Goleada del Granada al Valladolid: 5-1 en Los Cármenes

El conjunto nazarí destroza al Valladolid con una exhibición ofensiva y aprovecha la expulsión de Michelin para sumar una victoria vital en la lucha por la permanencia

El Estadio Nuevo Los Cármenes fue escenario este domingo de una auténtica demostración de poderío ofensivo y eficiencia competitiva por parte del Granada CF, que se impuso de manera contundente al Real Valladolid por un marcador de 5-1 en un encuentro que trascendía más allá de los tres puntos en juego. Este duelo directo por la permanencia en LaLiga Hypermotion se presentaba como uno de los partidos clave de la jornada 26, pero lo que nadie esperaba era la rapidez con la que el conjunto nazarí desmontaría las aspiraciones vallisoletanas. La contundencia local desde el pitido inicial, combinada con una temprana expulsión que dejó al conjunto visitante con diez hombres durante más de una hora, sentenció prematuramente un duelo que muchos consideraban equilibrado sobre el papel. El técnico Pacheta diseñó una estrategia perfecta que sus ejecutores materializaron sin piedad, mientras que el cuadro pucelano sumó su cuarta derrota consecutiva, poniendo en serio riesgo el puesto de su entrenador, Luis Tevenet, quien ve cómo se desvanecen las opciones de mantener su puesto en el banquillo. La grada disfrutó de una fiesta completa, celebrando cada gol con la pasión que caracteriza a la parroquia granadinista.

Desde los primeros compases, el conjunto nazarí salió con una intensidad demoledora que sorprendió a una defensa vallisoletana que pareció no recuperarse nunca del golpe inicial. A los diez minutos de juego, el electrónico ya reflejaba un 2-0 favorable al Granada, dejando claro que los andaluces no tenían intención de especular con el resultado ni de conceder respiro a un rival directo en la tabla. El dominio territorial y las ocasiones claras se sucedían sin pausa, creando una sensación de descontrol total en las filas visitantes que se tradujo en constantes pérdidas de balón en zonas peligrosas y una incapacidad para contener las acometidas locales. Los jugadores granadinos, liderados por un José Arnaiz inspirado, encontraron espacios con facilidad, mientras que la zaga vallisoletana mostraba lagunas evidentes.

La situación alcanzó su punto crítico en el ecuador de la primera mitad, cuando una dura entrada provocó la expulsión directa de Michelin, dejando al Valladolid con un hombre menos desde el minuto 30. Esta decisión arbitral, aunque rigurosa, fue consecuencia de la desesperación que ya se respiraba en el equipo visitante, incapaz de frenar el vendaval granadinista. El incidente resultó doblemente demoledor, ya que inmediatamente después el Granada anotó el tercer gol, estableciendo un 3-0 que parecía definitivo y que dejaba a los vallisoletanos sin opciones reales de reacción. La expulsión no solo mermó numéricamente al equipo, sino que aniquiló moralmente a un conjunto que ya mostraba síntomas de debilidad defensiva y desconexión táctica. Los intentos de reorganización de Tevenet se vieron frustrados por la falta de efectivos y la creciente desconfianza entre sus jugadores.

Con el partido virtualmente sentenciado, la segunda mitad se convirtió en un ejercicio de gestión inteligente para el Granada y una tortura continua para el Valladolid. Los locales no relajaron el ritmo y continuaron generando peligro, buscando aumentar la ventaja y demostrar su superioridad. El cuadro visitante, por su parte, intentó reorganizarse con cambios tácticos y sustituciones, pero la inferioridad numérica y la desmoralización generalizada hacían imposible cualquier intento de remontada creíble. Las ocasiones se sucedían para ambos equipos, pero la calidad y la efectividad seguían estando del lado andaluz. Incluso el portero Guilherme tuvo que intervenir en varias ocasiones para evitar que la diferencia fuera aún mayor.

