Trump excluye a España de las reuniones preparatorias del G20

La decisión afecta a todos los países invitados, pero el PP critica que España perderá influencia en la cumbre de Miami de diciembre 2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tomado la determinación de excluir a España de todas las reuniones preparatorias de la próxima cumbre del G20, un evento que el país norteamericano acogerá por primera vez en dos décadas. Esta medida, confirmada por fuentes diplomáticas, sitúa a España fuera de los encuentros de trabajo previos a la cita de líderes, aunque manteniendo su presencia en la cumbre final como nación invitada, tal como viene ocurriendo desde 2008.

La cumbre de líderes del G20 está programada para los días 14 y 15 de diciembre en Miami, bajo la presidencia estadounidense. Según ha trascendido, España "no ha sido invitada ni lo será a ninguna reunión preparatoria, ya sea de sherpas ni ministerial". Esta exclusión deja a nuestro país al margen de las negociaciones previas que marcan la agenda y los acuerdos fundamentales del foro internacional más importante de economías desarrolladas y emergentes.

El primer encuentro organizativo, conocido como reunión de sherpas, se celebró en Washington los pasados 15 y 16 de diciembre. El Departamento de Estado publicó la lista de participantes, que incluía representantes de la Unión Africana, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, la Unión Europea, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Corea del Sur, México, Rusia, Arabia Saudita, Turquía y Reino Unido. Polonia fue el único país invitado que sí tuvo presencia en esa cita inicial, lo que ha generado interrogantes sobre los criterios de selección aplicados por la administración Trump.

Desde La Moncloa se ha defendido que esta decisión no constituye un trato discriminatorio hacia España, sino que forma parte de una política general hacia todos los países invitados. El ejecutivo español subraya que, a pesar de la ausencia en las reuniones preparatorias, los contactos bilaterales con Washington se desarrollan con total normalidad. "Estados Unidos, siempre original, ha decidido que los países invitados no participan en las reuniones de sherpas, que han reducido considerablemente. No participan ni Singapur, ni Holanda ni Emiratos Árabes ni nadie", argumentan fuentes gubernamentales para contextualizar la exclusión española.

Las relaciones bilaterales entre ambas naciones atraviesan por uno de sus momentos más delicados desde la cumbre de la OTAN celebrada en junio de 2024. En esa ocasión, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, encabezó la oposición más firme a la propuesta de Trump de que los aliados incrementaran su contribución hasta el 5% del PIB. Aunque finalmente todos los países miembros suscribieron el compromiso, las declaraciones discrepantes de Sánchez generaron fricciones diplomáticas que persisten meses después.

La oposición política no ha tardado en reaccionar a esta exclusión. Desde el Partido Popular se ha criticado duramente que España se haya quedado fuera de las reuniones preparatorias, considerando que esto debilita la proyección internacional del país. "Sánchez tendrá su foto, pero España no tendrá ninguna influencia", han manifestado portavoces populares, en alusión a la presencia simbólica del presidente en la cumbre final sin capacidad de incidencia real en las decisiones.

La presidencia del G20 es un cargo rotatorio que cambia cada primero de diciembre. Estados Unidos asumió esta responsabilidad para 2026, coincidiendo con el 250 aniversario de su independencia. Durante todo el año, la administración Trump se encargará de organizar los diferentes encuentros preparatorios que culminarán con la Cumbre de Líderes en el Trump National Doral Miami, un exclusivo complejo de golf propiedad del propio presidente estadounidense.

Esta situación plantea interrogantes sobre el papel de España en el escenario global durante los próximos años. La exclusión de las reuniones de sherpas, que son el verdadero espacio de negociación y definición de posiciones, limita la capacidad del país para defender sus intereses económicos y geopolíticos en un momento de transición internacional. Aunque la presencia en la cumbre final mantiene el estatus simbólico, la ausencia en las deliberaciones previas reduce el margen de maniobra español.

El contexto de tensión en la relación transatlántica no se limita al ámbito de la OTAN. Las diferencias en política comercial, el enfoque hacia la migración y las distintas visiones sobre la gobernanza global han ido distanciando posiciones entre Madrid y Washington. La decisión de Trump de restringir las reuniones preparatorias solo a miembros permanentes y a un selecto grupo de invitados refleja una visión más excluyente del multilateralismo, donde los países con menor peso relativo ven reducida su capacidad de participación.

Para España, esta circunstancia supone un desafío diplomático adicional en un momento en el que busca consolidar su influencia en instituciones globales. La diplomacia española tendrá que redoblar esfuerzos en los canales bilaterales y a través de la Unión Europea para asegurar que sus posiciones sean tenidas en cuenta, aunque sin presencia directa en las mesas de negociación. La experiencia de Polonia, que sí logró acceso a la primera reunión, sugiere que existen vías para los países invitados, pero requieren una estrategia diplomática activa y quizás concesiones en otros frentes.

La cumbre de diciembre en Miami se perfila como un evento de alto voltaje político, no solo por los temas inherentes al G20, sino por el simbolismo de celebrarse en un establecimiento propiedad del presidente Trump. La exclusión de España de las fases preparatorias puede interpretarse como un mensaje más amplio sobre las prioridades de la administración republicana y su concepción de las alianzas internacionales. Mientras tanto, el Gobierno español mantiene un discurso conciliador, insistiendo en la normalidad de las relaciones bilaterales y minimizando el impacto de esta decisión.

La realidad es que la influencia española en el G20 quedará limitada a la declaración final y a los encuentros bilaterales marginales, sin participación en los textos clave que se negocian meses antes. Esta situación, si bien no es inédita para un país invitado, sí resulta preocupante en el contexto actual de reconfiguración del orden global y de las tensiones transatlánticas. La capacidad de España para defender sus intereses en áreas como el comercio, la transición energética o la seguridad quedará supeditada a la intermediación de socios más influyentes dentro del foro.

A medida que se acerca la fecha de la cumbre, la diplomacia española deberá definir su estrategia para maximizar su impacto en Miami, aunque sin haber participado en los trabajos previos. La experiencia de anteriores cumbres sugiere que la presencia física del líder en la reunión final es solo la punta del iceberg de un proceso negociador complejo que se desarrolla durante meses. La ausencia en ese proceso deja a España en una posición de reacción, más que de acción, en las decisiones que afectarán a la economía global en los próximos años.

Referencias