Pilar Cox rompe su silencio: el beso forzado de Julio Iglesias que la humilló 30 años

La presentadora chilena revela cómo el cantante la besó sin consentimiento en pleno programa y por qué temió denunciarlo durante décadas

La voz de Pilar Cox tiembla cuando recuerda aquel momento que marcó su vida para siempre. Fue durante la década de los ochenta, cuando la presentadora y actriz chilena brillaba como una de las figuras más reconocidas de la televisión de su país. Con una carrera en ascenso, seis teleseries en su haber y la conducción de programas emblemáticos como Martes 13, Cox parecía tenerlo todo. Sin embargo, un episodio con Julio Iglesias en plena entrevista la sumió en una humillación que cargaría en silencio durante más de tres décadas.

El contexto de la época la presentaba como una profesional en su mejor momento. Su reputación como entrevistadora excepcional le había abierto las puertas de oportunidades exclusivas, incluyendo el supuesto "privilegio" de conversar con el astro español. En aquella primera entrevista en Brasil, Iglesias se mostró encantador y cercano, creando una falsa sensación de confianza profesional. Pero el destino tenía preparado un segundo encuentro que cambiaría radicalmente la percepción de Cox sobre el poder y el abuso en la industria del entretenimiento.

El incidente ocurrió durante la transmisión en vivo de un programa de televisión. Sin previo aviso, el cantante se levantó de su asiento, se acercó a la presentadora y, ignorando sus intentos de ofrecer la mejilla, la besó directamente en los labios. El gesto fue claramente forzado. Cox intentó zafarse, pero él insistió con un abrazo que la inmovilizó. La escena, captada por las cámaras, terminó con la profesional corriendo fuera del set entre lágrimas, mientras el programa continuaba su transmisión.

Durante treinta años, Pilar Cox guardó este trauma en silencio. La vergüenza la consumía, pero no era la única emoción que la paralizaba. En su mente resonaban constantemente las posibles consecuencias de denunciar a una figura de tal magnitud. "Él era Julio Iglesias y yo no...", confiesa con una mezcla de resignación y dolor, sintetizando la desigualdad de poder que caracteriza tantos casos de abuso en el mundo del espectáculo.

Los miedos de Cox eran muy concretos y terribles. En aquella época, estaba casada y tenía hijos pequeños. La posibilidad de que su testimonio fuera malinterpretado como una infidelidad la aterraba. Temía perder la custodia de sus hijos, ver destruida su reputación profesional y ser señalada por la opinión pública. "Sentía que podían pensar que yo había intentado algo con él... y podía perderlo todo", explica la presentadora, revelando la carga de culpa que las víctimas suelen autoimponerse en contextos de abuso de poder.

La soledad de Cox fue absoluta. Nadie la defendió en el momento del incidente, nadie cuestionó la acción del cantante. El silencio colectivo de su entorno profesional reforzó su sensación de impotencia. "¿Y tú crees que alguien me defendió? Nadie lo hizo", recuerda con amargura. La humillación la acompañó durante años, generando una tristeza profunda y una sensación de vulnerabilidad que la hacía cuestionarse constantemente por no haber reaccionado de otra manera.

El punto de inflexión llegó en agosto de 2023, cuando Pilar Cox decidió armarse de valor y romper su silencio. En una entrevista con La Otra Crónica, reveló por primera vez en pantalla que se sintió "agredida" por el comportamiento de Iglesias. Lo que siguió superó todas sus expectativas. Cinco meses después, en enero de 2024, su testimonio explotó con relevancia internacional, siendo recogido por medios de comunicación de todo el mundo.

"Estoy sorprendida, porque nunca me imaginé que mi testimonio iba a causar tanto interés", admite Cox con emoción en su voz. "Esto es algo que fue terrible para mí y que guardé en silencio, durante todos estos años. Me avergoncé durante mucho tiempo y saber que ahora mi testimonio importa me emociona". La liberación que siente es palpable, aunque reconoce que el proceso de sanación es largo y complejo.

Para la presentadora chilena, hablar públicamente representa una forma de liberación y empoderamiento. Aunque todavía se cuestiona qué podría haber hecho diferente en aquel momento, entiende que su reacción -o falta de ella- fue producto de un contexto de intimidación y desequilibrio de poder. "En ese momento yo no me pude defender... y me emociona poder contarlo ahora", señala, reconociendo que el simple hecho de ser escuchada ya es una victoria.

El caso de Pilar Cox ilustra una dinámica que trasciende fronteras y generaciones: el abuso de poder en la industria del entretenimiento. La figura de Julio Iglesias, con su estatus de ídolo internacional, representaba una autoridad casi intocable. Esta percepción de invulnerabilidad es precisamente lo que permite que conductas inapropiadas permanezcan impunes durante décadas.

La relevancia actual de su testimonio no es casual. En un momento histórico donde las denuncias de abuso y acoso ganan visibilidad, las voces que permanecieron silenciadas encuentran finalmente espacio para ser escuchadas. Cox representa a todas aquellas mujeres que, por miedo a las repercusiones personales y profesionales, optaron por el silencio como forma de supervivencia.

La presentadora chilena ahora mira hacia adelante. Su historia sirve como advertencia y como inspiración: advertencia sobre las consecuencias del abuso de poder, e inspiración para quienes aún guardan secretos similares. El hecho de que su testimonio haya resonado internacionalmente demuestra que, finalmente, las víctimas están siendo escuchadas sin los filtros de culpa y vergüenza que históricamente las han silenciado.

El viaje de Pilar Cox desde la humillación hasta la liberación pública es un reflejo de los cambios sociales en curso. Mientras que en los ochenta su voz fue ahogada por el peso del estatus de su agresor, hoy su verdad encuentra eco en una sociedad más dispuesta a cuestionar el poder y proteger a las víctimas. Su historia no es solo sobre un beso no consentido, sino sobre la resiliencia y el coraje necesarios para romper cadenas de silencio que duran décadas.

Referencias