La crisis interna en Vox Murcia ha escalado hasta convertirse en un conflicto que trasciende las fronteras regionales. José Ángel Antelo, hasta hace poco presidente de la formación en la región, ha decidido mantener su escaño en la Asamblea murciana tras una tensa negociación con la cúpula del partido. Su negativa a abandonar el liderazgo provincial ha desencadenado una dimisión en bloque del Comité Ejecutivo Provincial (CEP), un movimiento que Antelo califica como parte de un patrón recurrente en la formación de extrema derecha.
Los hechos se precipitaron el pasado miércoles cuando Montserrat Lluís, secretaria general adjunta de Vox, se desplazó hasta Murcia con una misión clara: transmitir a Antelo la voluntad de la dirección nacional de que abandonara su cargo. Según el relato del propio dirigente, la reunión no dejaba lugar a dudas. La cúpula quería un cambio de liderazgo, pero no estaba dispuesta a ejecutar un cese directo que pudiera generar revuelo mediático.
La propuesta que le trasladaron resultó llamativa. Antelo podía seguir como candidato a las elecciones de 2027 e, incluso, ascender a la portavocía nacional de deportes del partido. Sin embargo, estas condiciones venían con una exigencia implícita: debía presentar su dimisión como una decisión personal. "Entiendo perfectamente que se me cese o que se me cambie", declaró Antelo en declaraciones a Onda Cero, "pero eso es una decisión que tienes que decir tú y asumir tú". La distinción entre un cese ejecutado desde arriba y una dimisión voluntaria se convirtió en el núcleo del desencuentro.
El argumento de la dirección nacional para evitar el cese directo era, según Antelo, que generaría un "problema" interno. En su lugar, prefirieron ejercer presión para que fuera él quien diera el paso. Ante esta situación, Antelo mantuvo su postura: no iba a renunciar a un cargo que consideraba legítimo bajo la coacción de una estrategia que él califica de sumisión disfrazada de lealtad.
La respuesta no se hizo esperar. Al día siguiente, cinco miembros del CEP de Vox en Murcia presentaban su dimisión "con el objetivo expreso de permitir que la dirección nacional del partido tome las riendas". En su comunicado oficial, apuntaban a "un profundo desacuerdo con la gestión de José Ángel Antelo" y a una "grave crisis de cohesión interna". Antelo, sin embargo, rechaza este relato. "Lo demás es un relato que nada tiene que ver con la realidad", aseguró frente al Ayuntamiento de Molina de Segura.
El hasta ahora líder murciano insiste en que la presión sobre los miembros del CEP fue intensa. "Me dijeron que tenían muchas presiones", reveló, sugiriendo que las renuncias no fueron espontáneas sino el resultado de una estrategia orquestada desde Madrid. Según su versión, el origen del movimiento no reside en las diferencias internas de la provincia, sino en una decisión unilateral de Santiago Abascal, presidente nacional de Vox.
La teoría del patrón
Durante sus declaraciones, Antelo introdujo una acusación que va más allá de su caso particular. "Es difícil de explicar salvo, bueno, yo creo que un patrón que se va repitiendo a lo largo del tiempo", reflexionó. Según su análisis, cuando "alguien tiene un poco de notoriedad" dentro de Vox, "parece que es algo malo para el partido".
Esta afirmación apunta a una supuesta dinámica interna en la formación política por la que los dirigentes que adquieren proyección propia son sistemáticamente marginados. Antelo sugiere que su visibilidad mediática y su capacidad para generar debate habrían despertado recelos en la cúpula, que prefiere mantener un control centralizado y evitar liderazgos alternativos que puedan competir con la figura de Abascal.
La distinción entre lealtad y sumisión se convirtió en el eje de su discurso. "La lealtad es decir la verdad, otra cosa es la sumisión", afirmó, cuestionando implícitamente la cultura organizativa de Vox. Para Antelo, un miembro leal no es aquel que obedece ciegamente, sino quien es capaz de expresar discrepancias y mantener su propio criterio. Esta interpretación choca frontalmente con la expectativa de disciplina interna que tradicionalmente ha caracterizado a la formación.
