El exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha lanzado una dura crítica contra la reciente propuesta de regularización masiva de inmigrantes presentada por el Gobierno. En una entrevista concedida a Espejo Público, el veterano político popular no ha dudado en calificar esta iniciativa como una estrategia electoralista carente de fundamentos sólidos, diseñada más para captar votos que para resolver los profundos desafíos estructurales que enfrenta España en materia migratoria.
Para Margallo, lo más preocupante no es únicamente el contenido de la medida en sí, sino el clima de cortoplacismo político que la rodea. "Lo verdaderamente alarmante es que todo el mundo está pensando en los efectos electorales que tiene la regularización", señaló el exministro, quien percibe una falta crónica de visión de estado a la hora de abordar cuestiones que afectarán al país durante décadas.
Una medida sin planificación estratégica
El político popular argumenta que esta iniciativa busca principalmente otorgar una imagen de humanidad al PSOE, pero sin afrontar los problemas reales. "Es una medida que no viene a solucionar problemas como pensar en cómo queremos que sea España en el año 2050", determinó Margallo, quien insiste en la necesidad de diseñar políticas migratorias con horizontes temporales amplios, no meras reacciones coyunturales.
Según su análisis, el verdadero problema radica en que durante mucho tiempo se ha identificado la inmigración regular con la irregular, creando una confusión conceptual que debilita el sistema. "Si hacemos de ambas lo mismo y que tengan los mismos efectos, la cosa no funciona", apuntó con contundencia, subrayando la importancia de mantener diferencias claras entre ambos tipos de flujos migratorios.
Lecciones del pasado y experiencia propia
Margallo no habla desde la teoría. Durante el mandato de José María Aznar, él mismo participó en la negociación de una regularización de medio millón de inmigrantes irregulares, experiencia que le convierte en testigo directo de las consecuencias que este tipo de medidas pueden desencadenar. Según su relato, aquella decisión fue precisamente la causa que desencadenó posteriormente otra regularización masiva durante el gobierno de Zapatero.
Esta reflexión histórica le lleva a advertir sobre el efecto llamada que pueden generar estas políticas cuando no se implementan con criterios estrictos y bien definidos. La experiencia demuestra, en su opinión, que las regularizaciones masivas sin controles adecuados crean expectativas que dificultan la gestión migratoria futura.
La paradoja migratoria española
Uno de los argumentos más contundentes de Margallo es la paradoja que vive España: mientras exporta talento cualificado al extranjero, importa mano de obra barata. Para ilustrar su punto, citó al escritor Juan José Millás, quien reflexionaba sobre la necesidad de la inmigración para compensar los problemas de fertilidad y envejecimiento de la población española.
"Si te levantas con el pie derecho dices que la inmigración es necesaria por los problemas de fertilidad y envejecimiento de la población... también hay que compensar la salida masiva de jóvenes que salen de España", manifestó Margallo. Sin embargo, inmediatamente añadió la crítica central: "Estamos exportando excelencia y estamos importando mano de obra barata".
Esta afirmación resume su preocupación por el desequilibrio en los flujos migratorios. Mientras los jóvenes españoles altamente cualificados emigran en busca de mejores oportunidades, el país recibe trabajadores en situación irregular que, una vez regularizados, ocupan puestos generalmente precarios. Para Margallo, esto no constituye una política migratoria inteligente ni sostenible.
El fantasma de la polarización extrema
El exministro no se limita a criticar la política migratoria, sino que sitúa el debate en un contexto global de creciente polarización. La situación que se vive con el fenómeno de la inmigración, encendida por movimientos radicales como el 'Ice' en Estados Unidos, le recuerda a los años 30 del siglo pasado, cuando la población era discriminada en función de sus creencias políticas y religiasas.
Esta comparación histórica refleja su preocupación por la radicalización del discurso político. Aboga por "una España para todos en la que todos tuviésemos cabida", pero advierte que algunos colectivos priman la idea de que quienes no comulguen con sus dogmas sean erradicados de la sociedad.
Para Margallo, cuando en la campaña electoral se ponen encima de la mesa los temas que más dividen, eso favorece a los dos extremos del espectro político. La migración se ha convertido precisamente en uno de esos temas explosivos que alimenta la confrontación y dificulta el consenso.
Escenario político complejo y gobernabilidad
El análisis de Margallo se extiende al futuro político inmediato. La tendencia alcista de Vox entre los jóvenes, tal y como muestran las encuestas de las próximas elecciones en Aragón, demuestra que Sánchez no tiene la posibilidad de repetir Gobierno. Pero la alternativa tampoco es sencilla.
"El PP no va a poder gobernar en solitario en ninguna comunidad autónoma sin Vox", predice el exministro, señalando la necesidad de analizar cuáles son los programas de los dos partidos para poder negociar consensos. Esta realidad dibuja un escenario de gobernabilidad muy complicado para los próximos años.
El pronóstico de Margallo es contundente: vamos hacia un escenario de Gobierno "muy complicado" en un momento en el que "no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época política". Esta distinción conceptual subraya la profundidad de la transformación que vive no solo España, sino el mundo entero.
Un cambio de época, no una época de cambios
La reflexión final de Margallo sitúa el debate migratorio en un contexto geopolítico más amplio. "El mundo se reparte entre grandes depredadores que han hecho de la fuerza la fuente del derecho y una revolución que tendrá unos efectos más rápidos que", dejando la frase incompleta pero sugiriendo la magnitud de la transformación.
En este contexto, la política migratoria española no puede ser una simple reacción electoralista, sino que debe formar parte de una estrategia nacional integral que proteja los intereses del país, respete los derechos humanos y garantice la cohesión social. La paradoja de exportar talento mientras se importa mano de obra barata refleja una falla estructural que requiere soluciones estructurales, no parches temporales.
El llamado de Margallo es claro: España necesita un debate serio, alejado de la demagogia y los intereses partidistas, que diseñe una política migratoria sostenible para las próximas décadas. Solo así podrá evitarse la repetición de errores del pasado y construir un modelo que convierta la inmigración en una oportunidad real, no en un problema permanente.