El Atlético de Madrid protagonizó una noche memorable en el estadio Metropolitano al propinar una contundente derrota por 4-0 al FC Barcelona en el encuentro de ida de las semifinales de la Copa del Rey. La victoria, la más amplia de los colchoneros sobre los azulgranas desde 1989, deja prácticamente sentenciada la eliminatoria y certifica el fracaso del plan de juego planteado por Hansi Flick, neutralizado completamente por la estrategia de Diego Pablo Simeone.
El técnico argentino diseñó un plan perfecto que explotó cada una de las debilidades del conjunto catalán. Desde el primer minuto, el Atlético presionó en campo rival, obligando al Barcelona a jugar en zona peligrosa. La presión constante fructificó temprano cuando una confusión entre Eric García y su portero Joan García derivó en el primer tanto en propia puerta, después de que el guardameta no pudiera controlar un balón aparentemente sencillo.
El segundo gol llegó en el minuto 15, fruto de una espléndida transición ofensiva. Ademola Lookman condujo el balón con velocidad, cedió a Julián Álvarez, quien cambió el juego hacia Nahuel Molina. El lateral argentino filtró un pase preciso que encontró a Antoine Griezmann solo ante el portero. El francés, con la frialdad que le caracteriza, definió ajustando el disparo al palo para establecer el 2-0.
El Barcelona intentó reaccionar, pero chocó contra una muralla defensiva rojiblanca impenetrable. La única ocasión clara de los visitantes en la primera mitad llegó mediante un remate de Eric García que impactó en el travesaño. Los culés pagaron caro este fallo, ya que el Atlético contraatacó de inmediato. Una combinación vertiginosa entre Giuliano Simeone, Julián Álvarez y Lookman terminó con el nigeriano batiendo a Joan García para poner el 3-0 antes del descanso.
El cuarto tanto, ya en el tiempo añadido de la primera parte, surgió de una jugada calcada a la anterior. Lookman recibió en el costado derecho, centró con precisión y Julián Álvarez, llegando desde atrás, culminó la jugada con un disparo cruzado que certificó la goleada antes del intermedio.
La segunda mitad presentó un guion diferente. El Atlético administró su ventaja con inteligencia, mientras el Barcelona, incapaz de generar peligro sistemático, veía cómo se escapaba la eliminatoria. La situación se agravó cuando el VAR anuló un gol de Cubarsí por fuera de juego milimétrico, decisión que desmoralizó aún más a los visitantes.
El partido se deslizó hacia su conclusión con un Barcelona anquilosado, sin ideas claras y dominado por la contundencia defensiva atlética. La expulsión de Eric García a falta de diez minutos por el final, tras cortar una contra peligrosa como último hombre, selló la noche negra para el conjunto culé. Con diez jugadores y cuatro goles en contra, los azulgranas optaron por contener el daño para evitar una humillación mayor, aunque la remontada en el Camp Nou se presenta como una quimera.
El plan táctico de Simeone brilló con luz propia. El Cholo diseñó un esquema que neutralizó la salida de balón del Barcelona, aprovechó los espacios dejados por la defensa adelantada y capitalizó cada error rival. La presión coordinada, las transiciones rápidas y la efectividad en las áreas contrastaron con la inoperancia de un Barcelona que, pese a su racha previa de seis victorias, no había enfrentado a un rival de esta entidad.
Por su parte, Hansi Flick vio cómo su estrategia se desmoronaba ante la intensidad y organización colchonera. La ausencia de efectividad defensiva, sumada a la falta de creatividad en ataque, dejó al descubierto las limitaciones de un equipo que había cosechado triunfos ante adversarios de menor entidad pero que sucumbió ante la exigencia de una semifinal de Copa.
El resultado pone al Atlético de Madrid a un paso de la final, con una ventaja prácticamente insalvable. La vuelta en el Camp Nou el próximo martes adquiere tintes de mero trámite, salvo una remontada épica que parece fuera del alcance de un Barcelona herido y desconcertado. Para Simeone y su equipo, la misión está cumplida: una victoria contundente que les acerca al título y que demuestra que, en los partidos importantes, el Atlético sigue siendo un rival temible.
La noche del Metropolitano quedará en la memoria de la afición rojiblanca como una de las grandes exhibiciones de su equipo en la era Simeone. La combinación de solidez defensiva, eficacia ofensiva y astucia táctica dejó sin respuesta a un Barcelona que deberá reflexionar profundamente sobre sus errores si quiere mantener vivo su sueño de levantar la Copa del Rey esta temporada.