La vicepresidenta del Gobierno y candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, ha anunciado que no asistirá a la tradicional gala de entrega de medallas del Día de Andalucía que se celebra el 28-F en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. En su lugar, participará únicamente en los actos institucionales del Parlamento andaluz y organizará un evento paralelo en la localidad onubense de Moguer para conectar directamente con la ciudadanía.
Esta decisión, confirmada durante una comparecencia en la delegación del Gobierno, ha generado un notable revuelo político en la comunidad autónoma. Montero justificó su ausencia argumentando que la ceremonia se ha transformado en un "acto de autobombo" del actual presidente de la Junta, Juanma Moreno Bonilla, alejado del espíritu reivindicativo que debería caracterizar la fecha señalada.
La dirigente socialista, que también ocupa la cartera de Hacienda, dejó claro que su presencia se limitará al pleno del Parlamento andaluz, donde se desarrollan los actos protocolarios del 28-F. Sin embargo, rechazará participar en la entrega de galardones e hijos predilectos de Andalucía, las más altas distinciones que concede la comunidad. Esta postura será compartida por la totalidad del grupo parlamentario socialista, quienes tampoco acudirán al Teatro de la Maestranza. Únicamente los diputados que forman parte de la mesa de la cámara cumplirán con sus obligaciones institucionales.
Durante su intervención, Montero subrayó que su trayectoria política siempre ha estado marcada por la participación en los actos del Día de Andalucía. "Yo diría que siempre he estado presente", recordó, enfatizando que este año rompe con esa tradición por motivos de principio. La candidata socialista considera que el formato actual de la gala desvirtúa el verdadero significado de la celebración, convirtiéndola en un espectáculo televisivo donde el protagonismo recae exclusivamente sobre el presidente andaluz.
Las críticas de Montero se centraron en lo que describe como una planificación excesivamente escenificada del evento. Según sus declaraciones, la organización habría preparado incluso una "escaleta" que detalla minuciosamente los momentos de aplauso del público, diseñados específicamente para "mayor gloria de Moreno Bonilla". Esta acusación alcanzó su punto álgido cuando la dirigente socialista hizo referencia a un anuncio anticipado por parte del grupo parlamentario popular sobre una ovación programada durante la intervención de Juanma Moreno sobre el modelo de financiación autonómico.
"Todo pone de manifiesto que no se trata de un acto institucional sino una gala a mayor autobombo de Moreno Bonilla", afirmó Montero con contundencia. La candidata socialista expresó su sorpresa por esta situación, asegurando que nunca antes había presenciado que en los actos de entrega de medallas "quien fuera el protagonista fuera el presidente en lugar de los andaluces".
La respuesta del PSOE andaluz no se limita a la simple ausencia de sus representantes. Montero ha diseñado una estrategia alternativa que busca reconectar la celebración del 28-F con sus raíces reivindicativas y populares. La propuesta pasa por desplazar el foco de atención desde el protocolo oficial hacia el contacto directo con los ciudadanos en territorio.
Así, la vicepresidenta del Gobierno tiene previsto desplazarse hasta Moguer, municipio onubense con profunda tradición histórica, donde mantendrá un encuentro abierto con la población. Este acto simbólico pretende servir de modelo para el resto de la formación socialista, cuyos diputados recibirán la indicación de reunirse con los alcaldes de sus respectivas localidades durante esa jornada.
La consigna es clara: los representantes socialistas deben participar en los desayunos, comidas y meriendas que los consistorios organizan "con la gente del pueblo y la gente humilde de Andalucía". Montero defiende que el 28-F debe ser fundamentalmente "un día reivindicativo", no un escaparate para la promoción personal de ningún líder político.
Esta iniciativa responde a una visión particular sobre cómo deberían celebrarse las fechas señaladas de la comunidad. La candidata socialista considera indispensable recuperar el carácter participativo y cercano de las instituciones, alejándolas de lo que percibe como una deriva espectacularizada y mediatizada de la política autonómica.
