Este lunes 2 de febrero de 2026 da comienzo en la Audiencia Provincial de Burgos uno de los juicios más mediáticos de los últimos años en Castilla y León. El caso, conocido como el crimen de Las Llanas, ha conmovido a la opinión pública por su brutalidad y por el absurdo motivo que lo desencadenó. José Luis Novoa Ibáñez, de 25 años y conocido como 'Josu', se enfrenta a la justicia por causar la muerte de Sergio Delgado Franco, un diseñador gráfico de 32 años que residía en Madrid pero era natural de Valladolid.
Los hechos ocurrieron en la madrugada del 24 de febrero de 2024, cuando la víctima se encontraba en Burgos celebrando una despedida de soltero con un grupo de amigos. Lo que debía ser una noche de festejo terminó en tragedia cuando el acusado, tras cruzar unas palabras con Sergio en la Plaza de la Flora, le propinó un puñetazo mortal que le costó la vida. La fiscalía ha calificado el delito como homicidio y solicita una pena de 12 años de prisión, mientras que la familia de la víctima insiste en que fue un asesinato y exige que se le impongan 20 años de cárcel.
El perfil del agresor ha generado gran controversia. Novoa es conocido en el entorno del Burgos CF por su vinculación con grupos ultras de ideología extrema izquierda y se autodefine como antifascista. Además, tiene conocimientos de muay thai, el boxeo tailandés, lo que convierte sus puños en armas potencialmente letales. Esta formación marcial será uno de los puntos clave durante el juicio, ya que podría agravar su responsabilidad al ser consciente del daño que podía causar.
El móvil del crimen ha sido objeto de debate desde el primer momento. Según la investigación, Novoa habría preguntado a Sergio si era "de Pucela", término coloquial para referirse a Valladolid. La respuesta afirmativa desencadenó la agresión. La familia de la víctima ha declarado en reiteradas ocasiones que Sergio era una persona pacífica, sin ninguna vinculación política ni ideológica que pudiera justificar un enfrentamiento. Tampoco llevaba ningún símbolo o prenda que pudiera identificarle con alguna tendencia contraria a la del agresor.
El juicio, que se desarrollará a puerta cerrada, comenzará este lunes a las 9:30 horas con la selección del Tribunal de Jurado. A las 11:00 horas se procederá a la lectura de escritos y alegaciones, seguida de la declaración de 13 testigos que intentarán esclarecer si existió una discusión previa o si fue una agresión totalmente gratuita motivada por el odio provincial. El martes continuará el proceso con 17 testigos más, entre ellos agentes de la Policía Nacional y de la Policía Local de Burgos. El miércoles serán ocho los testigos que suban al estrado, y el jueves cinco peritos aportarán sus informes técnicos. Finalmente, el viernes será el turno del interrogatorio al acusado.
Las declaraciones de José Luis Novoa a las autoridades han generado polémica. En un primer momento, el joven aseguró que ni siquiera recordaba por qué había agredido a Sergio. "Tampoco recuerdo por qué le pegué, estaba muy borracho", manifestó el acusado, quien también aseguró que huyó del lugar porque se asustó. Estas afirmaciones han sido cuestionadas por la acusación particular, que considera que el estado de embriaguez no exime de responsabilidad penal y que, además, la huida demuestra conciencia del delito cometido.
El caso ha generado una gran expectación mediática, especialmente después de que el programa Espejo Público de Antena 3 difundiera las declaraciones del acusado. La sociedad burgalesa y vallisoletana sigue con especial atención un proceso que ha puesto de manifiesto las tensiones provinciales que, aunque históricas, raramente desembocan en hechos tan trágicos. La rivalidad entre Burgos y Valladolid, centenaria y en muchos aspectos festiva, ha quedado ensombrecida por este suceso.
La diferencia entre homicidio y asesinato será el núcleo del debate jurídico. Para que se configure el asesinato, el Código Penal exige que exista alevosía, es decir, que el agresor utilice medios que impidan a la víctima defenderse. La fiscalía considera que no hubo premeditación ni alevosía, mientras que la acusación particular argumenta que la pregunta sobre su procedencia, seguida inmediatamente del golpe, sí constituye una forma de alevosía al aprovecharse de la confianza o distracción del momento.
El juicio también servirá para analizar el papel del alcohol en la imputabilidad del acusado. Aunque el estado de embriaguez puede atenuar la responsabilidad penal, no la elimina por completo. Los peritos tendrán que determinar si Novoa tenía capacidad de comprender la ilicitud de sus actos y de actuar conforme a esa comprensión en el momento de la agresión.
La familia de Sergio Delgado ha mantenido una postura firme desde el inicio de las investigaciones. Rechazan cualquier atenuante basado en el alcohol o en la supuesta falta de memoria del agresor, y exigen que se haga justicia por un crimen que consideran totalmente gratuito. Su abogado ha insistido en que Sergio no tenía antecedentes de violencia y que su único "delito" fue reconocer su vallisoletano origen.
El caso ha reabierto el debate sobre la violencia en el entorno nocturno y la necesidad de medidas de seguridad adicionales en zonas de ocio. El Ayuntamiento de Burgos ha reforzado la presencia policial en la zona de Las Llanas desde los hechos, pero muchos ciudadanos consideran que se necesitan políticas más efectivas para prevenir este tipo de agresiones.
El veredicto se espera para la próxima semana, una vez concluya la fase de prueba y los jurados populares deliberen sobre la culpabilidad o inocencia de Novoa. La decisión marcará un precedente importante sobre cómo se juzgan los delitos motivados por el odio territorial y la violencia gratuita en contextos de ocio nocturno. Mientras tanto, la familia de Sergio continúa pidiendo que su hijo no quede en el olvido y que su muerte sirva para concienciar sobre las consecuencias de la intolerancia, sea cual sea su origen.
El juicio de Burgos no solo determinará el futuro de un joven agresor, sino que también enviará un mensaje a la sociedad sobre la gravedad de la violencia sin motivo aparente. La justicia española tendrá que decidir si un puñetazo mortal merece 12 o 20 años de cárcel, pero lo que está claro es que ninguna condena devolverá la vida a Sergio Delgado, un joven que solo quería celebrar una despedida de soltero y que perdió la vida por responder que sí, que era de Valladolid.