Incertidumbre en la subida de pensiones 2026 tras el rechazo del Congreso

El decreto del Gobierno que incluía la revalorización del 2,7% fue tumbado por PP, Vox y Junts, poniendo en riesgo el incremento de las nóminas de febrero

La situación de las pensiones en España para 2026 ha quedado envuelta en una notable incertidumbre tras los recientes acontecimientos políticos. El Congreso de los Diputados ha rechazado el real decreto presentado por el Ejecutivo que contemplaba una revalorización del 2,7% para las prestaciones de jubilación, viudedad y otras modalidades. Esta decisión, adoptada a finales de diciembre, ha generado un escenario complejo que afecta directamente a millones de pensionistas y que podría tener consecuencias inmediatas en las próximas nóminas.

El punto de inflexión se produjo con la votación contra el denominado decreto "ómnibus" o "escudo social", una normativa que agrupaba diversas medidas de carácter económico y social. Además de la actualización de las pensiones conforme al Índice de Precios al Consumo (IPC), el texto legal incluía la prórroga de la moratoria de desahucios, la prohibición de cortar suministros básicos a personas en situación de vulnerabilidad, el mantenimiento del bono social eléctrico y otras iniciativas dirigidas a proteger a los colectivos más desfavorecidos.

Los grupos parlamentarios del Partido Popular, Vox y Junts votaron en bloque en contra de esta iniciativa. Es importante señalar que estos partidos no se oponen en sí mismos al incremento de las pensiones, una medida que generalmente cuenta con consenso social y político. Sin embargo, han mostrado su rechazo frontal a la estrategia del Gobierno de agrupar esta revalorización con otras medidas de naturaleza diversa, considerando que se utiliza la subida de las pensiones como elemento de presión política para aprobar un paquete legislativo mucho más amplio y controvertido.

La consecuencia más directa y preocupante para los pensionistas es que el incremento del 2,7% que se aplicó en las nóminas de enero queda ahora en una situación de legalidad incierta. Si el Ejecutivo no logra aprobar una nueva normativa antes del cierre de los pagos correspondientes a febrero, existe el riesgo real de que las pensiones vuelvan a las cuantías que estaban vigentes durante 2025, eliminando así el aumento recién percibido.

Ante este escenario, los expertos y analistas barajan dos vías posibles. La primera, considerada la más probable por su precedente reciente, es que el Gobierno presente un nuevo decreto exclusivamente centrado en la subida de las pensiones. Esta misma situación ya ocurrió en 2025, cuando el 22 de enero el Congreso tumbaron un decreto similar. Ante el rechazo, el Ejecutivo presentó un segundo decreto el 12 de febrero que fue convalidado y que permitió aplicar la subida en base al IPC. Esta opción permitiría desvincular la revalorización de las pensiones del resto de medidas y facilitaría su aprobación.

La segunda alternativa, menos deseable para los beneficiarios, es que no se apruebe ninguna solución inmediata. En este caso, la subida quedaría suspendida hasta que se alcance un nuevo acuerdo político, aunque con la posibilidad de que se aplique con carácter retroactivo una vez resuelto el bloqueo. Esta situación generaría inseguridad económica para millones de hogares y complicaría la planificación familiar.

Si finalmente se supera el obstáculo político y la medida entra en vigor, los pensionistas percibirán un incremento notable en sus ingresos. El complemento para la reducción de la brecha de género se establecería en 36,90 euros mensuales. Por su parte, la pensión máxima alcanzaría los 3.359,6 euros mensuales distribuidos en catorce pagas, lo que representa un aumento respecto a los 3.267,6 euros de 2025. Este incremento se calcula aplicando al IPC un adicional del 0,115%.

Las pensiones mínimas experimentarían un crecimiento aún más significativo, en torno al 7%, al igual que las prestaciones de vejez e invalidez del Sistema de la Old Age and Invalidity (SOVI). Sin embargo, este porcentaje sería aún mayor en determinados supuestos específicos. Las pensiones con cónyuge a cargo y las prestaciones de viudedad con cargas familiares aumentarían entre un 11% y un 11,5%, el mismo margen aplicado a las pensiones no contributivas y al Ingreso Mínimo Vital (IMV).

En cuanto a las cuantías mínimas anuales, la pensión de jubilación para un titular de 65 años con cónyuge a cargo se situaría en 17.592,40 euros. Para los casos sin cónyuge, la cantidad ascendería a 13.106,80 euros anuales, mientras que con cónyuge no a cargo sería de 12.441,80 euros. Estas mismas cuantías se aplicarían a otros supuestos como la incapacidad permanente absoluta y total.

La situación actual deja a los pensionistas en una posición de incertidumbre, pendientes de las negociaciones políticas que tendrán lugar en las próximas semanas. La presión sobre el Gobierno para desbloquear la situación es considerable, dado que cualquier retraso o suspensión del incremento afectaría directamente a uno de los colectivos más sensibles de la población. La capacidad de reacción del Ejecutivo y la disposición de los grupos de la oposición a negociar una solución específica para las pensiones marcarán el desarrollo de esta crisis política y sus efectos en la economía doméstica de millones de españoles.

Referencias