Matías Almeyda, entrenador del Sevilla, recibe una sanción sin precedentes de siete encuentros tras los incidentes ocurridos durante el duelo contra el Alavés del pasado fin de semana. La decisión del Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol ha caído como una bomba en el seno del club hispalense, que no dudó en anunciar su intención de recurrir el castigo ante instancias superiores.
El argentino fue expulsado en el transcurso del encuentro por protestar de manera vehemente una decisión arbitral. Sin embargo, lo que realmente ha pesado en la resolución han sido los hechos posteriores a la tarjeta roja, cuando Almeyda mantuvo una encendida discusión con el colegiado navarro Galech Apezteguia que ha sido considerada como menosprecio grave hacia la autoridad del árbitro.
El desglose de la sanción revela la gravedad que el organismo federativo atribuye a cada una de las acciones del técnico. En total, cuatro conceptos diferentes justifican los siete partidos de suspensión: tres encuentros por menosprecio al equipo arbitral, dos por las protestas iniciales que motivaron la expulsión, uno por conducta contraria al buen orden deportivo -que incluye acciones como la patada a una botella y el enfrentamiento con los auxiliares-, y finalmente, un partido adicional por no retirarse directamente al vestuario tras la expulsión, permaneciendo en el túnel de vestuarios.
Esta sanción significa que Almeyda se perderá prácticamente la segunda mitad de la temporada restante en LaLiga, que consta de catorce jornadas. Una ausencia que deja al Sevilla en una situación complicada, tanto deportiva como institucionalmente, ya que perderá a su máximo responsable técnico en un momento crítico de la competición.
La reacción del club no se ha hecho esperar. Desde el Sánchez-Pizjuán han hecho público su desacuerdo total con la medida, calificándola de "desproporcionada" e "injusta". El Sevilla ya presentó alegaciones ante el Comité de Competición, pero al no prosperar, tiene previsto elevar el recurso al Comité de Apelación y, de ser necesario, continuar hasta las últimas instancias administrativas del deporte español para lograr una reducción del castigo.
El entorno del club ha puesto sobre la mesa varios precedentes que consideran similares y que, en su opinión, recibieron sanciones menores. El más cercano en el tiempo es el de Diego Pablo Simeone, actual entrenador del Atlético de Madrid y excompañero de Almeyda en su etapa como futbolista. El Cholo fue sancionado con ocho partidos durante la temporada 2014-15 tras una expulsión en la Supercopa de España.
El acta arbitral de aquel encuentro entre Atlético y Real Madrid recogió que Simeone, una vez expulsado, "se dirigió al cuarto árbitro golpeándolo con la mano abierta en la cabeza, en dos ocasiones". Además, el técnico argentino aplaudió de forma irónica antes de abandonar el terreno de juego. Aquella sanción, que superó en un partido a la de Almeyda, ha sido la más grave aplicada a un entrenador de Primera División en los últimos años.
Otro caso relevante es el de Juan Antonio Anquela, quien durante su etapa al frente del Numancia en Segunda División recibió una suspensión de seis encuentros. Los insultos y menosprecios hacia el cuerpo arbitral fueron el motivo de una sanción que, aunque inferior a la de Almeyda, también se consideró ejemplarizante por parte del Comité.
Si remontamos el tiempo, hay que llegar hasta el año 2000 para encontrar una sanción comparable en gravedad. El entonces entrenador del Athletic Club, Txetxu Rojo, fallecido en 2022, fue castigado con nueve partidos por unos incidentes similares. Esta sanción histórica marca el récord de suspensión para un técnico en la élite del fútbol español.
El contexto de la sanción a Almeyda no se limita únicamente a su persona. En el mismo partido, Joan Jordán recibió dos partidos de suspensión, mientras que Juanlu se fue con uno. Ambos futbolistas fueron expulsados durante el encuentro por acciones que el Comité ha considerado merecedoras de castigo adicional.
La gravedad de la sanción ha reabierto el debate sobre la protección de los árbitros y la línea que separa la pasión de la falta de respeto en el fútbol profesional. Desde el organismo arbitral se defiende la necesidad de sanciones contundentes que protejan la integridad y la autoridad de los colegiados, mientras que desde los clubes se reclama una mayor proporcionalidad y criterio uniforme en la aplicación de las normas.
El Sevilla, mientras tanto, debe prepararse para afrontar las próximas jornadas sin su entrenador titular en el banquillo. La figura del segundo entrenador adquiere una importancia capital, y la planificación de los entrenamientos y la toma de decisiones durante los partidos recaerá en otros miembros del cuerpo técnico.
La sanción de siete partidos a Matías Almeyda se suma a una temporada ya complicada para el conjunto hispalense, que busca consolidar su posición en la tabla y asegurar sus objetivos deportivos. La ausencia de su entrenador en más de la mitad de los partidos restantes representa un obstáculo significativo que el club deberá superar con una estructura técnica cohesionada y una plantilla mentalizada para la situación.
Mientras el recurso se tramita, el tiempo corre en contra del Sevilla. Cada jornada que pasa sin una resolución favorable significa un partido más sin Almeyda en el banquillo. La resolución del Comité de Apelación será clave para determinar si el castigo se mantiene, se reduce o, en un escenario optimista para el club, se revierte en parte.
El caso ha generado una amplia repercusión en el mundo del fútbol español, con opiniones divididas entre quienes consideran justa la sanción como medida disuasoria y quienes la ven como excesiva. Lo cierto es que el Comité de Competición ha enviado un mensaje claro: las protestas y los incidentes con los árbitros serán castigados con máxima severidad, especialmente cuando se trata de técnicos, que deben ejercer como ejemplo de fair play y respeto a las normas.
La situación de Almeyda sirve como recordatorio de la presión extrema que viven los entrenadores en LaLiga, donde cada decisión arbitral puede desencadenar reacciones que tienen consecuencias deportivas y económicas de gran magnitud. La capacidad de control emocional se ha convertido en una habilidad tan importante como la táctica o la estrategia para los técnicos de élite.
Mientras tanto, el Sevilla continúa trabajando en la preparación de su recurso, reuniendo pruebas y argumentos legales que sustenten su tesis de que la sanción es desproporcionada. El club ha mostrado su total apoyo al entrenador argentino, considerando que la sanción no solo afecta a una persona, sino a toda la institución y a su afición.
El tiempo dirá si el recurso del Sevilla prospera o si Matías Almeyda deberá cumplir íntegramente los siete partidos de sanción. Lo que está claro es que esta decisión del Comité de Competición marcará un precedente para futuros casos y servirá como referencia en la interpretación del reglamento disciplinario del fútbol español.
La complejidad del caso radica en la interpretación de las normas y en cómo se valoran las acciones posteriores a una expulsión. Mientras el Sevilla argumenta que la sanción atenta contra la esencia del debate futbolístico, el Comité defiende que la autoridad arbitral debe ser incuestionable para garantizar el orden del juego.