María Hervás (Madrid, 1987) se ha consolidado como una de las voces más provocadoras y comprometidas del panorama artístico español. Con tres proyectos simultáneos en cartelera, la actriz demuestra que su talento no conoce de fronteras entre el género, el formato o el medio. Su presencia en Machos Alfa, la esperada tercera temporada de El inmortal y el estreno cinematográfico de El fantasma de mi mujer la sitúan en un momento de máxima visibilidad profesional.
Sin embargo, lo que realmente distingue a Hervás no es su versatilidad interpretativa, sino su firme convicción en el poder transformador del arte. En una industria donde muchos prefieren mantener perfil bajo, ella ha construido su carrera sobre cimientos de honestidad, rigor intelectual y compromiso social. Estos valores, lejos de ser simples declaraciones de intenciones, se materializan en cada una de sus elecciones profesionales.
Los orígenes de esta actriz revelan una infancia marcada por la contradicción entre la humildad económica y la riqueza cultural. Hija de un funcionario de Correos y una camionera, Hervás creció en un hogar donde el acceso al conocimiento se consideraba el verdadero lujo. 'Vengo de una familia muy humilde, muy trabajadora, en la que se ha potenciado mucho la cultura', reconoce. Este legado familiar la llevó a desarrollar una curiosidad insaciable que la define hasta hoy. 'En todas las fotos que tengo de niña siempre estoy mirando con mucha atención y curiosidad. Realmente disfruto con el conocimiento, continuamente estoy leyendo ensayos o estudiando algo'.
Esa pasión por el aprendizaje la condujo a la Facultad de Filosofía, una elección poco común entre actores que revela su vocación por la reflexión crítica. Aunque actualmente no se encuentra matriculada, mantiene viva su relación con la disciplina: 'Llevo dos años sin matricularme, pero la sigo estudiando por mi cuenta. Pretendo terminarla, pero de momento no'. Durante el rodaje de Machos Alfa, reconoció que su carácter exigente le impedía conciliar ambas responsabilidades con el nivel de excelencia que exige a sí misma.
Su trayectoria en televisión comenzó en 2007 con Los Serrano, pero fue con series como El pueblo, Aquí Paz y después Gloria, Gym Tony, Seis hermanas y La que se avecina donde consolidó su presencia en el medio. Sin embargo, Hervás siempre ha mantenido una relación compleja con la fama televisiva, considerándola un vehículo pero nunca el destino final de su vocación artística.
El verdadero corazón de su obra late en el teatro de autoría y compromiso. Su proyecto más ambicioso, Iphigenia en Vallecas, representa un hito en su carrera. No solo protagonizó la obra, sino que asumió la traducción, adaptación y producción del texto, demostrando un control total sobre su visión creativa. Este trabajo le valió el Premio de la Unión de Actores a la mejor actriz protagonista de teatro y el Premio MAX a la mejor actriz, consolidando su reputación como una intérprete de primer nivel.
Aún más significativo fue Jauría, pieza teatral basada en el caso de La Manada de Pamplona. Con esta obra, Hervás no solo interpretó, sino que puso el cuerpo y la voz a una denuncia social urgente. La producción se convirtió en un acto de resistencia artística contra la violencia machista, generando conversación nacional sobre el papel del teatro como espacio de activismo cultural. Este compromiso le mereció el Premio Princesa de Girona de Artes y Letras 2022, galardón que reconoció 'su excelencia y versatilidad como actriz, dramaturga y productora', además de 'el compromiso y calado social de sus propuestas'.
La visión de Hervás sobre el arte trasciende la mera representación. Para ella, el teatro es herramienta de reflexión y cambio, un concepto que materializa en cada proyecto. No teme abordar temas incómodos como el poliamor, la maternidad, el papel de las mujeres en la sociedad o el impacto de las redes sociales. Su discurso, lejos de ser performativo, surge de una reflexión profunda sobre la realidad contemporánea.
En una época donde muchos artistas prefieren la cautela para no alienar audiencias, Hervás adopta una postura radicalmente honesta. Habla sin filtros sobre la dificultad de 'mantener en su sitio la cabeza' en una industria obsesionada con la imagen. Su famosa frase 'Es más difícil mantener en su sitio la cabeza que la silueta' resume su filosofía: la integridad mental y moral es más valiosa que cualquier estándar físico.
Este pensamiento crítico se extiende a su relación con las redes sociales, donde mantiene un perfil intencional y mesurado. Consciente de su poder como plataforma de visibilidad, también reconoce sus peligros como espacio de superficialidad y presión social. Su actitud refleja una madurez profesional poco común en figuras públicas de su generación.
Los tres estrenos que coinciden en este momento definen las múltiples facetas de su talento. En Machos Alfa explora la masculinidad contemporánea con su característico humor ácido. La tercera temporada de El inmortal la sitúa en un thriller de acción que contrasta con su trabajo más intimista. Mientras tanto, El fantasma de mi mujer le permite incursionar en el cine con una propuesta que, sin duda, llevará su sello personal.
Lo que une estos proyectos tan dispares es la coherencia de su mirada. Ya sea en comedia, drama o acción, Hervás imprime a sus personajes una complejidad humana que evita estereotipos. Su proceso creativo, influenciado por su formación filosófica, busca siempre la verdad emocional y social detrás de cada historia.
El reconocimiento de la industria, incluyendo el Premio Princesa de Girona, no ha alterado su esencia. Continúa siendo la misma mujer que compró los derechos de una obra clásica para llevarla a Vallecas, que se enfrentó al dolor de la violencia de género en un escenario, que estudia filosofía entre rodajes. Su autenticidad es su marca registrada.
En un panorama cultural donde muchas voces se diluyen, María Hervás representa un modelo de artista comprometida. Demuestra que es posible combinar éxito comercial con rigor artístico y responsabilidad social. Su carrera sirve de ejemplo para una nueva generación de creadores que buscan más que visibilidad: buscan significado.
El futuro de esta actriz promete continuar desafiando expectativas. Con cada proyecto, ya sea en pantalla grande o en un pequeño teatro, Hervás reafirma su creencia de que el arte debe molestar, cuestionar y transformar. Su legado no se medirá solo en premios o taquillas, sino en la capacidad de haber abierto espacios de diálogo donde antes solo existía silencio.
María Hervás ha demostrado que mantener la cabeza en su sitio, lejos de ser una tarea fácil, es el único camino posible para quienes entienden el arte como lo que realmente es: una forma de existencia comprometida con la verdad y la justicia.