Tania Llasera: cómo los perfumes de sus seres queridos la ayudan en Navidad

La presentadora comparte su ritual para honrar la memoria de sus abuelos y padre durante las fiestas, utilizando la memoria olfativa como herramienta de sanación emocional

La Navidad, un período asociado tradicionalmente a la reunión familiar, la celebración colectiva y la alegría compartida, se convierte para muchas personas en un momento especialmente complejo cuando la ausencia de un ser querido se hace más patente. La presentadora Tania Llasera ha abierto su corazón en una conversación reciente de su programa digital de bienestar, abordando con honestidad este tema tan delicado que afecta a millones de personas cada año en todo el mundo, especialmente durante las fechas festivas que remarcan la importancia de la unión familiar.

Durante el episodio de "A tiempo", el espacio que conduce para el medio Upeka, la comunicadora vasca de 47 años no pudo contener la emoción al dialogar con la neurocientífica Ana Asensio sobre estrategias efectivas para gestionar la pérdida en estas fechas señaladas. La conversación reveló una práctica íntima y conmovedora que Llasera utiliza para mantener viva la conexión con quienes ya no están físicamente presentes, pero que continúan ocupando un lugar central en su corazón y su memoria afectiva, demostrando que el amor trasciende la muerte.

El fenómeno conocido como síndrome de la silla vacía describe precisamente esa sensación de vacío y tristeza que experimentan quienes enfrentan una mesa navideña con un lugar desocupado. Según explican expertos en salud mental, estas fechas intensifican las emociones y hacen más visible la ausencia, creando un contraste doloroso entre el ambiente festivo y el duelo interno. La psicóloga general sanitaria Sílvia Sumell destaca la importancia de verbalizar estos sentimientos y permitirse experimentar la tristeza sin censura, sin la presión social de "estar bien" durante las celebraciones, algo que muchos consideran una obligación que dificulta el proceso natural de duelo y sanación emocional.

La aproximación científica propuesta por Asensio invita a visualizar la presencia simbólica del familiar fallecido como una técnica terapéutica activa. La especialista sugiere preguntarse qué elementos disfrutaría esa persona en la celebración: qué vino preferiría, qué regalo colocaría bajo el árbol, qué anécdota contaría, qué plato le gustaría preparar. Esta técnica de reencuentro mental facilita la elaboración del duelo de forma más suave, transformando la ausencia en una presencia activa en la memoria y permitiendo que la persona fallecida continúe formando parte de la tradición familiar de manera simbólica pero significativa.

Sin embargo, fue la confesión personal de Llasera la que convirtió el momento en especialmente emotivo y conectó la teoría con la experiencia vivida. "Siempre me pongo los perfumes de la gente que me falta y que quiero", reveló la presentadora, con la voz entrecortada por la emoción. Esta práctica, lejos de ser un mero ritual supersticioso, encuentra fundamento científico sólido en la poderosa conexión entre el olfato y la memoria emocional que investigadores han documentado durante décadas en numerosos estudios neurocientíficos sobre el procesamiento cerebral de los aromas y sus conexiones límbicas.

La neurocientífica confirmó esta relación con una claridad contundente: "El olor va directamente a la emoción". Los aromas tienen la capacidad única de activar recuerdos vívidos y sensaciones corporales de manera instantánea, sin el filtro racional que interviene en otros sentidos. Esta vía neuronal directa, que conecta el bulbo olfativo con la amígdala y el hipocampo, explica por qué un simple perfume puede desencadenar una cascada de recuerdos y emociones que otros estímulos no logran provocar. Para Llasera, esta experiencia se traduce en una sensación tangible y reconfortante: "Siento como un abrazo".

La experta compartió ejemplos paralelos de su propia vida que ilustran este fenómeno universal. Conservó una prenda de su abuela exclusivamente por su aroma, como un tesoro sensorial más valioso que cualquier objeto material. Y cuando heredó la motocicleta de su padre, el olor del casco le provocó una sensación abrumadora de proximidad física. "Le dije a mi marido 'Dios mío, acabo de abrazar a mi padre'", relató Asensio, demostrando el poderoso impacto de la memoria olfativa en el proceso de duelo y la reconexión emocional con quienes han partido.

