El Instituto de Salud Carlos III ha confirmado oficialmente que España ha superado el umbral epidémico de gripe esta semana, situando la tasa de síndrome gripal en 40,1 casos por cada 100.000 habitantes. Esta cifra, que supera el límite establecido en 37 casos, marca el inicio de una temporada que ya preocupa a los expertos por su carácter prematuro y la configuración genética del patógeno. Los datos reflejan un salto significativo respecto a la semana anterior, cuando se registraban 35,2 casos por 100.000 habitantes, lo que indica una propagación acelerada del virus por todo el territorio nacional.
El indicador de incidencia global, que incorpora variables epidemiológicas adicionales, ha experimentado un incremento aún más pronunciado, alcanzando los 112,2 casos por 100.000 habitantes frente a los 80,5 de la semana precedente. Esta evolución exponencial confirma las peores previsiones de los vigilantes de la salud pública, que venían alertando desde mediados de otoño sobre la posibilidad de una oleada inusualmente temprana y potente. La velocidad de transmisión observada en estas primeras semanas sugiere que podríamos estar ante una de las campañas más intensas de los últimos años.
La preocupación trasciende nuestras fronteras. El Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) ha emitido una alerta formal a todos los estados miembros, instándoles a reforzar sus sistemas de vigilancia y a preparar sus infraestructuras hospitalarias para un posible pico de ingresos. La agencia comunitaria destaca que la detección temprana del virus en múltiples países simultáneamente constituye un patrón atípico que rompe con la cronología habitual de las temporadas gripales en el hemisferio norte. Esta situación requiere una respuesta coordinada y anticipada.
Uno de los factores que más inquieta a la comunidad científica son las alteraciones genéticas identificadas en la cepa dominante. Los análisis virológicos revelan modificaciones en las proteínas de superficie del virus que lo hacen parcialmente diferente a las variantes que circularon en inviernos anteriores. Esto implica que la memoria inmunológica de la población puede ser menos efectiva, incluso entre personas vacunadas recientemente, ya que la correspondencia antigenica no es perfecta. La combinación de un patógeno ligeramente remodelado y una inmunidad residual debilitada crea las condiciones ideales para una transmisión masiva.
El adelanto temporal es otro elemento disruptivo. Según el informe de riesgo del ECDC, la circulación del virus se ha detectado con tres o cuatro semanas de anticipación respecto a lo habitual en el continente. Este fenómeno ya se había observado en Asia durante el verano, cuando Japón declaró el inicio de su temporada en septiembre, convirtiéndose en el segundo inicio más temprano de su historia reciente. La progresión geográfica natural del patógeno, que tradicionalmente se origina en Asia y migra hacia Europa, se ha acelerado este año por motivos que aún se investigan.
Los datos de la pasada temporada, calificada como de "menor gravedad" por el Ministerio de Sanidad, sirven como referente inquietante. A pesar de esa consideración oficial, el balance final arrojó 1.825 fallecimientos atribuibles y más de 33.000 hospitalizaciones, según una investigación publicada en la revista especializada Influenza and Other Respiratory Viruses. Estas cifras ponen en perspectiva el potencial impacto de una campaña más virulenta, especialmente en grupos de riesgo como mayores, pacientes crónicos y mujeres embarazadas.
La presión sobre los servicios de urgencias y las unidades de cuidados intensivos podría intensificarse en las próximas semanas. El ECDC advierte expresamente sobre la necesidad de garantizar la capacidad asistencial, tanto en camas hospitalarias como en personal sanitario, que ya viene de años de tensión acumulada. La coincidencia con otros virus respiratorios, como el sincitial respiratorio o el SARS-CoV-2, aunque en niveles bajos, complica aún más la gestión de recursos en los centros de salud.
Ante este escenario, las autoridades sanitarias están intensificando las campañas de vacunación preventiva. La estrategia principal sigue siendo la inmunización de colectivos vulnerables y profesionales esenciales, pero con un calendario adelantado. En Cataluña, por ejemplo, la administración de dosis pediátricas se adelantó a la tercera semana de septiembre, reconociendo el papel clave que desempeñan los escolares en la cadena de transmisión comunitaria. Esta medida busca crear un escudo de protección antes de que el virus alcance su máxima expansión.
Otras comunidades autónomas han implementado iniciativas similares. El País Vasco instaló un vacunódromo en Bilbao durante el mes de octubre para agilizar la inoculación masiva tras detectar un incremento precoz de hospitalizaciones. Este tipo de infraestructuras permite administristrar miles de dosis diarias, reduciendo las barreras de acceso y descongestionando los centros de atención primaria. La experiencia adquirida durante la pandemia de COVID-19 se está reutilizando para optimizar la respuesta ante la gripe.
Las recomendaciones para la ciudadanía son claras y se centran en medidas de higiene respiratoria y distanciamiento social cuando se presentan síntomas. Lavarse las manos frecuentemente, usar mascarilla en espacios cerrados con aglomeraciones, cubrirse al toser o estornudar, y ventilar adecuadamente los interiores son prácticas sencillas pero efectivas. Es fundamental que las personas con fiebre alta, malestar general o dificultad respiratoria acudan al médico sin demora, especialmente si pertenecen a grupos de riesgo.
La situación actual exige una respuesta proporcionada pero decidida. Mientras los sistemas de vigilancia continúan monitorizando la evolución del virus en tiempo real, la colaboración ciudadana y la adhesión a las medidas preventivas serán determinantes para mitigar el impacto de esta oleada atípica. Los próximos quince días serán cruciales para definir si la curva epidémica se estabiliza o si, por el contrario, desemboca en una crisis sanitaria de mayor envergadura.