En sus declaraciones, Montero dejó entrever una esperanza de que este modelo de celebración sea revisado en años futuros. La dirigente socialista confía en que se pueda reorganizar la entrega de medallas para que los verdaderos protagonistas sean los premiados, con un formato "serio y riguroso" que evite "otro tipo de deriva" en la que, a su juicio, Juanma Moreno ha convertido el acto.
La polémica en torno a la gala del 28-F no es nueva, pero la decisión de la principal candidata de la oposición de ausentarse por completo marca un punto de inflexión sin precedentes en la política andaluza reciente. La confrontación entre el Gobierno autonómico y el PSOE se traslada así del ámbito parlamentario a la esfera de los símbolos y las tradiciones institucionales.
Desde el punto de vista estratégico, la movida de Montero busca varios objetivos simultáneos. Por un lado, cuestiona la legitimidad del formato actual de la celebración, presentándolo como un instrumento de propaganda personal. Por otro, intenta reforzar su imagen de política cercana y comprometida con las bases sociales, contraponiendo el glamour del Teatro de la Maestranza con la realidad de los municipios.
La elección de Moguer como escenario alternativo no es casual. La localidad onubense, conocida por su patrimonio histórico y su vinculación con figuras como Cristóbal Colón, permite a Montero conectar con el orgullo regional desde una perspectiva diferente a la oficial. Además, refuerza el mensaje de descentralización y apoyo a las zonas menos urbanizadas de Andalucía.
La iniciativa también plantea un desafío interno a la organización del PSOE andaluz, que deberá movilizar a sus 62 diputados para que cumplan con la consigna de estar presentes en los actos municipales. Este despliegue territorial puede fortalecer los lazos entre la dirección regional y las estructuras locales, especialmente en un año electoralmente decisivo.
La polémica ha llegado en un momento de máxima tensión política en Andalucía, con la campaña para las elecciones autonómicas en marcha y los sondeos mostrando una competencia muy ajustada entre el PP-A y el PSOE-A. La batalla por el relato del 28-F se convierte así en un nuevo frente de confrontación entre ambas formaciones.
Para el Gobierno andaluz, la ausencia de Montero y los suyos puede interpretarse como un desprecio a una de las instituciones más emblemáticas de la comunidad. Desde el PP-A probablemente se acuse a la socialista de politizar una fecha que debería servir para la unión de todos los andaluces.
Sin embargo, la vicepresidenta del Gobierno insiste en que su postura responde precisamente a lo contrario: evitar la politización partidista de un acto que debería ser inclusivo y representativo de toda la sociedad andaluza. La discusión sobre el formato, los aplausos y el protagonismo pone de manifiesto diferencias profundas sobre cómo entender la representación política y la comunicación institucional.
Mientras tanto, los ciudadanos de Andalucía asisten a este nuevo capítulo de la confrontación política con la incertidumbre de cómo se desarrollará la celebración del 28-F sin la principal fuerza de la oposición. La decisión de Montero abre un debate sobre la necesidad de reformar los actos institucionales para adaptarlos a una política menos mediatizada y más participativa.
La vicepresidenta ha dejado claro que su compromiso con Andalucía no se mide por la asistencia a un acto protocolario, sino por la capacidad de escuchar y representar a los ciudadanos en su propio territorio. Con este gesto, Montero apuesta por una forma diferente de hacer política, más cercana y menos dependiente de los focos mediáticos, aunque no exenta de riesgos en términos de visibilidad institucional.
El próximo 28 de febrero, mientras el Teatro de la Maestranza acoja la ceremonia oficial con las medallas y los hijos predilectos, María Jesús Montero estará en Moguer, demostrando con hechos su concepción de un día de celebración que, en su opinión, debe volver a las calles y a las plazas, lejos de los escenarios televisivos y los aplausos ensayados.