El vínculo especial de Tania Llasera con sus abuelos maternos constituye el núcleo emocional de su historia personal. La comunicadora explicó con detalle que fueron ellos quienes asumieron su crianza desde la infancia, estableciendo una conexión que trasciende la mera ausencia física. "Me faltan mis abuelos por parte de madre. Me criaron desde pequeña. Y a mí siempre me dieron muchas ganas de vivir", expresó con una mezcla de dolor y gratitud que resonó profundamente con la audiencia del programa.

A pesar de que han transcurrido 17 años desde su fallecimiento, Llasera mantiene su presencia viva en su día a día de manera activa y consciente. "Da igual el tiempo que pase. Siguen estando conmigo y cada día me acuerdo de ellos mil veces", afirmó con convicción. Esta continuidad del vínculo representa una forma saludable de duelo, donde el recuerdo no se diluye con el tiempo sino que se integra en la vida cotidiana, convirtiéndose en una fuente de fortaleza en lugar de solo dolor persistente que paraliza.

La presentadora compartió anécdotas que revelan la vibrante personalidad de su abuela, quien fue actriz profesional. Imaginó con claridad y cariño lo que le diría si la viera llorando frente a la cámara: "'para de llorar que estás delante de la cámara'. Era actriz y me decía 'por favor, para adelante, para adelante'". Estos detalles biográficos enriquecen la narrativa y humanizan la experiencia del duelo, mostrando que los seres queridos continúan "hablando" a través de la memoria y moldeando nuestras decisiones desde el recuerdo, actuando como guías internos.

La conversación entre Llasera y Asensio ilumina una verdad fundamental sobre el duelo: la elaboración del duelo no implica olvidar, sino reconfigurar la relación con quien se ha ido de manera que la pérdida se integre en la vida del sobreviviente. Los rituales personales, como el uso de perfumes, los objetos con aroma significativo o las visualizaciones guiadas, pueden convertirse en herramientas poderosas para este proceso de integración emocional y sanación, permitiendo que el amor perdure más allá de la muerte.

Durante las fiestas navideñas, cuando la presencia de ausencias se intensifica y las expectativas sociales de felicidad pueden generar presión adicional, estas prácticas adquieren especial relevancia terapéutica. Permiten transformar el dolor en conexión activa, la tristeza en recuerdo vivo, y el vacío en presencia simbólica. La experiencia de Llasera demuestra que la memoria sensorial, particularmente la olfativa, ofrece un camino directo y auténtico hacia esa reconexión emocional que tanto necesitan quienes están de luto, especialmente cuando la sociedad espera que sonrían y celebren.

El mensaje final que emerge de esta conversación íntima es claro y potente: permitirse sentir sin culpa, hablar abiertamente de la pérdida sin tabúes, y encontrar mecanismos personales para honrar la memoria de quienes ya no están constituyen pasos esenciales para el bienestar emocional. Ya sea a través de un perfume, una prenda de vestir, una canción, una receta de cocina o simplemente compartiendo historias en voz alta, cada persona puede descubrir su propia forma de mantener vivos a sus seres queridos en su corazón y su vida diaria, creando nuevas tradiciones que honran el pasado sin atarlo.

En un contexto social que a menudo evita el tema de la muerte, especialmente en momentos de celebración colectiva, la vulnerabilidad mostrada por figuras públicas como Tania Llasera contribuye a normalizar el duelo y ofrecer consuelo a quienes atraviesan procesos similares. Su testimonio sirve como recordatorio poderoso de que la ausencia física no equivale al olvido, y que el amor perdura más allá de la muerte a través de los sentidos, los recuerdos y los rituales que elegimos mantener con intención y cariño, convirtiendo el dolor en una conexión perdurable que enriquece nuestra vida presente.

Referencias

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