la realeza hasta empresarios, científicos y artistas, la lista de personas que mantuvieron algún tipo de relación con él es extensa y diversa. Lo que diferencia a cada caso es la naturaleza y el momento de esas interacciones.
En el caso de Gil-Casares, la temporalidad resulta especialmente incómoda. La correspondencia se desarrolla en un momento en que Epstein ya era conocido como un delincuente sexual convicto, y las acusaciones en su contra eran de dominio público. Esto ha llevado a muchos a cuestionar qué motivaciones podían existir detrás de una relación que, según los mensajes, parecía buscar un encuentro físico.
El futuro de las investigaciones
A medida que se desclasifican más documentos, es probable que aparezcan nuevos nombres y detalles que sigan alimentando este escándalo global. Las autoridades estadounidenses han asegurado que la investigación continúa activa y que no se descarta la implicación de más personas en la red de Epstein.
Para las figuras públicas que aparecen en estos documentos, cada nueva revelación representa un potencial riesgo reputacional. En el caso de España, la aparición de Gil-Casares ha abierto el debate sobre la necesidad de transparencia y rendición de cuentas por parte de las élites que, conscientemente o no, proporcionaron un manto de legitimidad a una figura tan controvertida como Jeffrey Epstein.
El escándalo sirve como recordatorio de cómo las redes de poder y privilegio pueden funcionar como escudos para conductas criminales, y plantea preguntas difíciles sobre la responsabilidad de aquellos que, desde posiciones de influencia, eligen mantener relaciones con individuos cuyas acciones han causado daño irreparable a víctimas vulnerables.