La Casa Real ha confirmado la visita de Sus Majestades los Reyes a la localidad cordobesa de Adamuz, escenario del trágico accidente ferroviario que ha conmocionado a toda España. El monarca y la reina han querido mostrar su solidaridad y apoyo tanto a las víctimas directas del siniestro como a los familiares afectados, además de reconocer personalmente el esfuerzo desplegado por todos los cuerpos de emergencia.
El desplazamiento real se produjo en las primeras horas de la mañana, cuando los trenes accidentados aún permanecían en las vías como testimonio silencioso de la tragedia. A su llegada al punto exacto del choque, Don Felipe y Doña Letizia fueron recibidos por las autoridades autonómicas y locales, encabezadas por el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, y el alcalde de Adamuz, quienes les ofrecieron un primer informe oficial sobre los hechos ocurridos.
La comitiva real no perdió tiempo en acercarse a los profesionales de los servicios de rescate. Entre estrechos apretones de mano y palabras de agradecimiento, los Reyes conversaron con miembros de Protección Civil, Policía Local y Guardia Civil que participaron en las complejas labores de evacuación y primeros auxilios. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, también se unió al encuentro para coordinar la respuesta institucional ante esta emergencia ferroviaria.
Uno de los momentos más emotivos de la visita se produjo cuando Felipe VI y Letizia Ortiz se detuvieron ante uno de los trenes siniestrados. Con gestos compungidos, observaron los destrozos causados por el impacto, mientras técnicos de Adif y responsables de seguridad ferroviaria les explicaban las hipótesis preliminares sobre las causas del accidente. La presencia del tren ALVIA y el tren IRYO, ambos gravemente dañados, sirvió como recordatorio visual de la gravedad del suceso.
El recorrido continuó en el Puesto de Mando Avanzado instalado en las inmediaciones, donde los Reyes pudieron comprender la magnitud de la operación de rescate. Allí, coordinadores del 112 Andalucía y del Servicio Público de Emergencias Sanitarias detallaron el despliegue de recursos movilizado: decenas de ambulancias, helicópteros medicalizados, unidades móviles de urgencias y personal especializado de más de una docena de municipios cercanos.
La respuesta ciudadana no pasó desapercibida para la Corona. Don Felipe y Doña Letizia dedicaron un tiempo especial a agradecer a vecinos y voluntarios que, de forma espontánea, acudieron al lugar del accidente para ofrecer agua, mantas, alimentos y consuelo a los pasajeros en shock. Esta muestra de solidaridad vecinal fue destacada por los Reyes como un ejemplo de la sociedad andaluza y española en momentos de crisis.
Tras la visita al lugar de los hechos, la comitiva real se trasladó hasta el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, convertido en centro de atención psicológica y apoyo a familiares. Allí, psicólogos, trabajadores sociales y personal sanitario del Hospital Universitario Reina Sofía habían establecido un dispositivo para atender a las personas buscando noticias de sus seres queridos.
Doña Letizia, conocida por su especial sensibilidad hacia las causas sociales, mantuvo conversaciones individuales con varios familiares. La reina escuchó sus testimonios con atención, ofreciendo palabras de consuelo y asegurando que la Corona estará al lado de los afectados durante todo el proceso de recuperación. Su empatía quedó patente en los gestos de cercanía y los abrazos compartidos en esos momentos de máxima vulnerabilidad emocional.
La visita hospitalaria constituyó la última parada del intenso programa. En el centro médico, los Reyes accedieron a las habitaciones donde permanecen algunos de los heridos, incluidos menores de edad que viajaban en los trenes. Doña Letizia se acercó especialmente a los niños, interesándose por su evolución médica y conversando con sus padres sobre el tratamiento recibido. El carácter familiar del accidente, con muchos viajeros de ocio que se dirigían a sus destinos vacacionales, ha aumentado el impacto emocional del siniestro.
En cada una de las estancias, Felipe VI transmitió un mensaje claro: la gratitud institucional hacia todos los implicados en la cadena de socorro. Desde los técnicos que manejaron las grúas hasta los psicólogos que atendieron crisis de pánico, pasando por los enfermeros que trabajaron sin descanso durante las primeras 48 horas. El Rey destacó que su labor «representa el mejor de España» y que su compromiso con la seguridad ciudadana queda más que demostrado.
La presencia de los Reyes en Adamuz y Córdoba va más allá del gesto simbólico. Constituye un reconocimiento oficial a la magnitud de la tragedia y un apoyo tangible a una comunidad que aún procesa el trauma colectivo. En momentos donde las instituciones pueden parecer distantes, la Corona ha optado por la cercanía física y emocional, visitando no solo las zonas oficiales sino también los espacios donde el dolor es más íntimo.
La respuesta de los servicios de emergencia andaluces ha sido calificada como exemplar por los expertos. La coordinación entre diferentes cuerpos policiales, servicios sanitarios y administraciones ha funcionado con precisión, minimizando las consecuencias de un accidente que podría haber sido aún más grave. Esta eficacia, sin embargo, no reduce el peso de las víctimas ni el impacto emocional en los supervivientes.
Desde el punto de vista institucional, la visita real sirve para unificar mensajes de unidad y respuesta coordinada entre el Gobierno central, la Junta de Andalucía y los ayuntamientos afectados. La tragedia ferroviaria ha puesto a prueba los protocolos de seguridad y emergencia, pero también ha demostrado la capacidad de la sociedad española para movilizarse en defensa de los más afectados.
La reina Letizia, con su experiencia previa como periodista y su conocimiento de crisis humanitarias, ha mostrado una particular sensibilidad hacia las necesidades psicológicas de los afectados. Su interés por los protocolos de atención emocional y su conversación con los especialistas en trauma del hospital abren puertas a futuras colaboraciones institucionales en materia de salud mental post-traumática.
El Rey, por su parte, ha reforzado su papel como jefe del Estado garante de la seguridad y bienestar de los ciudadanos. Su presencia en el lugar del siniestro, escuchando informes técnicos y mostrando interés por las causas, transmite un mensaje de seriedad institucional y compromiso con la investigación exhaustiva de los hechos.
A medida que la investigación judicial y técnica avanza, la sociedad demanda respuestas claras sobre las causas del accidente. La visita de los Reyes, mientras tanto, ha cubierto la necesidad inmediata de apoyo emocional y reconocimiento a quienes sufrieron y quienes acudieron en su ayuda. En esta tragedia ferroviaria, la Corona ha sabido estar donde se esperaba: al lado de su gente.
La jornada concluyó con un último encuentro privado con representantes de las familias más afectadas, lejos de las cámaras y los focos. En ese espacio de confidencialidad, los Reyes pudieron escuchar sin filtros el relato de la experiencia vivida, consolidando un vínculo de empatía que trasciende los formalismos institucionales. La humanidad del gesto quedará en el recuerdo de una comunidad que, en su dolor, ha encontrado en la Corona un apoyo incondicional.