El Hércules CF ha recibido un duro golpe en su aspiración al ascenso tras caer derrotado por 0-1 ante el Antequera en el Estadio José Rico Pérez. Un solitario tanto de Abraham Paz en los minutos finales ha desequilibrado un encuentro que los alicantinos dominaron con claridad durante la primera mitad, pero que se les escapó de las manos tras el paso por los vestuarios. La derrota deja al conjunto blanquiazul en una situación comprometida en la tabla, alejado de los puestos de privilegio y cada vez más cerca de las zonas que nadie quiere visitar.
La primera media hora de juego fue un auténtico monólogo del Hércules CF. Con Aranda, Mehdi Puch y Ropero al mando de las operaciones, el conjunto dirigido por Beto Company desplegó un fútbol vistoso, dinámico y efectivo que sometió a un Antequera expectante y sin respuesta. La circulación de balón era rápida, las combinaciones fluidas y las ocasiones se sucedían con peligrosidad. El equipo local creó tres claras oportunidades de gol en los primeros 25 minutos, pero la falta de puntería y la incapacidad para materializar las ocasiones generadas sembraron las semillas de la frustración que acabaría cosechándose más tarde. El balón no quería entrar, y en el fútbol, dominar sin anotar es sinónimo de riesgo. Los visitantes, bien ordenados atrás, aguardaban su momento con paciencia, convencidos de que la oportunidad llegaría.
El guion del encuentro sufrió una transformación radical tras el descanso. El técnico visitante movió ficha introduciendo a David Ramos, un cambio que resultó determinante para el devenir del choque. El mediocentro se apoderó del centro del campo junto a Luismi Gutiérrez y alteró por completo el ritmo del encuentro. La presión sobre la salida de balón del Hércules CF se intensificó de forma notable, y los errores en la construcción empezaron a multiplicarse con preocupante facilidad. El equipo alicantino, que había controlado el tempo inicial, se vio sorprendido por la intensidad rival y perdió la iniciativa. Los pases ya no llegaban con tanta claridad y el dominio se esfumó, dando paso a la incertidumbre.
Siddiki se convirtió en una auténtica pesadilla para la defensa local, especialmente para Samu Vázquez, que no encontró la forma de neutralizar sus incursiones por la banda. El extremo creó peligro constante y desbordó en múltiples ocasiones, generando situaciones de uno contra uno que siempre ganaba. Solo la seguridad de Blazic bajo palos evitó que el marcador se adelantara antes del tramo final, con varias intervenciones de mérito que mantuvieron vivas las esperanzas de los suyos. Sus paradas, especialmente un mano a mano ante Siddiki en el minuto 65, evitaron un resultado aún más adverso. Los intentos de reacción de Beto Company con los cambios no surtieron el efecto deseado. Ni la entrada de Fran Sol, ni la de Ben Hamed, ni siquiera la de Nico Espinosa lograron inyectar la energía necesaria para revertir la situación. El equipo careció de esa marcha extra que a veces proporcionan los suplentes. La sensación era de impotencia creciente en el banquillo, donde las instrucciones no encontraban eco en el terreno de juego.
La falta de contundencia defensiva terminó pasando factura de la manera más cruel. En una jugada aislada pero letal, los zagueros herculanos fallaron en el despeje y Abraham Paz, con sangre fría, no perdonó ante la salida del portero, estableciendo el 0-1 definitivo a escasos minutos del final. El delantero se aprovechó de un balón dividido en el área y definió con calidad cruzando el esférico ante la estirada de Blazic. El golpe fue demoledor para un equipo que había creído en la victoria durante buena parte del encuentro. Los minutos finales fueron un desesperado asedio sin ideas ni fortuna, con pelotazos al área que el Antequera despejaba con comodidad.
El resultado deja al Hércules CF en una posición delicada en la clasificación. Con solo 7 puntos de 21 posibles desde que comenzó enero, la racha es más que preocupante y recuerda a las peores épocas de la era Torrecilla. El juego, a ratos brillante y vistoso, no consigue traducirse en puntos, y la sensación entre la afición es que el objetivo del play off se escapa cada jornada más. Las cuentas ya no salen y el vestuario empieza a notar la presión. La distancia con los puestos de descenso se reduce peligrosamente, mientras que los de promoción se alejan en el horizonte. El efecto Beto Company, tan prometedor al inicio, se diluye cuando más se necesita.
El ambiente en el Rico Pérez ya era tenso antes de que el árbitro pitara el inicio. Aproximadamente 200 seguidores se concentraron en la puerta cero del estadio para exigir la dimisión de la directiva, mostrando su indignación por la resolución del TSJCV en el conocido como 'Caso Abde' y otros asuntos de gestión que han generado polémica en las últimas semanas. Los cánticos y pancartas criticaban duramente la gestión del presidente y su junta. Esta protesta, sumada al mal resultado, ha creado un clima de máxima tensión en torno al club, con una fractura evidente entre la grada y la dirección. La confianza parece rota y la unidad, resquebrajada.
La próxima cita en Torremolinos se presenta como un auténtico examen de fuego para el equipo. Una victoria permitiría reengancharse a la pelea por el quinto puesto y recuperar la confianza perdida, pero una nueva derrota dejaría al Hércules CF a solo dos puntos de las posiciones de descenso, activando todas las alarmas en una temporada que prometía mucho más. El futuro inmediato del proyecto de Beto Company pende de un hilo y el tiempo empieza a agotarse. Los jugadores necesitan mostrar su carácter y demostrar que este equipo tiene alma para salir del bache. La afición, por su parte, espera una reacción inmediata que devuelva las ilusiones perdidas. El domingo próximo no es solo un partido, es una cuestión de supervivencia en la categoría.
La situación recuerda a otros momentos críticos en la historia reciente del club, donde la falta de resultados ha desembocado en crisis institucionales. La directiva debe tomar decisiones urgentes si quiere evitar que el proyecto deportivo se vaya al traste. Mientras tanto, el cuerpo técnico trabaja para recuperar la confianza de un grupo que muestra síntomas de desgaste mental. La presión de la grada, justificada por los malos resultados, no ayuda a crear el ambiente necesario para la remontada. Solo una victoria contundente en el próximo compromiso podría calmar los ánimos y devolver la senda del éxito a un club que vive horas bajas.