Patty Pravo: la pionera italiana que escandalizó antes que Madonna

La historia de la cantante veneciana que rompió moldes en los 60 y cuya canción 'La Bambola' ha sido versionada por Madonna para Dolce & Gabbana

Hace meses, las redes sociales se inundaron con especulaciones sobre un posible homenaje de Madonna a la legendaria cantante italiana Patty Pravo. La mayoría de los rumores apuntaban a que la reina del pop versionaría Pazza idea, uno de los temas más emblemáticos de la artista transalpina de finales de los setenta. Sin embargo, la sorpresa llegó el 9 de enero cuando se estrenó la nueva campaña de Dolce & Gabbana para su perfume The One, protagonizada precisamente por Madonna, musa de la firma desde los ochenta. En el anuncio, la estadounidense interpreta La Bambola, canción mítica del pop italiano y europeo que ha resistido el paso del tiempo y que ahora cobra nueva vida. Este gesto cierra un círculo de influencias: gran parte de lo que Madonna hizo ya había sido pionero por Pravo décadas atrás. La noticia resulta especialmente relevante si consideramos que Madonna apenas ha versionado temas ajenos en sus cuatro décadas de trayectoria. Tan solo tres ocasiones había grabado canciones de otros artistas: Fever de Peggy Lee, American Pie de Don McLean e I Want You de Marvin Gaye. La elección de La Bambola no es casual, sino un reconocimiento explícito a una figura que marcó el camino para las mujeres que transformaron la industria musical. Para entender el peso de este homenaje, es necesario adentrarse en la fascinante biografía de quien fuera la primera intérprete de este clásico. Nacida en Venecia en 1948, Nicoletta Strambelli demostró desde muy temprana edad un talento musical excepcional. A los diez años ya dominaba el piano con una destreza que anticipaba su futuro en el mundo del espectáculo. Su familia, de escasos recursos económicos, tomó la decisión de enviarla a vivir con su abuela, quien le proporcionó una estabilidad financiera que incluía viajes frecuentes a Inglaterra para perfeccionar su inglés. Fue en Londres donde la adolescente Nicoletta entró en contacto directo con la revolución cultural del swinging London, movimiento que transformaría para siempre su visión artística y personal. Los años sesenta la encontraron cantando bajo el seudónimo de Guy Magenta, explorando sonidos y construyendo una identidad que pronto trascendería las fronteras de Italia. A mediados de la década, su mudanza a Roma se convirtió en el punto de inflexión definitivo. La capital italiana la recibió con la efervescencia de su noche más moderna, representada por el mítico Piper Club, discoteca que se erigió como templo de la vanguardia musical y punto de encuentro para la crema de la cultura pop del momento. Allí, se dice, fue descubierta por Alberigo Crocetta, uno de los propietarios del local, quien vio en ella el potencial para convertirse en un icono. Fue Crocetta quien sugirió adoptar un nombre artístico con raíces literarias: Patty Pravo, inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri. En 1966, Pravo lanzó su primer éxito, Ragazzo triste, versión en italiano de But You're Mine de Sonny and Cher. La canción conquistó las radios y los televisores que comenzaban a poblar los hogares de la segunda generación del milagro económico italiano, consolidando su presencia en la escena musical. Su imagen resultaba tan impactante como su voz. Delgada, con un pelo rubio casi blanco que se convertiría en su sello, y poseedora de un vozarrón grave inesperado para su estatura, Pravo encarnó el ideal de la chica beat. Representó una feminidad fuerte, libre, sexualmente desinhibida y ligeramente andrógina. Alternaba minifaldas diminutas con smokings masculinos, desafiando las convenciones sin pedir permiso ni mostrar arrepentimiento. Esta actitud la convirtió en un prototipo rebelde para toda una generación que ansiaba romper con el conservadurismo de la posguerra. Una anécdota que ilustra perfectamente su carácter fue compartida por el propio Franco Battiato, quien recordaba cómo en 1967 Pravo asistió a un concierto de The Who en Milán, donde el grupo destruía sus instrumentos sobre el escenario. Esa noche, ella no solo presenció la eclosión del rock como fuerza destructiva y creativa, sino que asimiló esa energía para incorporarla a su propio discurso artístico. La conexión entre Pravo y Madonna trasciende la mera versión de una canción. Ambas comparten un ADN artístico basado en la provocación, la reinvención constante y la apropiación de símbolos para desafiar el statu quo. Mientras Madonna se convirtió en el rostro de la liberación femenina para el mainstream global de los ochenta, Pravo ya había sembrado esas semillas en el contexto más conservador de la Italia de los sesenta y setenta. Su influencia se extendió por toda Europa. La Bambola, compuesta por Franco Migliacci, Ruggero Cini y Bruno Zambrini, fue lanzada en 1968 y se convirtió en un fenómeno continental. En España, artistas como Marta Sánchez en su etapa con Olé Olé, Lolita y Sergio Dalma la versionaron. En Francia, Dalida la adaptó a su repertorio, mientras que décadas después, la cantante indie Sara Lov le dio un giro más intimista. Cada reinterpretación ha mantenido viva la esencia de una canción que habla de la objetivización y la complejidad de las relaciones de poder entre géneros, temas que siguen siendo terriblemente actuales. La versión de Madonna para Dolce & Gabbana no es simplemente un tema publicitario, sino un acto de reconocimiento histórico. La casa de moda italiana, profundamente arraigada en la estética de su país, ha sabido unir a dos musas de diferentes generaciones que comparten un mismo espíritu transgresor. El anuncio, visualmente deslumbrante, muestra a Madonna interpretando La Bambola con una sensualidad madura, lejos de la urgencia juvenil de sus inicios, pero manteniendo intacta esa capacidad para seducir y provocar. Para Patty Pravo, este momento representa la culminación de una carrera que nunca ha seguido las reglas establecidas. A sus 75 años, sigue activa, grabando música y actuando, manteniendo esa actitud irreverente que la definió desde sus inicios. Su legado es el de una artista que entendió antes que nadie que la música pop podía ser un vehículo para la subversión cultural, que la imagen era tan importante como el sonido, y que la autenticidad radical era la única forma de perdurar. La resurrección de La Bambola en boca de Madonna introduce a Pravo a una nueva generación de oyentes que, sin saberlo, están consumiendo los frutos de un árbol que ella plantó hace más de cincuenta años. Es un recordatorio de que la cultura pop no es un linaje lineal, sino un tejido de influencias mutuas donde las pioneras a menudo permanecen en las sombras hasta que una estrella de su magnitud las saca a la luz. En definitiva, el gesto de Madonna no solo revitaliza un tema clásico, sino que reescribe la narrativa del pop femenino, devolviéndole a Patty Pravo el lugar que merece en la historia: el de una verdadera innovadora que enseñó al mundo que ser una bambola podía ser también una declaración de poder.

Referencias