Jordi Ramón (Sóller, 1999) está a punto de escribir su nombre con letras de oro en la historia del voleibol español. A tan solo dos partidos de conquistar la Coppa Italia, el jugador balear tiene la oportunidad de lograr un hito que solo dos compatriotas han alcanzado antes: Rafa Pascual, quien lo hizo en dos ocasiones (1996 y 1999), y Juanjo Salvador, que levantó el trofeo en 2001. Exactamente un cuarto de siglo después, un nuevo representante de la escuela nacional podría coronarse en la competición del país transalpino, donde este deporte alcanza dimensiones casi religiosas y su liga es considerada la NBA del vóley a nivel mundial.
La trayectoria de Ramón hasta la élite no ha sido un camino de rosas. Desde sus inicios en el CV Palma como una simple afición que fue creciendo hasta convertirse en profesión, el deportista ha demostrado una constancia y trabajo ético excepcionales. Su salto al Itas Trentino Volley, club con cuatro títulos de Champions League en su palmarés, representa el cumplimiento de un sueño y, al mismo tiempo, un reto de envergadura. En declaraciones exclusivas, Ramón comparte su experiencia en uno de los equipos más poderosos de Europa.
"De momento muy bien. El equipo está en lucha por todo. Tenemos la Coppa Italia, estamos en el Top3 en la liga italiana, somos segundos en el grupo de la Champions para continuar e ir a octavos, que es lo más importante. Entonces, contento, participando mucho, ayudando al equipo... nada más que por el momento pueda ir bien", explica el español sobre su adaptación a la exigente competición transalpina.
El cambio de chip desde su etapa anterior en Cisterna ha sido radical. Pasar de pelear por evitar el descenso a disputar todos los títulos posibles conlleva una transformación mental profunda. "Cambia tanto... sobre todo en la presión. La presión que tú tienes cuando juegas abajo es menos; sí que tienes mucha presión cuando juegas contra tus rivales directos, pero cuando vas a la pista de un grande dices: 'Bueno, si saco un punto es bueno, si consigo rascar un set es bueno'. Aquí es al contrario", revela Ramón.
La dinámica en un club grande como Trentino invierte las tornas: "Sabes que contra los equipos de abajo tienes que ganar los partidos y sumar tres puntos, y con los equipos de arriba es intentar rascar siempre, intentar sumar, que eso al final cuenta. Y en casa intentar ganar todo; nuestro objetivo aquí en casa es ganar todos los partidos o sumar el máximo de puntos posible, porque al final es lo que te lleva a estar arriba".
Compartir vestuario con estrellas de la talla de Alessandro Michieletto, considerado por muchos el mejor jugador del planeta, supuso inicialmente un desafío emocional para el joven español. "Al principio era un poco diferente a cómo me siento ahora. Ahora al final me siento mucho más involucrado en el equipo, mucho más cercano con ellos. Al final llegas y es verdad que tienes que tener un poco de respeto porque, por ejemplo, para mí Michieletto es el mejor del mundo. Entonces al final te hace tenerle un poco de respeto, también a los otros compañeros. Y ahora ya la cosa ha cambiado; ahora al final me siento mucho más cómodo con ellos", confiesa con sinceridad.
Esa evolución en su integración al grupo ha sido clave para su rendimiento. El respeto inicial ha dado paso a una complicidad que le permite desenvolverse con naturalidad en una plantilla de máximo nivel. La competencia interna, lejos de intimidarle, le ha fortalecido como deportista y como persona.
El contexto del voleibol español hace aún más valiosa su gesta. En un momento en que el deporte de la red atraviesa por circunstancias complicadas en el panorama nacional, la presencia de Ramón en la élite italiana funciona como faro de esperanza. Su éxito individual podría sentar las bases para un resurgir de la selección española, con la mirada puesta en regresar a las grandes citas internacionales.
El jugador, declarado aficionado del Real Madrid, entiende perfectamente lo que significa representar a su país en una liga de elite. Cada punto anotado, cada defensa ejecutada, cada victoria conseguida en la tierra del vóley sirve para abrir puertas a las futuras generaciones y para demostrar que el talento ibérico puede competir con los mejores.
La Coppa Italia que se disputa desde este sábado 7 representa mucho más que un simple título para Ramón. Es la oportunidad de cerrar un círculo que se abrió hace 25 años con Juanjo Salvador. Es la posibilidad de demostrar que su trabajo, su perseverancia y su talento han alcanzado la cima del voleibol continental. Y, sobre todo, es el momento de consolidarse como el pilar sobre el que construir el futuro del voleibol español.
El reto es mayúsculo, pero el espíritu competitivo del balear está a la altura. "Soy un ganador, en Trentino se juega para ganar y eso es lo que quiero", resume con contundencia. En un club donde la victoria es la única opción, Jordi Ramón ha encontrado el escenario perfecto para desarrollar todo su potencial y, de paso, hacer historia para el voleibol de su país.