Thomas Lemar ha encontrado en el Girona el escenario perfecto para reescribir su historia en el fútbol español. El centrocampista francés, que llegó cedido procedente del Atlético de Madrid el pasado verano, ha transformado las dudas iniciales de la afición gerundense en aplausos y admiración. Su recuperación futbolística no solo representa un éxito personal, sino que también se ha convertido en una noticia positiva para el conjunto rojiblanco madrileño, que observa con interés el resurgir de un jugador que costó 70 millones de euros y que nunca llegó a explotar todo su potencial bajo las órdenes de Diego Simeone.
La temporada del internacional galo en el conjunto catalán está siendo todo un contraste con sus últimos años en la capital española. Mientras que en el Metropolitano se había convertido en un futbolista marginal, lastrado por lesiones y sin la confianza necesaria para demostrar su calidad, en Montilivi ha encontrado la continuidad que tanto anhelaba. Los números hablan por sí solos: 714 minutos distribuidos en 14 encuentros de LaLiga, una cifra que supera con creces la participación de las dos últimas campañas con el Atlético de Madrid combinadas, donde apenas sumó 247 minutos oficiales.
El técnico del Girona, Míchel Sánchez, ha sido el artífice principal de esta revitalización. Su estilo de juego ofensivo, basado en el control del balón y la libertad creativa, se adapta a la perfección a las características de Lemar. El francés se ha beneficiado de la confianza incondicional del entrenador, quien le ha otorgado la titularidad en los partidos clave y le ha permitido desenvolverse en su posición natural. Esta libertad táctica ha permitido a Lemar recuperar la sonrisa en el campo y, lo más importante, olvidar la mochila física y mental que arrastraba desde su etapa en el Atlético.
Uno de los momentos más simbólicos de su recuperación llegó hace dos jornadas, cuando el Girona se enfrentó al Sevilla. Lemar no solo completó los 90 minutos, algo que no ocurría desde el 12 de febrero de 2022 en un Atlético-Getafe, sino que además rompió una sequía goleadora que se extendía durante 1.058 días. Su último tanto oficial databa del 18 de marzo de 2023, también con la camiseta colchonera, en un encuentro contra el Valencia. Aquel gol en el Sánchez-Pizjuán no solo representó tres puntos vitales para su equipo, sino que simbolizó el cierre de una etapa oscura y el inicio de una nueva etapa llena de ilusión.
La importancia de este resurgir trasciende lo individual. Para el Girona, la presencia de un futbolista de la calidad de Lemar supone un plus competitivo innegable. El club catalán, que está realizando una temporada más que digna en LaLiga, ha encontrado en el francés un equilibrio perfecto entre experiencia, técnica y visión de juego. Su capacidad para asociarse en el centro del campo, para desequilibrar en banda o para aparecer en segunda línea de ataque convierte al Girona en un equipo más peligroso y versátil.
Por su parte, el Atlético de Madrid contempla esta situación con una doble perspectiva. Por un lado, observa con satisfacción que un activo valorado en millones recupera su nivel, lo que podría abrir la puerta a una futura venta o a su reincorporación a la plantilla. Por otro, debe lamentar no haber sabido explotar todo el potencial de un futbolista que llegó a Madrid como una de las grandes promesas del fútbol francés tras proclamarse campeón del mundo en 2018. La falta de adaptación al sistema de Simeone, sumada a los problemas físicos, truncaron una etapa que nunca llegó a despegar.
El próximo lunes, Lemar tendrá una nueva oportunidad para demostrar su progreso. El Girona recibe en Montilivi al FC Barcelona en un duelo de alto voltaje. Será el único campeón del mundo presente en el terreno de juego, una circunstancia que pone de manifiesto el estatus que mantiene pese a sus años de irregularidad. El francés llega al encuentro en su mejor momento físico y futbolístico, con la confianza de haber completado partidos enteros y de haber vuelto a marcar. Su presencia en el once inicial es casi un hecho, y su rendimiento podría ser clave para las aspiraciones de su equipo.
El duelo contra el Barça adquiere un cariz especial para Lemar. No solo se trata de medirse a uno de los grandes de Europa, sino de demostrar que su recuperación es real y sostenible en el tiempo. El conjunto culé, con su juego ofensivo y su dominio territorial, pondrá a prueba la capacidad defensiva del centrocampista, pero también le ofrecerá espacios para explotar su velocidad y su visión en transiciones rápidas. Míchel Sánchez confía en que Lemar sea uno de los protagonistas del encuentro, y el propio jugador espera prolongar la buena racha que inició contra el Sevilla.
Más allá del partido concreto, el futuro de Thomas Lemar genera interrogantes. Si mantiene este nivel, el Atlético de Madrid podría valorar su regreso a la disciplina rojiblanca, aunque eso implicaría reestructurar el centro del campo. La opción más probable pasa por una venta en el próximo mercado estival, donde el Girona tendría una opción preferente si decide ejercerla. El club catalán, por su parte, disfruta del presente sin pensar demasiado en el futuro. Sabedores de que tienen a un futbolista de élite en préstamo, intentarán exprimir su rendimiento hasta el último minuto.
La historia de Lemar en el Girona es un claro ejemplo de cómo el cambio de aires, sumado a la confianza de un cuerpo técnico, puede revitalizar la carrera de un futbolista. El francés ha pasado de ser una carga salarial para el Atlético a convertirse en un activo deportivo relevante. Su caso recuerda a otros futbolistas que, tras salir de grandes clubes, encontraron su mejor versión en equipos más modestos donde la presión es menor y las oportunidades, mayores.
La clave de esta recuperación radica en la gestión de su carga física. Durante sus últimos años en el Atlético, Lemar sufrió diversas lesiones musculares que le impidieron coger el ritmo necesario. En el Girona, el cuerpo médico ha diseñado un plan específico que le ha permitido competir sin sobresaltos. La combinación de descansos selectivos, trabajo preventivo y la confianza de Míchel han hecho posible que el francés aguante los 90 minutos sin problemas, algo impensable hace apenas un año.
El impacto psicológico también ha sido determinante. Lemar ha recuperado la autoestancia perdida. En el Atlético, cada error parecía pesarle más que una tonelada, y la competencia por un puesto en el once era brutal. En el Girona, sabe que cuenta con el respaldo incondicional de su entrenador, lo que le permite arriesgar, intentar el pase filtrado o el regate en zona peligrosa sin miedo al error. Esta libertad creativa es precisamente lo que le hace especial como futbolista.
El encuentro contra el Barcelona será un test de nivel para todo el Girona, pero especialmente para Lemar. Medirse a un rival de tal calibre siempre es un termómetro fiable del estado de forma de un jugador. Si el francés logra brillar contra el conjunto culé, su cotización se disparará y las opciones de que el Girona pueda retenerlo, aunque sea mediante una nueva cesión, aumentarán considerablemente. De momento, lo que está claro es que Thomas Lemar ha vuelto a sonreír al fútbol, y eso es bueno para él, para el Girona y, en última instancia, para el Atlético de Madrid.
La lección que deja este caso es clara: el talento no desaparece, solo a veces necesita el entorno adecuado para florecer. Lemar siempre tuvo la calidad, pero necesitaba sentirse importante, necesitado y valorado. En el Girona ha encontrado eso y más. Ahora, con el viento a favor, solo le falta mantener esta línea ascendente y demostrar que su recuperación no es un espejismo, sino la nueva realidad de un futbolista que quiere volver a lo más alto del fútbol europeo.