Novak Djokovic ha demostrado una vez más por qué es considerado uno de los más grandes de la historia del tenis. En una maratónica batalla que duró más de cuatro horas, el serbio superó al italiano Jannik Sinner por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4, sellando su pase a la final del Abierto de Australia. Con este triunfo, el balcánico no solo acalló las voces que cuestionaban su dominio ante la nueva generación, sino que también se colocó a un paso de conquistar su 25º título de Grand Slam, un hito que lo convertiría en el tenista más laureado de todos los tiempos, superando el récord que comparte con Margaret Court.
La victoria llega después de 875 días de sequía sin levantar un trofeo mayor, un período que ha puesto a prueba la resiliencia del serbio. Su último triunfo en un 'major' se remonta al US Open de 2023, y desde entonces, tanto Carlos Alcaraz como Sinner han emergido como las nuevas estrellas del circuito. Sin embargo, Djokovic ha dejado claro que no está dispuesto a ceder el trono tan fácilmente. 'Mis grandes rivales fueron Roger Federer y Rafael Nadal. Yo no siempre fui el perseguidor', declaró en alusión a su pertenencia al 'Big Three' y su dominio numérico sobre ambas leyendas.
El partido ante Sinner fue un auténtico examen de resistencia. Con 14 años de diferencia entre ambos, muchos dudaban de que Djokovic pudiera soportar el ritmo del italiano, quien llegaba en plenitud física tras ganar el título el año pasado. El primer set fue para Sinner, quien aprovechó su potente servicio y golpes planos para desestabilizar al serbio. Pero Djokovic, con su característica capacidad de adaptación, niveló el marcador en el segundo parcial.
La tercera manga volvió a caer del lado del italiano, y el panorama se complicó para el veterano. No obstante, la experiencia de 38 finales de Grand Slam pesó más que el cansancio. Djokovic ajustó su estrategia, redujo los errores no forzados y explotó la principal debilidad de su rival: el aprovechamiento de bolas de break. Sinner solo convirtió 2 de 18 oportunidades, un porcentaje que resultó fatal contra un campeón de esta envergadura.
El quinto set fue una lección de maestría. Mientras Sinner intentaba imponer su físico, Djokovic variaba la altura y la profundidad de sus golpes, desgastando mentalmente a su oponente. Cada punto era una batalla, pero el serbio mantuvo la calma en los momentos decisivos, cerrando el encuentro con un contundente 6-4 en la manga definitiva.
Este domingo, Djokovic se enfrentará a Carlos Alcaraz en una final que promete ser histórica. El español, 16 años menor que el serbio, representa la máxima amenaza de la nueva generación. Curiosamente, Djokovic es el único jugador del top 10 que domina el cara a cara contra Alcaraz (5-4), lo que añade un extra de emoción al duelo.
La preparación de Djokovic para este torneo ha sido meticulosa. Consciente de que cada Grand Slam cuenta en la recta final de su carrera, el serbio renunció a las ATP Finals de Turín en las últimas dos ediciones, priorizando la preparación para Melbourne. Esta decisión, criticada por algunos, demuestra su capacidad de sacrificar objetivos a corto plazo por logros históricos.
En las gradas del Rod Laver Arena, la leyenda australiana Margaret Court presenció el duelo desde la primera fila, testigo privilegiado de quien podría superar su récord. Djokovic no dudó en agradecer su presencia: 'Gracias por estar aquí', le dedicó al final del partido, reconociendo el peso de la historia que ambos representan.
El serbio ha sido sincero sobre sus posibilidades en este torneo: 'Si hay un grande en el que tengo posibilidades es este porque viene al principio después de la pretemporada'. Sus palabras reflejan una realidad: a sus 37 años, la recuperación física ya no es la misma, y el calendario inicial del año le permite llegar fresco a la cita australiana.
El círculo de confianza de Djokovic vive la gesta con intensidad. Carlos Gómez-Herrera, español integrante de su equipo, no pudo contener las lágrimas en el banquillo durante el partido, evidenciando la carga emocional que supone esta búsqueda de la gloria.
Ahora, a solo un triunfo de la inmortalidad, Djokovic se enfrenta a su mayor desafío: vencer al tiempo y a una generación hambrienta de títulos. La final de este domingo no es solo un partido de tenis; es la confirmación de un legado que trasciende las estadísticas. Con su 25º Grand Slam en juego, el serbio tiene la oportunidad de cerrar el debate sobre el mejor de todos los tiempos y, al mismo tiempo, inspirar a una nueva era de seguidores que han tenido el privilegio de presenciar la grandeza en su forma más pura.
La leyenda continúa escribiéndose en Melbourne, y el mundo del tenis aguarda con ansias el capítulo final de esta historia épica.