La reciente jornada de la Serie A italiana nos deparó uno de esos encuentros que, a priori, podrían pasar desapercibidos pero que terminan por regalarnos un auténtico drama futbolístico. El duelo entre el Atalanta de Bergamo y la U.S. Cremonese trascendió lo puramente deportivo para convertirse en una lección sobre cómo el fútbol moderno, con todas sus tecnologías y protocolos, sigue siendo un espectáculo capaz de generar pasiones, polémicas y emociones a flor de piel. Lo que comenzó como un partido con favorito claro terminó en un thriller de 90 minutos donde el VAR, una tarjeta amarilla polémica y un gol de última hora mantuvieron a todos en vilo.
Desde los primeros compases, el Atalanta hizo valer su condición de local y su superioridad en la clasificación. El equipo de Gian Piero Gasperini desplegó su característico juego ofensivo, basado en la presión alta, los desplazamientos rápidos del balón y la búsqueda constante de espacios entre líneas. Los bergamascos movieron el esférico con precisión quirúrgica, creando peligro especialmente por las bandas donde los extremos buscaban desbordar a la defensa visitante. Sin embargo, la Cremonese, pese a ocupar posiciones más modestas en la tabla, demostró que no había viajado hasta el Gewiss Stadium como simple espectadora.
La defensa de los visitantes, comandada por la experiencia de Federico Baschirotto y la versatilidad de Giuseppe Pezzella, se mostró bien estructurada y organizada. Cada intento de penetración del Atalanta encontraba una muralla de cuerpos dispuestos a sacrificarse por el bloque. Los hombres de Marco Baroni plantearon un sistema defensivo compacto que obligaba a los locales a buscar alternativas creativas, algo que no siempre resultó efectivo.
El momento que marcó el devenir del encuentro llegó cuando Berat Djimsiti, central del Atalanta, celebró con vehemencia lo que parecía el segundo gol de su equipo. La afición local estalló de júbilo, los compañeros abrazaron al defensor y el marcador virtualmente se ponía 2-0. Pero la euforia duró escasos segundos. El árbitro principal, tras recibir la indicación desde la sala del VAR, se acercó al monitor de revisión para analizar la jugada. Lo que siguió fue una escena que se ha repetido en innumerables estadios: el silencio tenso, las miradas expectantes y la decisión final que desató la polémica.
El gol fue anulado. Las imágenes mostraron un fuera de juego milimétrico o una posible falta previa que solo la tecnología de última generación pudo detectar. Los jugadores del Atalanta protestaron con vehemencia, mientras los de la Cremonese respiraron aliviados. Esta decisión no solo mantenía el marcador en 1-0, sino que también inyectó una dosis de motivación extra a los visitantes, quienes vieron cómo el destino les brindaba una segunda oportunidad.
La primera mitad transcurrió con un dominio territorial del Atalanta pero sin la efectividad necesaria para sentenciar. Mario Pasalic, uno de los hombres más activos en la medular, tuvo la ocasión más clara con un cabezazo que se perdió por muy poco del palo izquierdo. El croata, asistido por un centro preciso de Lorenzo Bernasconi desde un saque de esquina, conectó perfectamente el balón pero la dirección no fue la deseada. Por su parte, Nikola Krstovic también estuvo cerca de anotar con un remate desde el centro del área que se marchó rozando el palo derecho, tras una excelente contraofensiva liderada por Giorgio Scalvini.
La Cremonese, por su parte, intentó sorprender con balones en profundidad buscando a Alessio Zerbin, quien había ingresado al campo minutos antes sustituyendo a Tommaso Barbieri. Sin embargo, el delantero se encontró en dos ocasiones en posición de fuera de juego, frustrando las escasas pero peligrosas llegadas de los visitantes. La precisión en el último pase fue el talón de Aquiles del equipo de Baroni durante buena parte del encuentro.
