El estadio Montilivi presenció una jornada memorable en la jornada 24 de LaLiga EA Sports, donde el Girona FC superó por 2-1 al FC Barcelona en un duelo que tuvo como figura inesperada a Paulo Gazzaniga. El arquero argentino aprovechó una circunstancia especial para demostrar su valía y silenciar las críticas recibidas durante la temporada. En un encuentro donde las circunstancias previas ya eran noticia, el guardameta se convirtió en protagonista absoluto con una actuación que recordaremos durante mucho tiempo en la historia reciente del club gerundense.
La historia comenzó mucho antes del pitido inicial. La llegada de Marc-André Ter Stegen al Girona durante el mercado invernal generó expectativas enormes entre la afición, pero también estableció una condición específica que pasaría a ser crucial. El alemán no podría enfrentar a su equipo de origen, el Barcelona, por la denominada cláusula del miedo. Esta situación convertía el 16 de febrero en una fecha señalada en el calendario de Paulo Gazzaniga, quien sabía desde el primer día que sería su oportunidad de brillar en un escenario de máximo nivel.
El destino, sin embargo, intervino de forma imprevista y modificó los planes originales. Una lesión de Ter Stegen amplió la responsabilidad de Gazzaniga más allá de un solo partido, convirtiéndolo en titular indiscutible durante varias jornadas. El guardameta sudamericano debía asumir los guantes no solo por una cláusula contractual, sino por la necesidad imperiosa del equipo. En los primeros compases de la competición, el argentino había cometido errores costosos que le costaron puntos valiosos al conjunto gerundense, generando dudas sobre su capacidad para liderar la portería. Esta era, sin duda, su chance definitiva de redención.
Desde el inicio del encuentro, Gazzaniga mostró una seguridad inédita que contrastaba con sus actuaciones previas. En el minuto 15, Lamine Yamal, la gran promesa del fútbol español, se plantó solo ante el portero con una clara ocasión de gol. El joven talento blaugrana intentó una vaselina elegante y precisa, pero el arquero respondió con una estirada perfecta, desviando el esférico sin complicaciones. Esa intervención marcó el tono de su actuación y envió un mensaje claro a sus compañeros: ese día, la portería estaba bien custodiada.
La máxima prueba llegó en el minuto 23. Un penal claro cometido por Daley Blind sobre Dani Olmo situó al Barcelona con una oportunidad de oro para adelantarse en el marcador. Lamine Yamal, quien ya había probado suerte en la jugada anterior, asumió la responsabilidad desde los once metros. La tensión era palpable en Montilivi, con más de 13,000 espectadores conteniendo la respiración. Gazzaniga, conocido por su efectividad en penas máximas, se preparó con su rutina habitual. El disparo del canterano azulgrana fue potente pero impreciso, estrellándose contra el poste derecho. Un error que el portero celebró con contención profesional, sabiendo que el trabajo aún no había terminado.
Ese mismo palo había sido protagonista minutos antes, cuando un remate de Raphinha impactó en la madera después de una jugada individual. La fortuna parecía acompañar al Girona, pero Gazzaniga estaba construyendo su propia suerte con colocación y reflejos excepcionales. La primera mitad concluyó con el marcador intacto, pero con la sensación de que el arquero argentino había ganado una batalla psicológica importante contra los delanteros blaugranas.
La segunda mitad exigió aún más del arquero argentino. Un cabezazo potente de Ferran Torres en el minuto 55 obligó a un vuelo espectacular del guardameta, que desvió el balón al corner con una mano segura y evitó el gol con una intervención de gran nivel técnico. En el otro lado del campo, el joven Joan García, portero del Barcelona, también lucía con paradas de mérito, creando un duelo de titulares en ambos arcos que enriquecía el espectáculo.
El inevitable golpe llegó en el minuto 60. Pau Cubarsí, central azulgrana de apenas 17 años, conectó un cabezazo impecable a la esquina inferior derecha de la portería de Gazzaniga. Fue un remate imparable, un gol que no manchaba la actuación del arquero, sino que la enmarcaba en realismo. El 0-1 reflejaba el dominio visitante, pero no la historia completa del compromiso. Muchos porteros habrían desmoronado su confianza tras recibir un gol tan perfecto, pero Gazzaniga mantuvo la compostura.
La respuesta del Girona fue inmediata y demoledora. En el minuto 68, una jugada colectiva culminó con un pase de Bryan Gil que asistió a Lemar para establecer el empate. El estadio estalló de alegría, y el arquero argentino celebró como un delantero más, reconociendo que el esfuerzo colectivo estaba dando frutos. Pero aún quedaba trabajo por hacer.
Entre el empate y el gol de la victoria, Gazzaniga mantuvo la calma con dos intervenciones clave más. En el minuto 78, un zurdazo seco de Bardghji desde dentro del área obligó a una reacción instantánea del portero, que contuvo el balón con seguridad. Era su cuarta parada del encuentro y la tercera a disparos desde dentro del área pequeña, demostrando su capacidad para leer las jugadas y anticiparse a los atacantes.
La cereza al pastel llegó en el minuto 92, cuando Fran Beltrán marcó el 2-1 definitivo con un disparo cruzado que selló la victoria. El pitido final confirmó una victoria épica para el conjunto local, que sumó tres puntos de oro en su lucha por la permanencia y demostró que puede competir contra los grandes de LaLiga.
Gazzaniga, quien había sido cuestionado semanas atrás por errores que costaron puntos, se convirtió en uno de los pilares del triunfo. Su actuación demostró que la experiencia y la mentalidad pueden superar cualquier crisis de confianza. Las estadísticas finales lo respaldaban: cuatro paradas decisivas, tres de ellas a tiros de alta dificultad, y un liderazgo en el área que contagió seguridad a toda la defensa.
Este duelo quedará en la memoria de la parroquia gerundense no solo por el resultado, sino por la forma en que su portero alternativo se convirtió en héroe. La lesión de Ter Stegen, que podría haber sido un problema mayúsculo, se transformó en la oportunidad que Gazzaniga necesitaba para reivindicarse. En el fútbol moderno, las segundas oportunidades son escasas, pero existen para quienes están preparados para tomarlas cuando llegan.
El argentino demostró que un portero no se define por sus errores pasados, sino por su capacidad de resurgir cuando el equipo más lo necesita. Su actuación en Montilivi ante el Barcelona será recordada como una de las mejores de su carrera en España, y posiblemente el punto de inflexión que necesitaba para consolidarse como titular indiscutible en el Girona FC. La confianza que Míchel depositó en él se vio recompensada con creces, y el vestuario reconoció su liderazgo en una de las noches más importantes de la temporada.
Para el Barcelona, la derrota representó un duro golpe en su lucha por el liderato, mientras que para el Girona significó mucho más que tres puntos. Fue una demostración de carácter, de que pueden competir contra cualquier rival en su estadio. Y en el centro de esa demostración estuvo un portero que, hace apenas un mes, muchos dudaban que pudiera seguir vistiendo la elástica rojiblanca como titular.
El fútbol tiene estas historias que lo hacen mágico. Un jugador en la cuerda floja, con la presión de un recién llegado de élite esperando su oportunidad, se enfrenta a su examen más difícil y sale aprobado con honores. Gazzaniga no solo salvó su temporada, sino que se ganó un lugar en los corazones de los aficionados del Girona. La próxima vez que pise Montilivi, lo hará con la certeza de que su trabajo es valorado y que su posición está más consolidada que nunca.