Esperanza Aguirre relata su experiencia en tren a Málaga: El movimiento me causó un mareo extremo

La expresidenta madrileña compartió en La Roca los detalles de su incómodo viaje y lanzó críticas al mantenimiento ferroviario tras el accidente de Adamuz

La expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha vuelto a ser noticia tras sus declaraciones en el programa La Roca, donde aprovechó su presencia para abordar la reciente tragedia ferroviaria de Adamuz y, de paso, compartir una experiencia personal que la marcó durante un desplazamiento en tren hacia Málaga. Su testimonio, directo y sin censura, ha reavivado el debate sobre la calidad y seguridad del transporte ferroviario en España, un tema que preocupa a millones de ciudadanos diariamente.

El contexto de la entrevista no podía ser más delicado. La política del Partido Popular acudió al espacio televisivo justo después del accidente de tren en Adamuz, un suceso que ha conmocionado a la sociedad española y ha reabierto el debate sobre la seguridad en el transporte ferroviario. Aguirre no dudó en calificar la semana como "trágica", mostrando su sorpresa ante la posibilidad de que incidentes de esta magnitud sigan ocurriendo en la actualidad. Su rostro reflejaba la preocupación de quien ha ocupado altos cargos institucionales y conoce la responsabilidad que conlleva la gestión pública y la seguridad de los ciudadanos.

Cuando los presentadores le preguntaron directamente si estos acontecimientos habían generado en ella miedo a viajar en tren, la respuesta de la exministra de Educación desvió el foco hacia una experiencia propia que, según relató, le dejó una profunda impresión. El pasado 29 de octubre, Aguirre se encontraba realizando un trayecto en tren con destino a Málaga, donde tenía programada la impartición de una ponencia ante un auditorio importante. Lo que debía ser un viaje rutinario se convirtió en una auténtica odisea que puso en riesgo su compromiso profesional y su bienestar físico.

"A partir de la mitad del trayecto, me mareé por el movimiento que había", explicó la política, describiendo una sensación de inestabilidad que fue aumentando progresivamente hasta volverse insoportable. El malestar fue tal que, al llegar a su destino, se vio obligada a cumplir con su compromiso profesional "con muchísimo esfuerzo", sintiéndose visiblemente afectada por el viaje. Su ponencia, que debía ser un acto de autoridad y conocimiento, se convirtió en una prueba de resistencia física que apenas podía superar.

La situación llegó a su punto crítico durante la ronda de preguntas de su intervención. Sin poder contenerse más, Aguirre tuvo que abandonar temporalmente el escenario, dándose la vuelta en el mismo lugar para vomitar. Un episodio que, según sus palabras, resultó extremadamente incómodo y que evidenció el nivel de afectación que había sufrido. "Fue una situación humillante, pero no había alternativa", comentó con su característica franqueza. El auditorio, sorprendido, tuvo que esperar a que se recuperara para continuar con el acto, generando una situación de gran tensión.

Pero la experiencia negativa no concluyó allí. En el viaje de regreso a Madrid, la expresidenta volvió a experimentar molestias similares, esta vez describiéndolas como "un tembleque" que le recorrió todo el cuerpo. Fue entonces cuando decidió consultar con el personal del tren sobre esta situación, buscando alguna explicación técnica o solución al problema que la había afectado durante horas y que parecía no tener fin.

La respuesta que recibió llamó poderosamente su atención y generó nuevas dudas sobre el protocolo ferroviario. Los trabajadores ferroviarios le recomendaron directamente que tomara Biodramina, un medicamento conocido popularmente para combatir el mareo por movimiento. "Es lo que hacen ellos", le indicaron, según relató Aguirre en el programa. Esta sugerencia le sorprendió especialmente, no solo por la informalidad del consejo, sino porque consideraba que las condiciones del viaje no permitían ni siquiera realizar actividades básicas como leer o escribir cómodamente. "Si los propios trabajadores necesitan medicación para soportar el trayecto, algo no funciona correctamente", argumentó con vehemencia.

Las declaraciones de la exministra no se quedaron únicamente en su experiencia personal. Aprovechando el momento, Aguirre lanzó duras críticas contra la gestión del mantenimiento ferroviario, apuntando directamente al ministro de Transportes, Óscar Puente. Según su opinión, el titular de la cartera no está asumiendo las responsabilidades que le corresponden, "se están quitando de en medio de todo", manifestó con contundencia. Sus palabras reflejan una visión crítica de la gestión actual del transporte público y la falta de accountability.

La política del PP dejó claro que considera que el problema va más allá de un solo accidente o de una mala experiencia individual. Su percepción es que existe una falta de inversión y atención en el mantenimiento de infraestructuras, algo que pone en riesgo no solo la comodidad de los viajeros, sino su seguridad. "No podemos normalizar que viajar en tren requiera tomar medicación o que los accidentes sean inevitables", enfatizó durante la entrevista, marcando una postura clara y contundente.

El relato de Aguirre ha generado diversas reacciones en la opinión pública y en redes sociales. Por un lado, algunos usuarios del transporte ferroviario se han mostrado solidarios con su experiencia, compartiendo situaciones similares de inestabilidad en determinados trayectos, especialmente en líneas de media distancia. Por otro, críticos han señalado que comparar un mareo con un accidente grave puede restar seriedad al debate sobre seguridad ferroviaria, aunque otros defienden que ambos problemas tienen origen en la misma falta de mantenimiento y cuidado de las infraestructuras.

Expertos en transporte han explicado que el mareo en trenes puede deberse a múltiples factores técnicos, desde la velocidad y las curvas del trayecto hasta el estado de las vías y el sistema de suspensión de los vagones. Sin embargo, coinciden en que la recomendación de medicación por parte del personal no es una solución aceptable desde el punto de vista de un servicio público de calidad. "El personal debe estar capacitado para gestionar emergencias, no para recomendar fármacos", señaló un experto consultado por medios especializados.

La polémica se suma al ya encendido debate sobre el estado de la red ferroviaria española, especialmente tras el trágico suceso de Adamuz que costó vidas humanas. La sociedad demanda respuestas claras y medidas concretas que garanticen tanto la seguridad como la calidad del servicio, sin tener que recurrir a medicamentos para soportar un viaje en condiciones básicas. La confianza en el sistema ferroviario se ve mermada por estos testimonios que revelan deficiencias operativas.

Esperanza Aguirre, conocida por su estilo directo y sin filtro, ha conseguido con estas declaraciones poner sobre la mesa una problemática que, aunque diferente en gravedad, forma parte de las preocupaciones ciudadanas respecto al transporte público. Su testimonio, por incómodo que resulte, refuerza la necesidad de una revisión exhaustiva de las condiciones en las que operan los trenes en España. La transparencia en la gestión es fundamental para recuperar la confianza de los usuarios.

El futuro del transporte ferroviario en el país pasa necesariamente por una apuesta decidida por el mantenimiento, la modernización y la seguridad. Solo así se podrá evitar que episodios como el descrito por la expresidenta madrileña se repitan, y lo más importante, se prevengan tragedias como la de Adamuz que han conmocionado a toda la nación. La inversión en infraestructuras no puede seguir siendo una promesa electoral, debe convertirse en una realidad tangible para todos los ciudadanos que confían cada día en este medio de transporte.

Referencias