Felipe González: Las dimisiones ferroviarias son de quienes saben

El expresidente critica la gestión del transporte, el liderazgo político y alerta sobre el desgaste social en España

El expresidente del Gobierno español, Felipe González, ha lanzado duras críticas contra la actual gestión del sistema ferroviario nacional, cuestionando tanto su eficiencia operativa como la capacidad de liderazgo de las autoridades responsables. Sus declaraciones, realizadas durante una intervención pública, han generado un intenso debate sobre el estado real de las infraestructuras y la percepción ciudadana frente a los discursos institucionales.

La realidad de los trenes frente al discurso oficial

González ha puesto de manifiesto la evidente contradicción entre los mensajes optimistas que circulan sobre el transporte ferroviario y la experiencia diaria de los usuarios. Mientras las autoridades insisten en que España vive el mejor momento del AVE, los viajeros enfrentan retrasos constantes y servicios deficientes. "Los trenes no llegan a tiempo", afirmó tajantemente, subrayando la distancia entre la propaganda gubernamental y la realidad sobre las vías.

El expresidente no se limitó a criticar la puntualidad, sino que profundizó en un problema de fondo: el mantenimiento de las infraestructuras. Para González, existe una confusión deliberada entre alta velocidad y velocidad alta, conceptos que no son intercambiables. Un tren puede técnicamente alcanzar altas velocidades, pero si debe frenar continuamente por deficiencias en la vía o en la señalización, pierde toda su utilidad. "¿De qué sirve tener alta velocidad si no va a la velocidad que se merece?", se cuestionó públicamente.

Dimisiones y responsabilidad política

Uno de los momentos más controvertidos de su intervención llegó cuando abordó las recientes renuncias en el sector ferroviario. González lanzó una frase demoledora: "Los que han dimitido son la gente que sabe", añadiendo que si los expertos no han podido evitar la crisis, quizás lo mejor es que abandonen sus puestos. Esta afirmación cuestiona directamente la capacidad técnica de quienes gestionan el sistema.

El expresidente extendió su crítica al modelo de responsabilidad política vigente. Denunció que cuando ocurren incidentes graves, como los problemas en Rodalies, las consecuencias recaen siempre sobre cargos intermedios, mientras que quienes toman las decisiones estratégicas permanecen protegidos. "Nunca es el que manda, siempre es el segundo", lamentó, preguntándose cuándo llegará el momento en que la responsabilidad "escale" hasta los niveles superiores del poder ejecutivo.

Desgaste social y brecha económica

Más allá del transporte, González dibujó un panorama preocupante sobre el estado de la sociedad española. Reconoció que los datos macroeconómicos muestran un crecimiento superior al de otros países europeos, pero advirtió que estas cifras no reflejan la realidad social. El estado de ánimo de la ciudadanía es totalmente negativo, marcado por la precariedad y la desigualdad.

El expresidente puso el foco en una de las lacras más graves: la pobreza infantil. España, según sus palabras, se ha convertido en una potencia con mayor pobreza infantil, una paradoja inaceptable para un país desarrollado. Esta afirmación cuestiona el modelo de crecimiento actual, que no traduce sus beneficios en bienestar social.

Dependencia presupuestaria y liderazgo vacilante

En el terreno político, González no ocultó su frustración por la falta de estabilidad presupuestaria. El futuro de las cuentas públicas, según denunció, depende de decisiones ajenas al Gobierno central, en una clara alusión a los partidos independentistas. El expresidente llegó a afirmar que el escenario actual hace que todo "dependa de lo que diga Carles Puigdemont", señalando así la debilidad del ejecutivo y su incapacidad para articular una mayoría estable.

Esta situación, a su juicio, refleja una ausencia de liderazgo político y una gestión reactiva en lugar de proactiva. La necesidad de negociar cada decisión con formaciones externas debilita la capacidad de gobernar con visión de largo plazo.

La inmigración como desafío europeo

El expresidente también abordó el tema de la inmigración irregular, defendiendo la regularización como práctica habitual en España. Sin embargo, advirtió de los riesgos de una mala gestión: "Si no se hace bien, podemos tener problemas europeos muy serios". Esta postura muestra un equilibrio entre la solidaridad y la cautela diplomática.

A pesar de su apoyo a la medida, González expresó serias dudas sobre su ejecución. "¿Creo que lo hará bien? Ojalá, pero sería la primera cosa que haga bien este Gobierno", ironizó, dejando claro su escepticismo sobre la capacidad ejecutiva de la actual administración.

Conclusiones de un veterano político

Las reflexiones de Felipe González trascienden el ámbito ferroviario para convertirse en un diagnóstico global del momento político y social español. Su intervención pone de manifiesto una crisis de confianza en las instituciones, un desfase entre discurso y realidad, y una gestión política que elude las responsabilidades fundamentales.

El expresidente, con la autoridad que le confieren sus años de experiencia, ha trazado un mapa de los problemas estructurales que aquejan al país: desde la ineficiencia del transporte hasta la precariedad social, pasando por la debilidad del liderazgo y la volatilidad política. Sus palabras sirven como advertencia sobre los riesgos de mantener una gobernanza basada en el cortoplacismo y la evasión de responsabilidades.

En definitiva, González ha situado el debate en el terreno de la exigencia de resultados y la rendición de cuentas. Su mensaje es claro: los ciudadanos merecen un servicio público eficiente, un liderazgo responsable y políticas que traduzcan el crecimiento económico en bienestar real. La pregunta que queda en el aire es si las actuales autoridades están dispuestas a escuchar este llamado a la reflexión y al cambio de rumbo.

Referencias