El efecto rebote de los medicamentos para adelgazar: recuperas el peso en menos de dos años

Un metaanálisis de la Universidad de Oxford revela que al suspender fármacos como el Ozempic, los pacientes recuperan 0,4 kg mensuales y los beneficios cardiovasculares desaparecen

Los avances farmacológicos en el tratamiento de la obesidad han revolucionado la medicina moderna, pero una nueva investigación pone de manifiesto un desafío crítico: el efecto rebote. Según un extenso metaanálisis publicado en la prestigiosa revista 'The BMJ', las personas que interrumpen el tratamiento con medicamentos como la semaglutida o la tirzepatida experimentan una recuperación progresiva del peso que puede anular los beneficios logrados en menos de dos años.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, analizó datos de 37 estudios clínicos que involucraron a más de 9.300 participantes. Los resultados son contundentes: tras la suspensión del tratamiento farmacológico, los pacientes recuperan una media de 0,4 kilogramos cada mes. A este ritmo, se estima que el peso previo al tratamiento se recupera completamente en aproximadamente 1,7 años.

Lo que resulta más preocupante es que esta recuperación no se limita únicamente al peso corporal. Los indicadores de salud que habían mejorado durante el tratamiento, como el colesterol, la presión arterial o el control de la glucosa, también sufren una reversión. Los investigadores calculan que estos marcadores de riesgo cardiovascular y metabólico retornan a sus niveles iniciales en torno a los 1,4 años después de abandonar la medicación.

La velocidad del efecto rebote es especialmente llamativa cuando se compara con otros métodos. La investigación demuestra que la recuperación de peso tras suspender los fármacos es cuatro veces más rápida que la observada tras finalizar programas basados exclusivamente en cambios de dieta y actividad física. Esta diferencia se mantiene independientemente de la cantidad de peso perdida inicialmente durante el tratamiento farmacológico.

Los agonistas del receptor GLP-1, que incluyen medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida, han transformado el panorama terapéutico de la obesidad. Sin embargo, el estudio revela una realidad incómoda: cerca de la mitad de los pacientes con obesidad interrumpe el tratamiento en el plazo de un año. Esta baja adherencia convierte en urgente la necesidad de comprender las consecuencias de la retirada farmacológica.

El equipo de Oxford revisó tanto ensayos clínicos como estudios observacionales que comparaban medicamentos autorizados para la pérdida de peso con placebo o con intervenciones no farmacológicas, como programas conductuales. Aunque los diseños y la calidad metodológica variaban entre los estudios, los investigadores evaluaron sistemáticamente el riesgo de sesgo utilizando herramientas estandarizadas.

En conjunto, los 37 estudios incluidos sumaron 9.341 participantes con una duración media del tratamiento de 39 semanas y un periodo de seguimiento posterior de 32 semanas. Los datos revelaron que la recuperación mensual de peso era significativamente superior tras la suspensión farmacológica comparada con la observada tras abandonar programas conductuales, con una diferencia de aproximadamente 0,3 kg al mes.

Los autores del metaanálisis reconocen importantes limitaciones en su trabajo. Únicamente ocho estudios evaluaron los fármacos GLP-1 más recientes y el seguimiento máximo fue relativamente corto en muchos casos. Además, la heterogeneidad entre los diseños de los estudios dificulta la generalización de los resultados a poblaciones más amplias.

Esta evidencia científica sugiere que, a pesar del éxito inicial que pueden tener estos medicamentos, su uso aislado podría no ser suficiente para el control del peso a largo plazo. Los expertos recomiendan que el tratamiento farmacológico deba complementarse con intervenciones conductuales sostenibles que promuevan hábitos de vida saludables y mejoren la adherencia terapéutica.

La obesidad es una enfermedad crónica que requiere un manejo continuado, similar a otras condiciones médicas como la hipertensión o la diabetes. La idea de que un medicamento pueda resolver permanentemente el problema sin cambios en el estilo de vida parece, según estos datos, una expectativa poco realista. La clave estaría en combinar la eficacia de los nuevos fármacos con estrategias que garanticen la mantención de los resultados en el tiempo.

Para los profesionales de la salud, estos hallazgos subrayan la importancia de establecer expectativas realistas con los pacientes y de diseñar planes de tratamiento integral que no dependan exclusivamente de la medicación. Para los pacientes, la investigación sirve como recordatorio de que los cambios duraderos requieren compromiso a largo plazo con múltiples aspectos del estilo de vida.

El debate sobre el uso de estos fármacos continúa evolucionando. Mientras tanto, estudios como el de Oxford y 'The BMJ' proporcionan evidencia crucial para tomar decisiones informadas sobre el manejo de la obesidad en la práctica clínica diaria. La comunidad médica espera que futuras investigaciones aborden estas limitaciones y exploren combinaciones terapéuticas que minimicen el efecto rebote y maximicen los beneficios para la salud a largo plazo.

Referencias

Contenido Similar