La segunda mitad trajo consigo cambios tácticos interesantes. Gasperini decidió refrescar su mediocampo con la entrada de Yunus Musah por Giacomo Raspadori, buscando mayor dinamismo y profundidad. El joven estadounidense aportó velocidad y despliegue físico, aunque también cometió una falta que derivó en un corner para la Cremonese.
Fue precisamente en una jugada a balón parado donde la Cremonese encontró su premio. Morten Thorsby, centrocampista noruego conocido por su llegada al área, se convirtió en el héroe momentáneo de su equipo. Un centro medido de Sebastiano Luperto desde la izquierda encontró a Thorsby completamente solo en el corazón del área. El remate con la izquierda fue potente y colocado, imposible para el portero del Atalanta. El 2-1 revitalizó por completo a los visitantes y puso el partido patas arriba.
La reacción del Atalanta fue inmediata y contundente. Kamaldeen Sulemana se convirtió en el principal protagonista de los ataques locales, generando peligro constante por la banda derecha. En una jugada individual, el ghanés recortó a su marcador y disparó con la izquierda, obligando a una gran intervención del guardameta rival. Los corners se sucedían uno tras otro, con Éderson y Mario Pasalic probando suerte desde la frontal del área pero encontrando siempre con la resistencia de una defensa visitante que se sacrifió en cada balón.
La polémica volvió a aparecer cuando Odilon Kossounou, defensa del Atalanta, vio la tarjeta amarilla por una entrada sobre Martín Payero. La decisión del árbitro generó nuevas protestas en el banquillo local, ya que el jugador parecía haber llegado primero al balón. El partido se caldeó y las faltas se sucedieron en ambos lados, interrumpiendo el ritmo y generando una tensión creciente.
Los últimos quince minutos fueron un asedio constante del Atalanta. Gasperini movió sus piezas buscando mayor profundidad, mientras que Baroni replegó a su equipo en busca de un resultado que, aunque no fuera el empate, le permitiera competir con honor. Milan Djuric tuvo una ocasión de cabeza que obligó a una gran intervención del portero, mientras que Youssef Maleh probó suerte desde fuera del área con un disparo que se marchó alto y desviado.
El árbitro anunció cuatro minutos de descuento, un tiempo que se hizo eterno para ambos conjuntos. El Atalanta buscó el gol de la tranquilidad con todos sus hombres en ataque, mientras la Cremonese esperaba su oportunidad para sorprender al contraataque. Los corners se sucedían, los rechazos eran desesperados y la tensión era palpable en cada balón dividido. Giuseppe Pezzella y Filippo Terracciano se convirtieron en los héroes defensivos de su equipo, despejando balones sobre la línea y bloqueando disparos.
Finalmente, el pitido final dejó un 2-1 a favor del Atalanta que sabe a victoria sufrida. Los tres puntos son vitales para las aspiraciones europeas del equipo de Gasperini, consolidando su posición en la parte alta de la tabla. Por su parte, la Cremonese se lleva la sensación de haber competido de tú a tú con uno de los grandes de la Serie A, demostrando que el corazón y la organización pueden compensar en parte la diferencia de calidad individual.
El VAR, una vez más, fue el gran protagonista de la noche. La tecnología que busca la justicia absoluta terminó generando más debate, recordando que en el fútbol moderno, la perfección técnica no siempre aplaca las pasiones humanas. El rendimiento de jugadores como Morten Thorsby, autor del gol visitante, y Berat Djimsiti, frustrado por la anulación de su tanto, dará que hablar en los próximos días. El primero por su entrega y efectividad, el segundo por la sensación de haber sido privado de un gol legítimo por un margen imperceptible.
En definitiva, el fútbol volvió a demostrar que es un juego de emociones, donde la táctica, la técnica y la tecnología conviven en un equilibrio frágil. El Atalanta suma tres puntos valiosos, pero la Cremonese gana en prestigio y confianza para afrontar los desafíos venideros.