La nieve de Milán-Cortina 2026 tendrá un sabor muy español este domingo a las 19:30 horas, cuando Nora Cornell se convierta en la primera representante de la delegación ibérica en saltar a la competición. Con apenas dos décadas de vida, esta joven de Girona afronta su debut olímpico con una mentalidad que trasciende la simple competición: para ella, cada bajada es una expresión de libertad sobre la tabla.
La historia de Cornell no sigue el camino tradicional de los deportistas de élite. Su relación con los deportes de tabla comenzó lejos de las pistas nevadas, en las olas de Hawái. Cuando su padre se enamoró de las islas durante unas vacaciones, tomó la decisión radical de trasladar a toda la familia durante los meses de cierre de la heladería que regentaba en Pals. Fue allí donde Nora, entonces una niña, intercambió la nieve por el mar.
El surf y el skateboard se convirtieron en sus primeras pasiones. Llegó a competir en ambas disciplinas con resultados prometedores, pero algo no cuadraba del todo. "Tenía proyección, pero dejé de disfrutar de la competición", reconoce la deportista. Fue entonces cuando decidió probar suerte de nuevo con el snowboard, deporte que ya había iniciado en La Molina. El clic fue instantáneo: no solo le apasionaba, sino que además encontró en la competición una motivación que le faltaba en otros ámbitos.
El regreso a Girona marcó un antes y un después. Con once años, Nora se integró en un club de snowboard y su talento emergió con fuerza en el campeonato de Cataluña. Esa proeza le abrió las puertas de un programa de seguimiento de freestyle que catapultaría su carrera. Los títulos nacionales no tardaron en llegar, seguidos de su incursión en la Copa de Europa y un debut en la Copa del Mundo en 2024 que consolidó su proyección internacional.
Su mejor registro llegaría un año después: un meritorio decimocuarto puesto en slopestyle en Calgary, su modalidad favorita, y un decimoctavo en big air en Aspen. Esos resultados le valieron el billete para los Juegos de Milán-Cortina, donde competirá en ambas disciplinas, aunque el big air será su primera prueba este domingo.
La presión olímpica es un factor que Cornell maneja con madurez. "¿Nervios? Unos pocos", admite con sinceridad. "Todo el mundo me da el consejo de que lo afronte como una competición más, que no me ponga una presión extra por ser unos Juegos". Esta perspectiva equilibrada refleja la mentalidad de una deportista que entiende que la clave está en la constancia, no en la improvisación.
Su estrategia para la prueba de big air es clara y metódica. "Vamos a hacer lo que hemos entrenado toda la temporada. No vamos a inventar, pero sí a darlo todo. Voy con todo o nada", afirma con determinación. El formato de tres bajadas, donde se descarta la peor, le permite planificar con precisión: "Según lo que pase en las dos primeras, veremos el truco final de la tercera".
Más allá de la nieve, Nora Cornell construye su futuro académico con la misma dedicación. Actualmente cursa el doble grado de Derecho y Administración de Empresas en una universidad online, una decisión que le permite compatibilizar su carrera deportiva con los estudios. En estos momentos debería estar inmersa en exámenes, pero los Juegos han puesto en pausa su rutina académica.
Su conexión con la música es tan intensa como con la tabla. Aunque confiesa su debilidad por el reggaeton, su playlist es un viaje ecléctico que va "desde Melendi a Bad Bunny pasando por C. Tangana". Esta diversidad musical acompaña cada entrenamiento, cada salto y cada preparación mental antes de enfrentarse a la rampa.
La experiencia olímpica ya ha dejado su primera huella emocional. Aunque le hubiera encantado participar en la ceremonia de Milán, la de Livigno le regaló un momento especial al compartirlo con Queralt Castellet, otra de las grandes referentes del snowboard español. "No la conocía tanto y conectamos muy bien", revela Cornell, destacando la camaradería que existe en el equipo nacional.
Con 20 años, Nora Cornell es la más joven de la expedición española, aunque solo le lleva un mes de ventaja al esquiador de fondo Marc Colell. Esta juventud, sin embargo, no se traduce en inexperiencia, sino en una frescura y autenticidad que la definen. Su historia personal, marcada por cambios de continente y disciplinas deportivas, le ha forjado una mentalidad abierta y adaptable.
El domingo, cuando se lance desde la rampa de big air, no solo representará a España, sino que también llevará consigo el espíritu de aquella niña que surfeaba en Hawái, la adolescente que encontró su camino en La Molina y la universitaria que sueña con grandes saltos y aterrizajes perfectos. Milán-Cortina 2026 es solo el comienzo de una trayectoria que promete dejar huella en el snowboard internacional.
Para Cornell, cada competición es una oportunidad para crecer, cada salto una lección y cada aterrizaje una victoria personal. En un deporte donde la técnica y el coraje se funden en segundos de vuelo, esta joven española ha encontrado su lugar en el mundo. Y el mundo del snowboard, a su vez, ha encontrado en ella una promesa que brilla con luz propia.