El colofón a la noche negra del Valladolid llegó con un gol en propia puerta que elevó el marcador hasta el 5-1. Un centro desde la banda fue desviado inadvertidamente por Sanseviero, superando a su propio portero y sellando una de las noches más desastrosas de la temporada para el conjunto pucelano. Este tanto, más allá de su valor estadístico, simbolizó la desgracia colectiva de un equipo que pareció perder la fe desde el primer minuto y que acumuló errores en cadena. Incluso en los últimos minutos, el Granada tuvo ocasiones para aumentar aún más la ventaja, con un disparo al larguero de Izan González que rozó el sexto gol, y varias intervenciones del portero rival que evitaron un resultado más abultado.

La superioridad del Granada fue evidente en todos los aspectos del juego. La presión adelantada, la velocidad en las transiciones y la efectividad en las áreas definieron un encuentro donde los andaluces no perdonaron ningún error rival. El técnico Pacheta aprovechó al máximo las bandas, creando constantes desequilibrios que el Valladolid fue incapaz de neutralizar incluso antes de la expulsión. La capacidad de sus jugadores para explotar los espacios y la precisión en los últimos metros fueron factores diferenciales. La entrada de jugadores como Rodelas y Manu Trigueros refrescó el centro del campo, manteniendo el control absoluto del ritmo del partido.

Por el contrario, el Real Valladolid mostró una fragilidad defensiva alarmante, sumando ya 9 goles en contra en sus últimos dos partidos. La falta de contundencia en las entradas, la mala organización en las coberturas y la ausencia de liderazgo en el campo fueron factores determinantes en el desastre. La expulsión de Michelin, aunque rigurosa, fue consecuencia de la desesperación que ya se respiraba en el equipo. Los cambios de Luis Tevenet no surtieron efecto, y la falta de reacción colectiva evidenció problemas estructurales que van más allá de la planificación de un solo partido. La lesión de Marcos André en la segunda mitad fue la guinda a una tarde para olvidar.

Este resultado deja al Valladolid en una situación crítica tanto deportiva como institucionalmente. La cuarta derrota consecutiva y la forma en que han llegado las últimas derrotas (4-0 ante el Castellón y 5-1 ante el Granada) ponen en entredicho la continuidad de Luis Tevenet en el banquillo. Los rumores sobre su posible destitución cobran fuerza en las redes sociales y en los medios especializados, y la próxima semana podría ser decisiva para su futuro. La directiva del club deberá tomar decisiones drásticas si quiere revertir una dinámica negativa que amenaza con convertirse en un descenso directo. La afición, visiblemente enfadada, exige respuestas inmediatas.

Para el Granada, esta victoria supone un impulso moral y puntual enorme en su lucha por la permanencia. Los tres puntos le alejan provisionalmente de la zona de peligro y consolidan el proyecto de Pacheta, que ha conseguido darle a su equipo una identidad clara y un rendimiento sólido en momentos clave. La afición de Los Cármenes disfrutó de una fiesta completa, celebrando cada gol con la pasión que caracteriza a la parroquia granadinista. La victoria permite soñar con una segunda vuelta tranquila y aleja los fantasmas del descenso.

El 5-1 final refleja fielmente lo sucedido en el césped: un Granada CF autoritario y efectivo ante un Real Valladolid desbordado y sin respuestas. La temprana expulsión aceleró un proceso que ya parecía inevitable, pero la diferencia de nivel entre ambos equipos fue evidente desde el pitido inicial. Con este resultado, el Granada da un paso de gigante hacia la salvación, mientras que el Valladolid se hunde en la crisis más profunda de la temporada, con el futuro de su entrenador en el aire. La jornada 26 de LaLiga Hypermotion dejará un recuerdo imborrable para los nazaríes y una herida profunda para los pucelanos, que deberán levantarse rápido si no quieren ver comprometida su permanencia en la categoría de plata del fútbol español. El fútbol, a veces, castiga con dureza la falta de acierto, y este domingo el Valladolid fue el ejemplo perfecto de cómo no afrontar un partido de tanta trascendencia.

Referencias