Las presiones y el apoyo condicionado
El relato de Antelo incluye detalles que revelan la complejidad de las negociaciones. El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, le habría transmitido que si aceptaba presentar el relevo como "idea suya", tanto él como Abascal le apoyarían públicamente en redes sociales. Esta oferta de respaldo condicionado ilustra la importancia que la dirección concede a la gestión de la imagen pública y el control del relato.
Antelo interpretó esta propuesta como una prueba más de la falta de transparencia en el proceso. "Un vehículo que podía ayudar a mejorar las cosas parece que no tiene los mejores conductores", lamentó, en una metáfora que resume su percepción sobre el estado actual de Vox. La formación, en su opinión, tiene potencial pero está siendo mal gestionada desde las altas esferas.
El futuro incierto
A pesar de la crisis, Antelo ha dejado claro que no piensa abandonar la política activa. Pretende continuar como diputado en la Asamblea de Murcia, un escenario desde el que podrá mantener su discurso crítico hacia la dirección nacional. Esta decisión plantea un dilema para Vox: ¿cómo gestionar la presencia de un diputado disidente que no responde a la disciplina de partido pero que mantiene el acta obtenida bajo sus siglas?
La situación recuerda a crisis previas en otras formaciones políticas donde la tensión entre liderazgo nacional y territoriales ha generado fracturas visibles. Sin embargo, la particularidad del caso de Vox radica en la acusación explícita de un patrón sistemático de control que, según Antelo, castiga la notoriedad individual.
Implicaciones para Vox
Este conflicto llega en un momento delicado para la formación, que busca consolidar su posición como tercera fuerza política en España. Las divisiones internas, especialmente cuando se hacen públicas, pueden erosionar la imagen de unidad que proyecta el partido. La gestión de esta crisis por parte de Abascal y su equipo será crucial para mantener la confianza de su electorado.
Por otro lado, las acusaciones de Antelo podrían resonar en otros territorios donde dirigentes locales sientan una tensión similar con Madrid. Si la teoría del "patrón" gana credibilidad, podría generar descontento en las bases y cuestionar el modelo de organización centralizado que caracteriza a Vox.
El debate sobre la lealtad y la sumisión que ha planteado Antelo toca un nervio sensible en cualquier formación política. Mientras los partidos exigen disciplina para funcionar como máquinas electorales efectivas, los dirigentes territoriales necesitan cierta autonomía para adaptarse a sus realidades locales. El equilibrio entre ambas cosas es delicado, y en este caso parece haberse roto.
Conclusión
La crisis de Vox en Murcia es más que un simple enfrentamiento personal. Las palabras de José Ángel Antelo han abierto la caja de Pandora sobre las dinámicas de poder internas de la formación. Su denuncia de un patrón de purgas contra dirigentes con notoriedad plantea serias interrogantes sobre la cultura democrática del partido.
Mientras Antelo se prepara para continuar su labor parlamentaria desde una posición crítica, la dirección nacional debe decidir cómo gestionar esta rebeldía interna sin generar más daño a su imagen. La tensión entre lealtad y sumisión, entre control centralizado y liderazgo territorial, definirá el futuro de esta crisis. Lo que está en juego no es solo el cargo de un dirigente regional, sino el modelo de organización y la cohesión de Vox de cara a los próximos desafíos electorales.
El caso de Murcia podría convertirse en un precedente que otros dirigentes territoriales observen con atención. Si la gestión de Abascal se percibe como autoritaria, podría generar más resistencias internas. Por el contrario, si logra resolver la situación con habilidad política, reforzará su liderazgo. El tiempo dirá si las palabras de Antelo fueron el grito de un dirigente aislado o el síntoma de una enfermedad estructural en el partido.