En una jornada histórica para el rugby femenino, el seleccionado de Canadá consiguió una victoria épica al derrotar por 34-19 a las poderosas Black Ferns de Nueva Zelanda, vigentes campeonas del mundo, en las semifinales del Mundial Femenino 2025 celebradas en el estadio Ashton Gate de Bristol. Este triunfo no solo representa un hito deportivo excepcional, sino que también garantiza a las norteamericanas su presencia en la final del torneo, la segunda en toda su historia en esta competición.
El encuentro comenzó con un ritmo vertiginoso por parte del conjunto canadiense, que desde el pitido inicial demostró una determinación inquebrantable. En apenas diez minutos de juego, las dirigidas por Kevin Rouet ya habían abierto una ventaja significativa de 12-0 gracias a dos tries consecutivos. La apertura del marcador corrió a cargo de la media scrum Justine Pelletier, quien con una finta magistral dejó atrás a la defensa neozelandesa para cruzar la línea de try sin oposición. Minutos después, la wing Asia Hogan-Rochester sumó su nombre al tanteador, consolidando el dominio inicial canadiense.
La presión ofensiva del equipo canadiense no cesó. Cuando el reloj marcaba poco antes del minuto 25, la tercera línea Florence Symonds encontró el espacio necesario para apoyar el balón y extender la diferencia a 17-0. En ese momento, el panorama se tornaba cada vez más preocupante para las seis veces campeonas del mundo, quienes veían cómo su aura de invencibilidad se desvanecía bajo la intensidad del juego canadiense.
Las Black Ferns no tardaron en reaccionar. La pilar derecha Tanya Kalounivale logró perforar la defensa canadiense y anotar el primer try para Nueva Zelanda, inyectando algo de esperanza a sus seguidores. Sin embargo, la alegría duró poco. La versátil segunda línea y capitana canadiense Sophie de Goede respondió de inmediato con una carrera demoledora por el centro del campo que culminó bajo los palos, restaurando la ventaja considerable para su equipo. Así, las dos escuadras se retiraron al descanso con un marcador parcial de 24-7 a favor de Canadá.
El segundo tiempo siguió la misma tónica de dominio canadiense. A los tres minutos de la reanudación, la experimentada centro Alex Tessier aprovechó una jugada de corta distancia para anotar el quinto try de su equipo, prácticamente sentenciando el encuentro con un 29-7 que reflejaba la superioridad mostrada en el terreno de juego.
A partir de ese momento, el ritmo del partido experimentó una ligera estabilización, con ambas defensas mostrando mayor organización. No obstante, la semifinal volvió a cobrar vida cuando la tercera línea neozelandesa Liana Mikaele-Tu'u demostró su poderío físico para abrirse paso y anotar un try de gran factura. Posteriormente, Braxton Sorensen-McGee conectó un kick cruzado preciso que permitió a su equipo sumar puntos valiosos, acercándose en el marcador a 31-19 y manteniendo vivas sus aspiraciones.
La experiencia y la compostura del equipo canadiense, sin embargo, prevalecieron en los momentos decisivos. A poco de cumplirse los diez minutos finales, el árbitro sancionó una infracción de Nueva Zelanda con un penal justo en frente de los palos. Sin dudarlo, Sophie de Goede se hizo cargo de la ejecución y con un disparo certero selló el resultado definitivo de 34-19, ante la ovación de 24.392 espectadores que abarrotaron las tribunas del estadio bristolino.
El desempeño individual de Justine Pelletier merece un capítulo aparte. Más allá de su try inicial, la número 9 demostró una influencia omnipresente durante los 80 minutos de juego. Su labor defensiva fue excepcional, aportando tackles cruciales y levantándose una y otra vez para mantener el ritmo ofensivo de su equipo. Las estadísticas reflejan su impacto: 91 metros recorridos en 12 carreras, consolidándose como la pieza clave en la estrategia victoriosa de Canadá.
En declaraciones posteriores al encuentro, Pelletier no ocultó su emoción: "Fue una locura, con mucho ritmo y mucho rugby. Es divertido jugar de esta manera y demostramos lo que puede ser un juego inspirador. Mucho coraje, mucha resiliencia, mucho trabajo duro. Y no es solo trabajo duro, son tres años de esfuerzo y sacrificio. Gracias a todos por el apoyo". Sus palabras reflejan el enorme esfuerzo colectivo que ha llevado al equipo a esta instancia histórica.
Por su parte, el entrenador de Canadá, Kevin Rouet, ya tenía la mirada puesta en la final. "Ya estoy emocionado", confesó. "Les dije a las chicas que dejaran de llorar porque tenemos un trabajo que hacer en ocho días. Esa es la mentalidad. Tenemos que terminar el trabajo y estar listas en ocho días". El técnico francés mostró una visión clara y centrada, consciente de que el objetivo final aún no se ha cumplido. "Lo sentí hace un año y medio, que podíamos lograr algo, y estoy feliz de que ahora estemos a un partido de conseguir lo que queremos. Estoy entusiasmado por el próximo fin de semana. Quiero que sea ya", añadió, evidenciando la confianza que ha mantenido en su plantel.
Desde el lado neozelandés, el entrenador Allan Bunting rindió homenaje al desempeño canadiense, reconociendo la superioridad de su rival en el día. Sin embargo, también destacó aspectos positivos de su equipo y la necesidad de aprender de esta experiencia para futuras competencias. La derrota marca un punto de inflexión en el dominio histórico de Nueva Zelanda en el rugby femenino, abriendo interrogantes sobre la nueva era que se avecina en este deporte.
La victoria canadiense no solo representa un logro deportivo, sino también un mensaje inspirador para el desarrollo del rugby femenino a nivel global. La constancia, el trabajo en equipo y la ejecución de un plan de juego perfectamente diseñado permitieron a Canadá superar a un rival que había sido considerado casi imbatible. Ahora, las norteamericanas esperan rival en la final, donde buscarán coronarse campeonas del mundo por primera vez en su historia, o al menos mejorar la medalla de plata obtenida en 2014.
El camino hacia la gloria está a un solo paso. Con la mentalidad ganadora que han demostrado, el apoyo de miles de seguidores y la experiencia acumulada en este torneo, Canadá llegará a la final con la confianza de poder escribir una nueva página dorada en los anales del rugby femenino mundial. La comunidad rugbística internacional ya contempla con admiración el ascenso de una potencia que ha sabido construir su éxito con paciencia, dedicación y un juego espectacular que ha conquistado corazones más allá de sus fronteras.