Irlanda sufre pero vence a Italia en el Seis Naciones (20-13)

Los irlandeses se estrenan en el torneo con una victoria agónica ante una Italia que estuvo a punto de conseguir el empate histórico

La selección irlandesa de rugby vivió una jornada de intensa emoción y sufrimiento en el Aviva Stadium al conseguir su primera victoria en esta edición del Seis Naciones frente a una combativa Italia. El marcador final de 20-13 refleja una realidad mucho más compleja de lo que los números sugieren, ya que el conjunto de la isla Esmeralda necesitó de 83 minutos de esfuerzo máximo para doblegar a los transalpinos, que rozaron la gesta de empatar un encuentro que hubiese supuesto un hito histórico para su rugby.

El contexto previo al choque ya presagiaba dificultades para los locales. Irlanda afrontaba este compromiso con una nómina notablemente mermada por las ausencias de peso pesado como Mack Hansen, Hugo Keenan, Andrew Porter y Bundee Aki, pilares fundamentales en el esquema de juego habitual del equipo. Esta situación forzó a Andy Farrell a reconfigurar su once inicial y a confiar en jugadores menos experimentados en la máxima competición europea. La derrota sufrida en la jornada inaugural contra Francia había generado cierta inquietud en el ambiente del rugby irlandés, y la presión por sumar puntos era palpable.

Desde el inicio del encuentro, Italia dejó claro que no viajó a Dublín para hacer turismo deportivo. Los Azzurri mostraron una actitud guerrera y una determinación que desconcertó a los locales. La sorpresa llegó en el aspecto de las melés, donde el conjunto italiano no solo se mantuvo firme, sino que literalmente robó dos melés en territorio irlandés, un hecho prácticamente inconcebible teniendo en cuenta la tradicional fortaleza de Irlanda en este facet del juego. Fue como si los visitantes hubiesen absorbido los superpoderes de sus rivales, generando un dominio territorial y psicológico que inquietó a la grada dublinesa.

El primer ensayo del partido llegó a los 15 minutos mediante una jugada elaborada y con engaño que culminó Jamie Osborne, dando una primera ventaja a Irlanda que resultó efímera en términos de tranquilidad. La respuesta italiana fue contundente y basada en el poderío físico. Tras una sanción, el hooker Giacomo Nicotera se fundió con el empuje de toda la delantera para cruzar la línea de ensayo y silenciar el estadio. El mensaje era claro: Italia había venido a competir de tú a tú.

La primera mitad concluyó con un preocupante 5-10 a favor de los visitantes, un resultado que reflejaba la superioridad italiana en los duelos físicos y la incapacidad irlandesa de imponer su ritmo. La sensación de incomodidad era evidente en el vestuario local, donde Andy Farrell debió realizar un discurso motivacional de urgencia para revertir la tendencia. La segunda parte comenzó con una reacción inmediata de los irlandeses, que salieron con otra actitud y encontraron el segundo ensayo mediante Jack Conan, quien aprovechó una situación de acoso constante sobre la línea italiana para anotar.

Un momento clave del encuentro se produjo cuando Italia llegó a ensayar y volver a ponerse por delante, pero un avant inoportuno anuló la jugada en el momento preciso. Este tipo de errores, fruto quizás de la inexperiencia en situaciones de máxima presión, está costando caro al rugby italiano, que muestra un nivel de juego creciente pero que aún necesita pulir detalles para dar el salto de calidad definitivo. La duda entre la falta de confianza o el vértigo en los momentos decisivos parece ser la barrera mental que debe superar el conjunto de Kieran Crowley.

La figura de Hollie Davidson merece un párrafo aparte. La árbitra escocesa se convirtió en la primera mujer en dirigir un partido del Seis Naciones masculino en las 132 ediciones de historia del torneo. Su actuación fue firme y segura, marcando con autoridad una situación que rompe barreras en el rugby mundial. La validez de sus decisiones, incluida la anulación del ensayo italiano, demostró que el nivel de preparación no entiende de géneros.

La sustitución de Sam Prendergast por Jack Crowley en el minuto 55 resultó ser un movimiento estratégico ganador para Farrell. El joven apertura no había respondido a las expectativas depositadas en él tras la derrota francesa, y su salida del campo liberó al equipo de una tensión evidente. Con Crowley al mando, Irlanda ganó en claridad y dirección, administrando mejor los momentos de presión y cerrando el partido con un marcador que finalmente reflejó una diferencia de un ensayo y una conversión.

El dominio italiano en las melés fue un tema recurrente durante todo el encuentro. Los especialistas técnicos no dejaban de sorprenderse ante la capacidad de la delantera transalpina para desestabilizar a una de las mejores unidades de scrum del mundo. Este aspecto del juego, tradicionalmente dominado por Irlanda, se convirtió en el talón de Aquiles local y en la principal arma visitante. Los dos balones robados en esta faceta no solo privaron de posesión a Irlanda, sino que inyectaron dosis de confianza a un equipo italiano que cada vez cree más en sus posibilidades.

El Ireland's Call sonó con una intensidad especial en el estadio, como si los jugadores y la afición necesitaran de esa unión simbólica para superar la adversidad. La ausencia de estrellas consagradas como James Lowe y Tadhg Furlong, aunque estos últimos volvieron a la convocatoria, dejó un vacío de liderazgo que se notó en los momentos de máxima tensión. El equipo necesitó de la veteranía de James Ryan y la chispa de los jugadores que regresaban para mantener la compostura ante la avalancha italiana.

El partido dejó en evidencia las diferencias entre un equipo consolidado como Irlanda, aunque en proceso de reconstrucción, y una Italia en plena ascensión pero con carencias de experiencia. Los irlandeses supieron sufrir y administrar su ventaja en los minutos finales, mientras que los italianos mostraron un juego valiente pero pagaron caro los errores de juventud. La capacidad de Irlanda para ganar sin jugar bien es una cualidad propia de los grandes equipos, pero también una señal de alerta para un conjunto que aspira a pelear por el título.

La victoria permite a Irlanda sumar sus primeros puntos en la clasificación y recuperar algo de confianza de cara a los siguientes compromisos. Sin embargo, la imagen ofrecida genera más dudas que certezas sobre el verdadero potencial de este equipo en el presente curso. La lesión de jugadores clave y la falta de rodaje de algunos jóvenes talentos son factores que condicionan el rendimiento, pero el nivel exhibido contra Italia estuvo lejos de los estándares que el rugby irlandés ha marcado en los últimos años.

Por su parte, Italia sale reforzada moralmente de Dublín. El crecimiento del equipo es evidente, y la capacidad para competir de igual a igual contra una potencia como Irlanda en su feudo demuestra que el trabajo de los últimos años está dando frutos. La victoria contra Escocia en la primera jornada no fue flor de un día, sino el reflejo de una tendencia ascendente que puede colocar a los Azzurri en una posición privilegiada para pelear por la permanencia y, por qué no, por objetivos más ambiciosos en un futuro próximo.

El torneo sigue su curso con esta victoria irlandesa que sabe a poco para los locales y a mucho para los visitantes. La próxima jornada será crucial para ambos equipos, que necesitarán corregir errores y potenciar virtudes en una competición donde cada punto puede ser decisivo. Irlanda debe recuperar su identidad de juego y la solidez en las melés, mientras que Italia necesita mantener la confianza y minimizar los errores que le impiden cerrar partidos que tiene a su alcance. El rugby europeo vive una nueva era donde las diferencias se acortan y la competitividad crece, beneficiando al espectáculo y al desarrollo del deporte en el continente.

Referencias