La final de la Supercopa de España dejó un regusto amargo más allá del resultado deportivo. En el estadio Alinma de Jeddah, el FC Barcelona se proclamó campeón tras superar por 3-2 al Real Madrid en un duelo vibrante. Sin embargo, el gesto que marcó la ceremonia de entrega de trofeos fue protagonizado por Kylian Mbappé, quien apenas había disputado los últimos veinte minutos del compromiso.
El conjunto blaugrana, fiel a la tradición, formó el pasillo de honor al subcampeón antes de recibir el trofeo. Este acto, considerado un símbolo de respeto y deportividad, contrastó con lo que sucedería minutos después. Cuando los jugadores merengues debían subir al podio para recoger sus medallas, varios de ellos mostraron una actitud que generó instantáneas reacciones entre los aficionados presentes y en las redes sociales.
Testigos presenciales confirmaron que el atacante galo realizó hasta tres peticiones concretas a sus compañeros para que no aplaudieran a los vencedores. Este comportamiento, lejos de pasar desapercibido, fue captado por las cámaras de televisión y difundido rápidamente. La imagen de Mbappé indicando con gestos secos que se abstuvieran de reconocer al rival no tardó en viralizarse.
La escena resultó especialmente llamativa porque el Barça sí había cumplido con el protocolo deportivo. Los jugadores de Xavi Hernández, entonces entrenador del equipo culé, habían formado correctamente el pasillo, mostrando una actitud de fair play que no encontró correspondencia en algunos integrantes del conjunto de Carlo Ancelotti.
Entre la plantilla madridista, las reacciones fueron dispares. Mientras algunos futbolistas hicieron caso a la indicación de su estrella, otros decidieron mantener su propio criterio y mostraron un mínimo de reconocimiento hacia el campeón. Esta división de actitudes quedó patente en las imágenes de la ceremonia, donde se puede observar a varios jugadores con las manos quietas mientras otros, con más experiencia o criterio propio, optaron por un gesto más educado.
La afición blaugrana que desplazó hasta Arabia Saudí no ocultó su malestar. Los murmullos de indignación se extendieron por las gradas del Alinma Stadium cuando se percibió la falta de reciprocidad en el acto de deportividad. Para muchos, este detalle simbólico ensombrecía una victoria merecida sobre el terreno de juego.
El contexto del partido también influye en la percepción del incidente. El Real Madrid había llegado a la final con la confianza de revalidar el título, pero se encontró con un Barça renovado bajo la dirección de Hansi Flick. El 3-2 final reflejó la igualdad del encuentro, pero también la capacidad del equipo catalán para imponerse en los momentos decisivos.
El papel de Mbappé en el desarrollo del choque fue menor de lo esperado. Su entrada en el minuto 70 no logró desequilibrar un partido que ya se le escapaba a su equipo. Esta circunstancia, unida a la frustración de la derrota, podría explicar, aunque no justificar, su actitud posterior.
Desde el club blanco no se han emitido comunicados oficiales al respecto, pero fuentes cercanas al vestuario apuntan a que el gesto no fue bien recibido por parte de la cúpula directiva. El Real Madrid se ha caracterizado históricamente por mantener una línea de comportamiento institucional, y este tipo de actitudes chocan con los valores que pretende proyectar.
El debate se ha extendido más allá de la frontera española. Medios internacionales han recogido la noticia, cuestionando si este tipo de comportamientos son propios de un jugador considerado uno de los mejores del mundo. La presión mediática sobre Mbappé, que ya es constante, se verá incrementada por este episodio que pone en tela de juicio su capacidad para asumir las derrotas con elegancia.
Los analistas deportivos coinciden en que la deportividad es uno de los pilares fundamentales del fútbol moderno. En una era donde cada gesto es analizado y juzgado por millones de personas, los ejemplos negativos tienen un impacto desproporcionado, especialmente entre los más jóvenes que ven en estas estrellas a sus referentes.
La comparación con otros grandes jugadores resulta inevitable. Figuras como Luka Modric o Karim Benzema, por citar ejemplos recientes en el mismo club, han mostrado siempre una actitud ejemplar tanto en la victoria como en la derrota. Este contraste no hace sino aumentar la crítica hacia la postura adoptada por el francés.
El futuro inmediato de Mbappé en el Real Madrid no se ve amenazado por este incidente, pero sí se suma a una serie de situaciones que han generado cierta tensión desde su llegada al club. La adaptación a la dinámica del equipo, las expectativas generadas por su fichaje estrella y la presión por rendir al máximo nivel están creando un caldo de cultivo propicio para este tipo de reacciones.
El club blanco deberá gestionar con habilidad esta situación para evitar que se convierta en un foco de distracción mayor. La experiencia de su cuerpo técnico y de la plantilla más veterana será clave para transmitir al delantero la importancia de mantener la compostura en todo momento.
Mientras tanto, el Barça puede sentirse doblemente satisfecho. No solo levantó un título importante en su reconstrucción, sino que además lo hizo manteniendo los cánones de respeto que caracterizan a la institución. La imagen de sus jugadores formando el pasillo, contrapuesta a la del rival negándose a aplaudir, refuerza la percepción de un club que vence con humildad.
El incidente sirve como recordatorio de que en el fútbol de elite, el comportamiento fuera del terreno de juego es tan importante como el rendimiento dentro de él. Las cámaras captan todo, y los gestos, por pequeños que parezcan, pueden definir la reputación de un deportista durante años.
La Supercopa de España 2025 quedará en la memoria no solo por el espectáculo ofrecido por ambos equipos, sino también por esta anécdota que ha generado un intenso debate sobre los valores del deporte. La victoria del Barça fue clara en el marcador, pero el gesto de Mbappé ha opacado parcialmente el triunfo culé.
Los aficionados al fútbol esperan que este episodio sirva de lección para que en futuras ocasiones prevalezca el espíritu deportivo por encima de la frustración momentánea. La rivalidad entre Real Madrid y Barça es legendaria, pero precisamente por eso debe regirse por el máximo respeto mutuo.