El All-Star de la NBA 2026, celebrado en la ciudad de Los Ángeles, ha estrenado un formato revolucionario que prometía modernizar el espectáculo, pero que ya enfrenta sus primeras críticas por una controvertida decisión que ha desconcertado a aficionados y analistas por igual. El protagonista involuntario de esta polémica es Norman Powell, quien experimentó un cambio de equipo inusual que no respondió a una negociación, traspaso o elección técnica, sino a un estricto criterio de elegibilidad basado en su ascendencia familiar.
Inicialmente, Powell había sido incluido en el Team USA para el debut del formato USA contra World, una propuesta que buscaba reemplazar la clásica confrontación entre el Este y el Oeste por un modelo más global. Sin embargo, una serie de ajustes forzados por las circunstancias modificaron su destino de manera inesperada. El detonante principal fue la baja por lesión de Giannis Antetokounmpo, quien debía formar parte del equipo internacional y cuya ausencia abrió un vacante que debía ser cubierto urgentemente.
La cadena de movimientos comenzó precisamente con la ausencia del astro griego. Los organizadores del evento designaron a De'Aaron Fox como el sustituto oficial para ocupar el lugar de Antetokounmpo en el plantel de las estrellas. Esta decisión, aparentemente simple, desencadenó un efecto dominó que afectó la estructura completa del formato. Al incorporar a Fox al equipo internacional, se generó un desequilibrio en la distribución de jugadores que obligó a los responsables del evento a reequilibrar ambos conjuntos para mantener la integridad del sistema de cupos.
Fue en ese momento cuando surgió la figura de Norman Powell como solución provisional. Los organizadores determinaron que el escolta de los Clippers debía abandonar el Team USA y pasar a formar parte del Team World, argumentando que sus raíces jamaicanas le otorgaban la elegibilidad para representar al resto del mundo. Esta decisión, fundamentada exclusivamente en aspectos reglamentarios y biográficos, ha encendido el debate sobre la coherencia del nuevo sistema.
Lo más controvertido del caso radica en que Powell, a pesar de poseer la doble nacionalidad, nunca ha defendido oficialmente a Jamaica en competencias internacionales. Su carrera en selecciones ha estado vinculada exclusivamente a Estados Unidos, donde nació y se formó como baloncestista. Sin embargo, el reglamento del nuevo formato considera suficiente el mero hecho de tener ancestros de otro país para justificar un cambio de bando en un evento de tanta magnitud.
El formato del All-Star 2026 no se limita a dos plantillas estáticas, sino que funciona como un pequeño torneo con equipos definidos por categorías específicas y cupos estrictos. En teoría, este modelo buscaba simplificar el relato del evento y crear una narrativa más atractiva para el público global. Sin embargo, la realidad ha demostrado que la implementación práctica genera situaciones tan complejas como la vivida por Powell, donde la frontera entre representar a Estados Unidos o al resto del mundo depende de matices que escapan al rendimiento deportivo y a la identidad competitiva del jugador.
La reacción de la afición no se ha hecho esperar. En redes sociales y foros especializados, numerosos seguidores han expresado su descontento con el nuevo sistema, exigiendo el regreso al tradicional formato Este contra Oeste. Muchos consideran que la esencia del All-Star, que siempre ha sido celebrar el talento individual dentro de una estructura geográfica clara, se ve comprometida por reglas que priorizan la elegibilidad técnica sobre la lógica deportiva.
El caso de Powell se ha convertido en un símbolo de las contradicciones inherentes al nuevo modelo. Un jugador que se preparó para representar a su país de nacimiento se ve repentinamente reasignado al bando rival por circunstancias burocráticas. La imagen de un deportista cambiando de camiseta no por decisión propia, ni por un traspaso, ni por una elección competitiva, sino porque el sistema necesita que las piezas encajen de forma matemática, ha resultado difícil de digerir para un público acostumbrado a la transparencia del formato anterior.
Los organizadores de la NBA defendieron la decisión argumentando que el reglamento fue establecido con anticipación y que todos los jugadores conocían los criterios de elegibilidad. Según sus declaraciones, el objetivo del formato USA vs World es precisamente reflejar la diversidad cultural de la liga y celebrar las múltiples nacionalidades presentes en el mejor baloncesto del mundo. No obstante, la ejecución de esta filosofía ha demostrado ser más compleja de lo previsto.
El propio Powell ha mantenido una postura profesional, aceptando el cambio sin realizar declaraciones controvertidas. En declaraciones breves a los medios, el escolta se limitó a expresar su honor por participar en el evento, independientemente del equipo al que fuera asignado. Esta actitud comedida ha evitado que la polémica se amplíe, pero no ha logrado disipar las dudas sobre la viabilidad del formato a largo plazo.
El incidente ha puesto de manifiesto los desafíos de implementar un sistema que pretende simplificar la narrativa del All-Star pero que, en la práctica, introduce nuevas capas de complejidad. La necesidad de reequilibrar equipos tras cada baja o sustitución crea un escenario donde la identidad del jugador puede verse subordinada a las necesidades del formato. En este sentido, la frontera entre USA y World se vuelve permeable y, en ocasiones, arbitraria.
Los analistas de la liga han señalado que este episodio debería servir como una lección para futuras ediciones. Si la NBA pretende mantener este modelo, será necesario refinar los criterios de elegibilidad y mejorar la comunicación con el público para evitar percepciones de injusticia o falta de coherencia. La transparencia en el proceso de selección y reasignación será fundamental para ganarse la confianza de los aficionados.
Mientras tanto, el debate continúa. Muchos puristas del baloncesto argumentan que el formato tradicional, con sus imperfecciones, al menos ofrecía una claridad que el nuevo sistema parece haber perdido. La geografía simple del Este y el Oeste, aunque imperfecta, proporcionaba un marco de referencia inmediato y comprensible para todos.
El All-Star 2026 ha demostrado que la innovación, cuando no se implementa con cuidado, puede generar más problemas de los que resuelve. La polémica de Norman Powell no es simplemente un caso aislado, sino una fotografía del propio sistema: un formato que acaba de nacer, que todavía está encontrando su manera de cuadrar bajas, sustituciones y criterios, y que en sus primeros ajustes ha mostrado que la frontera entre USA y World puede depender de matices que no siempre son evidentes para el público.
A medida que el evento continúa desarrollándose en Los Ángeles, todos los ojos estarán puestos en cómo se desenvuelve este experimento. El éxito o fracaso del formato USA vs World no se medirá únicamente por el espectáculo en la cancha, sino también por la capacidad de la NBA para convencer a su audiencia de que este modelo es superior al que reemplaza. Por ahora, la polémica de Powell ha dejado claro que el camino hacia esa convicción está lejos de ser sencillo.