Seahawks vs Patriots: la revancha 11 años después de la jugada que cambió la historia

La Super Bowl LX revive el fantasma de la intercepción de Malcolm Butler que truncó una dinastía y coronó otra

Once años después de uno de los momentos más controvertidos en la historia del fútbol americano, los Seattle Seahawks y los New England Patriots volverán a cruzarse en la Super Bowl LX. El encuentro, que se disputará este domingo en San Francisco, revive el fantasma de una decisión que cambió el destino de ambas franquicias para siempre.

La historia se remonta al 1 de febrero de 2015, cuando el entrenador Pete Carroll se convirtió en el protagonista involuntario de una de las jugadas más debatidas de la NFL. Con menos de una yarda para anotar el touchdown de la victoria en la Super Bowl XLIX y apenas 26 segundos en el reloj, Carroll tomó una decisión que desafió toda lógica deportiva. En lugar de confiar en su estrella, el poderoso corredor Marshawn Lynch, para cruzar la línea de gol, optó por una jugada de pase que terminó en tragedia para Seattle.

El resultado fue la primera intercepción de la carrera de Malcolm Butler, un novato que ni siquiera había sido seleccionado en el Draft y que se convirtió de la noche a la mañana en héroe de Nueva Inglaterra. Aquel pase de Russell Wilson, destinado a Ricardo Lockette, nunca llegó a su destino. Butler leyó la jugada a la perfección, se adelantó al receptor y atrapó el balón en la línea de gol, sellando la victoria para los Patriots.

La decisión de Carroll, que él mismo calificó como "un puñetazo" horas después del partido, tuvo consecuencias duraderas. Para los Seahawks, aquella intercepción marcó el fin de una era dorada. La Legion of Boom, la temible defensa que había dominado la liga durante cuatro años consecutivos, nunca se recuperó del trauma. Aunque el núcleo de jugadores como Richard Sherman, Bobby Wagner y Kam Chancellor permaneció unido, la magia se había desvanecido. Seattle nunca más volvió a disputar un título de la NFL, y la dinastía que prometía ser histórica se desmoronó lentamente.

Por el contrario, para los Patriots, aquella jugada representó el renacimiento de un imperio. Tom Brady y Bill Belichick, quienes habían conquistado tres anillos entre 2001 y 2004, llevaban una década sin probar la gloria del Super Bowl. La intercepción de Butler puso fin a esa sequía y desató una nueva racha de éxitos. Desde entonces, Brady sumó dos títulos más con Nueva Inglaterra antes de conquistar otro con los Tampa Bay Buccaneers, consolidándose como el quarterback con más campeonatos en la historia de la liga, con siete en total.

El contexto de aquel partido hizo la derrota aún más dolorosa para Seattle. Los Seahawks venían de humillar a Peyton Manning y los Denver Broncos 43-8 en la Super Bowl anterior, una demostración de dominio absoluto. Su defensa, liderada por Wagner en la línea de linebackers y Sherman en la secundaria, había convertido a los Patriots en su próxima víctima potencial. Incluso después de una serie de eventos desafortunados, como la espectacular recepción de Jermaine Kearse que mantuvo con vida a Seattle, el equipo tenía tres oportunidades desde la yarda uno para anotar.

La justificación de Carroll para elegir el pase en segunda oportunidad tenía una lógica estratégica: un pase incompleto detendría el reloj y permitiría reorganizar el ataque. Sin embargo, ignoró el factor humano: tenía a Marshawn Lynch, uno de los corredores más dominantes de la era, listo para empatar la marca de dos títulos consecutivos. La confianza excesiva en el diseño de la jugada y el desprecio por la intuición básica del fútbol americano condujeron al desastre.

Ahora, once años después, ambas franquicias se encuentran en circunstancias muy diferentes. Los Patriots han pasado por una transición post-Brady, buscando redefinir su identidad sin su legendario quarterback. Los Seahawks, por su parte, han reconstruido su plantilla varias veces, intentando sin éxito volver a los mismos niveles de excelencia que los llevaron a dos Super Bowls consecutivos.

La Super Bowl LX no solo es un enfrentamiento por el campeonato de la NFL; es una oportunidad de redención para una franquicia y un recordatorio constante para la otra. Para Seattle, sería la oportunidad de cerrar la herida que ha sangrado durante más de una década. Para Nueva Inglaterra, es una chance de demostrar que su legado trasciende a cualquier jugador individual, incluso al mismísimo Tom Brady.

El legado de aquella jugada continúa resonando en cada decisión que toman los entrenadores en situaciones críticas. Se convirtió en un caso de estudio sobre el manejo del reloj, la psicología deportiva y las consecuencias de desviarse del guión establecido. Cada vez que un equipo se acerca a la zona de anotación en los momentos finales, los analistas y fanáticos recuerdan el error de Carroll y la audacia de Butler.

Este domingo, cuando ambos equipos salgan al campo en San Francisco, el fantasma de la intercepción de 2015 estará presente. No solo en las mentes de los veteranos que vivieron aquel momento, sino en la narrativa misma del partido. La NFL tiene una forma poética de cerrar ciclos, y esta Super Bowl representa exactamente eso: la oportunidad de reescribir un capítulo que para muchos nunca debió terminar de esa manera.

La pregunta que todos se hacen es si la historia se repetirá o si, finalmente, Seattle podrá vengar aquella derrota dolorosa. Lo que está claro es que, independientemente del resultado, la conexión entre estas dos franquicias ya está grabada en los anales del deporte como una de las rivalidades más fascinantes de la era moderna. Una rivalidad que no se basa en la geografía o la tradición, sino en una sola jugada que definió dos destinos.

Referencias